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EnloquecidamenteDespués de la ducha obligada, desayunó. Le costaba retomar la rutina comenzada hacía una semana. Bajó lentamente la gran escalinata. El frío hacía dudar sus pasos -sería sólo una hora de distracción- Después de atravesar el parque caminó hasta la reja, llegó a la calle, el tránsito voraz, la gente apurada, la indiferencia, las miradas perdidas...
Y corrió. Corrió enloquecidamente. Corrió. Cruzó la calle, atravesó el parque, subió las escalinatas. A la enfermera le mostró sus manos cubiertas de sangre, a gritos juraba no haber robado. El médico determinó "prohibida las salidas". "Enfermera de cuidado". Marita Margan 01/11/2006 12:25 |
"Si quieres ser escritor, escribe". Epicteto
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