Celos

Al saber la verdad de tu perjurio,
loco de celos, penetré en tu cuarto.

Dormías inocente como un ángel,
con los rubios cabellos destrenzados,
enlazadas las manos sobre el pecho
y entreabiertos los labios.

Me aproximé a tu lecho, y de repente
oprimí tu garganta entre mis manos.
Despertaste. Miráronme tus ojos.
Y quedé deslumbrado,
igual que un ciego que de pronto viese
brillar del sol los luminosos rayos!

Y en vez de estrangularte, con mis besos
volví a cerrar el oro de tus párpados.

Francisco Villaespesa

01/11/2006 12:27




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