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La palabraAquel niño vivía serenamente en su rincón de sombra provinciana, A la orilla del mar, había aceptado la realidad y, bajo las estrellas, la noche era solemne, dura y sola. No recordaba ya sino navíos, sino cansancio y faros a lo lejos. Tendido, el mar se confundía con el hombre: bastaba un soplo, cerrar los ojos un instante, y perezosamente todo el paisaje se desmoronaba, daba lugar a sombras sucediéndose, o mejor, era la muerte lo que sucedía. ¿Cómo salvarse entonces, vigilante entre el terror y la serenidad? ¿Qué respuesta entregar a la noche, a lo desvanecido, sino el relato privado de un proceso, efímero como la misma infancia insolidaria? A solas, juez y parte de la historia extinguida, buscó en sí mismo la noticia exacta de lo desconocido. Y nació la palabra. Sólo entonces, con negación y sin remordimientos, halló una certidumbre verdadera. Carlos Sahagún 03/03/2005 11:17 |
"Si quieres ser escritor, escribe". Epicteto
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