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Poner título

Poner título

Expuesto a todas las miradas, el título es lo primero que se conoce de él. No es un resumen, es un indicativo -dice Jouhandeau-, debe dar el tono y surgir de la obra como un grato olorcillo o como un perfume. Su papel es más atraer al lector como un cartel luminoso que informarlo. Es raro que se encuentre en una primera intención. En muchas ocasiones, el editor sugiere el cambio. Así, Apollinaire tituló Agua de vida el libro que después fue Alcoholes; Baudelaire Las lesbianas a Las flores del mal; el que para Lewis Carroll fuera Las aventuras subterráneas de Alicia se convirtió en Alicia en el País de las Maravillas; Julián, de Stendhal, fue después El rojo y el negro; Las palomas apesadumbradas, de Proust, fue A la sombra de las muchachas en flor y El vientre, de Zola (título que él juzgaba más abierto y contundente), El vientre de París.

 

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