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CrepúsculosLos crepúsculos hacia la tarde; ya ha quedado roja la muerte del sol. Mientras quedan abajo las rosas, que preparan diáfanas los rocíos. Y en los otoños las hojas caen en áureas manchas, a las que luego llega, y blanca, la calma lunar. Calma alta, soberbia entre albinos cielos. Tiene, pues, razón en su amor el azul aroma del invierno, cuando toca y besa las aguas bajo la luna, cuando acaricia los arroyos, en su blanca, blanda espuma. Noche: el cielo sueña altas a las estrellas; rocíos de plata, sangres y jugos del marfil. Y tocan, en el alba, los florestas a la verde desnudez de los cuerpos. Allí han de amarse las soledades humanas; allí han de soñar, también, los bosques, y surgir vientos, y heladas y nocturnas brisas. Sentir el tacto de la sombra. Y se siente, además, el olor acezante del mar, allá lejano; y están cantando sus marejadas que ruegan la sal: orillas buscando, plateadas, a las espumas. En los inviernos, férreas y crujientes marejadas, cruentos y valientes oleajes de los fríos. Hay vientos, cenizas de nubes, calmos y verdes se levantan los árboles. Y es así el crepúsculo de estas imágenes, con sus venas que mueren, que mueren cargadas de rojas nubes en paz. Daniel Alejandro Gómez 01/08/2006 08:16 |
"Si quieres ser escritor, escribe". Epicteto
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