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Hacíamos el amor en una sillaHacíamos el amor en una silla. El tenía el pelo largo que me gustaba echar hacia atrás el pelo largo que me gustaba oler que me gustaba enredar. Mientras me apretaba firme, sin movernos casi en la silla -es difícil explicarlo- fue algo más que sexo era una silla y dos personas estando sintiéndose el uno entrando algo que se dejaba entrar en la una y una simple silla de madera despintada aguantando todo el peso de dos vidas de dos culpas, de dos grietas. Un hombre que no poseía nada pero que tampoco servía a nadie. Una criatura miserable y libre. Fue difícil desenredar su pelo de mi vida su pelo largo, salvaje el velo que le cubría la mitad de la cara y me gustaba echarlo hacia atrás para contar las astillas que le rozaban la frente. Un hombre de pelo largo, salvaje una parte de mi pasado muerto. A veces, mientras hago el amor legal, actuando en el teatro íntimo de mi cuarto miro la silla y pienso en la delicia que se sienta en ella y siento que es en esta cama donde soy infiel. Mairym Cruz-Bernal 29/10/2004 18:06 |
"Si quieres ser escritor, escribe". Epicteto
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