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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Anecdotario. 01/05/2006Opciones de títulosUno de los títulos más atractivos de la historia de la novela popular es Lo que el viento se llevó. Pero la autora, Margaret Mitchell, trabajó durante diez años en esta novela pensando en el título Pansy, que era el insulso nombre con que se iba a llamar originalmente la heroína que hoy conocemos como Scarlett O’Hara. A menos de seis meses de la edición, la autora le cambió el título a su obra por el de Mañana es otro día. Pero lo descartó cuando se enteró que había otros dieciséis libros que comenzaban con la palabra “mañana”. Finalmente recurrió a un párrafo de su propio libro, que incluía la frase que pasaría a la historia, basada a su vez en un poema romántico (género que fascinaba a Mitchell) de Ernest Dowson. Dicen las malas lenguas que, además, la autora había considerado títulos tales como Jettison, Hitos e inluso ¡Ba! ¡Ba! Oveja negra. Con relación a los títulos, Milan Kundera dijo una vez que "cualquiera de mis novelas podría llamarse La insoportable levedad del ser, o La broma o El libro de los amores ridículos. Mis títulos son intercambiables, reflejan el pequeño número de temas que me obsesionan, me definen y, lamentablemente, me restringen. Más allá de estos temas, no tengo nada que decir o escribir". Un particular cambio de títulos sobre la marcha fue el que intentó Tolstoi. Su intención original, cuando comenzó a escribir su monumental La guerra y la paz, era mostrar un panorama de Rusia en los complicados años que siguieron a la era napoleónica, en la década de 1820. Así, la novela se iba a llamar 1825. A medida que avanzó en su obra, el argumento se fue centrando en el transcurso de las guerras napoleónicas. Trasladó entonces a sus personajes veinte años atrás y retituló su trabajo como 1805, título con el cual comenzó a publicarse por entregas en un periódico ruso. Muchos capítulos más tarde, Tolstoi decidió llamar a su novela, aún en formación, con el título optimista de Todo está bien cuando termina bien. Su propósito era el de dotar de finales felices a todos sus personajes. Sin embargo, el libro creció y creció hasta alcanzar dimensiones impensadas y, dentro de su obra de ficción, Tolstoi redactó un muy serio ensayo sobre la historia de Rusia. Así que pensó que su obra requería de un título más solemne. Consideró entonces que la guerra y la paz eran los elementos básicos de siglos de vida rusa. Y así nació el título de una de las mayores obras de todos los tiempos. Dentro del género de los ensayos, otra historia muy graciosa tuvo como protagonista a la famosa recopilación de discursos de Winston Churchill, publicada en Inglaterra con el título de Las armas y el acuerdo. El editor norteamericano opinaba que este título no significaría demasiado entre el público de su país y le pidió al político que propusiera una alternativa. Entonces, Churchill telegrafió su sugerencia: The years of the locust (El año de la langosta). Pero el operador de turno tipeó mal este título, que llegó a Estados Unidos como The years of the lotus (El año del loto). Los editores, pese a creer que Churchill había enloquecido, quisieron hacerle honor a su propuesta. Así, partiendo de la leyenda griega que decía que el loto produce sueño, retitularon su obra como Mientras Inglaterra duerme. De más está decir que el libro resultó sumamente exitoso, pese o gracias al distraído trabajador de correos. El muy sugerente título ¿Quién teme a Virginia Woolf? nació cuando el autor de la obra, el dramaturgo Edward Albee, vio esta extraña pregunta pintada a modo de graffitti en la pared del bar neoyorquino al que solía ir a tomar unos tragos. Tiempo más tarde, cuando terminó su obra, recordó la pintada y la utilizó para titularla. Y es que detrás de cada título famoso hay una historia. En muchos otros casos, son los editores los que deciden cómo se llamará la obra. Raymond Chandler le escribió una vez a su editor, el famoso Alfred Knopf: "Estoy pensando un buen título para que luego me pidas que lo cambie". Francis Scott Fitzgerald era tan gran escritor como mal titulador. Para su novela más famosa, El gran Gatsby, había pensado títulos tales como Trimalchio (haciendo referencia al patrón rico del Satiricón de Petronio), Gatsby, el del sombrero de oro o El amante fanfarrón. En este caso, el sentido común de los editores merece un agradecimiento. William Faulkner tuvo la idea de titular a una de sus novelas La cruz: una fábula. Pero la cruz del título, según sus osados planes, debía aparecer con su clásico símbolo en la portada del libro. Sus editores rechazaron de plano la propuesta aduciendo que los libreros no tendrían forma de ubicarlo en sus catálogos, ordenados alfabéticamente. Finalmente, el libro se llamó simplemente Una fábula. Una buena fuente de títulos siempre ha sido y es Shakespeare. Muchos autores suelen extraer frases del autor de Hamlet para nombrar a sus obras. Algunos ejemplos: Los perros de la guerra, Pálido fuego, En busca del tiempo perdido, El sonido y la furia, Rosencrantz y Guildenstern están muertos, y muchos más. Afortunadamente, para D. H. Lawrence, ninguno de los títulos que eligió originalmente para sus principales obras vio la luz. Así, Paul Morel se convirtió en Hijos y amantes; John Thomas y Lady Jane se conoce como El amante de Lady Chatterley; y El anillo de bodas se llamó finalmente Mujeres enamoradas. Somerset Maugham dijo una vez que "un buen título es el título de un libro exitoso". Y es que, cuando vamos a una librería, si no conocemos al autor, ¿compraríamos un libro que se llamase La ballena? Pues ese era el título que pensó originalmente Herman Melville para su ahora clásico Moby Dick. Sin la EEl norteamericano Ernest Vincent Wright, un catedrático del Massachussetts Institute of Technology, escribió una novela de 50.110 palabras, titulada Gadsby (50.000 word novel without the letter E). Ninguno de los vocablos que utilizó para escribir su obra contiene la letra E.
Caramba con la SandGeorge Sand vivió una vida turbulenta. Eran muchas las razones por las que no pasaba desapercibida: el éxito de sus novelas, su costumbre de vestir trajes de hombre, su afición por fumar puros y coleccionar numerosos amantes, entre otros, Mérimée, Musset y un cura excomulgado, pasando por breves aventuras románticas con la actriz Maria Dorval y con la cantante de ópera Paulina García.
CaliforniaCalifornia tiene ese nombre porque en el año 1535 a Hernán Cortés la vista de lo que hoy es Baja California en México, le trajo el recuerdo de Calafia, de una narración popular española. La reina Calafia gobernaba una isla llamada California, situada cerca del Paraíso Terrenal. Sus ejércitos eran sólo de mujeres. Sus armas eran de oro y, montadas en alimañas, capturaban a los hombres con el fin de mantener la especie.
Edgar Allan PoeCuando contaba veintisiete años, el escritor Edgar Allan Poe contrajo matrimonio con su prima Virginia Clemm, de tan solo trece años. Vivieron en casa de su tía y suegra María Clemm, que fue casi como una madre para el escritor. Cuando Poe escribía, exigía que se quedase a su lado sirviéndole café hasta la madrugada. En 1847 muere Virginia de tuberculosis. Poe falleció el 7 de octubre de 1849 padeciendo delirium tremens. Sus últimas palabras fueron: "Que Dios ayude a mi pobre alma".
Libro marcadoLibros como El amante de Lady Chatterley, se han visto marcados desde su concepción. David Herbert Lawrence padecía de tuberculosis cuando se le ocurrió escribir la novela en la cual una bella aristócrata traiciona a su esposo paralítico con un guardabosques. Lawrence escribía a ratos, y muchas páginas del manuscrito quedaron manchadas por la sangre que escupía. Años después, una mecanógrafa rehusó seguir copiando un manuscrito con "semejantes porquerías". A la hora de publicar la obra, ningún editor quiso hacerlo, hasta que en Italia consiguió que un impresor se atreviera.
Hogar, dulce hogarHogar, dulce hogar (home, sweet home). La famosa frase traducida del inglés, fue tomada del estribillo de la canción compuesta por el dramaturgo neoyorquino Howard Payne, incluida en el musical La doncella de Milán. John Howard Payne, nunca tuvo una residencia permanente.
Mark TwainMark Twain fue el primer autor que usó la máquina de escribir para una de sus obras: Life on the Mississippi. Aunque se dice que no la escribió directamente sino que otra persona fue la que la pasó a máquina.
Origen de algunas palabrasLa palabra “cementerio” proviene del término griego koimetirion que significa dormitorio. El nombre “chocolate” es una derivación fonética por parte de los españoles de la lengua azteca y maya, en la cual ’xoco’ significaba caliente y ’attl’ o ’atte’ significaba agua. Este concepto de agua caliente que conlleva la palabra ’xocoattl’, estaba ligado necesariamente a la preparación de la bebida. La palabra árabe que se usaba para representar una cantidad desconocida era ’shei’. Se transcribió al griego como ’xei’. Se fue acortando y quedó como ’x’. Por eso representamos con X un número cualquiera. La palabra “turismo”, en inglés ’tourist’, proviene de las primeras personas que viajaron en grupo por placer; ciudadanos británicos que visitaron el Chateaux de la Loire en Francia, de donde es capital Tours. La palabra “testificar” procede de una costumbre romana en la que a falta de Biblia, los romanos juraban decir la verdad apretándose los testículos con la mano derecha. Poe en West PointSe dice que en 1831, cuando Edgar Allan Poe estaba en West Point, las instrucciones de vestimenta para el desfile pedían "cintos blancos y guantes, con armas." Apareció en el desfile desnudo, vistiendo nada más que cinto blanco y guantes. Fue expulsado.
Stevenson
CornudosNarciso Serra, escritor madrileño del siglo XIX, mientras paseaba con un amigo, le preguntó: -¿Cuántos cornudos te parece que viven en esta calle sin contarte a ti? -¿Cómo sin contarme a mí? Esto es un insulto... -Bueno, no te enfades. Vamos, contándote a ti, ¿cuántos te parece que hay? 04/02/2006Máquina de escribirEn las primeras máquinas de escribir, el alfabeto aparecía de la A a la Z de izquierda a derecha y de arriba hacia abajo de forma continua, hasta que Christopher Sholes redistribuyó las teclas que más se utilizan lejos unas de otras para escribir rápidamente en su modelo de 1867 que fue distribuida por la Remington Company.
AnuncioEl primer anuncio escrito que se conoce data del 3000 a.C. Se trata de un cartel aparecido en las ruinas de la ciudad egipcia de Tebas, en el que se ofrece recompensa de una moneda de oro a quien capture y devuelva a su amo un esclavo huido llamado Shem.
Rainer Maria RilkeEscritor austriaco Rainer Maria Rilke murió de una leucemia en diciembre de 1926. El empeoramiento de su estado físico se produjo a raíz de haberse pinchado con la espina de una rosa mientras cuidaba el jardín del castillo Muzot, en Suiza, donde vivió retirado los últimos años de su vida. En su tumba un epitafio, que él mismo escribió, reza así: "Rosa, oh contradicción pura, placer, ser el sueño de nadie bajo tantos párpados".
05/01/2006Plagiario descubiertoLo cuenta Juan Gelman: "Una vez me pasó algo genial. Estaba con Mario Benedetti y Daniel Viglietti haciendo un reportaje en una radio. Había chicas y muchachos entre el público. Mario leyó un poema, luego yo leí un poema de amor. Cuando terminó la grabación, una chica que estaba allí se me acercó y me dijo: "¿Ese poema es suyo?", le digo: "Sí". Me dice: "¡Hijo de puta!". Le digo: "Mire, yo sé que no es muy bueno, pero soy una buena persona". Ella dice: "No, no lo digo por usted, estoy hablando de un novio que tuve, que me mintió diciendo que lo había escrito él".
El primer viaje a la LunaEl primer relato de un viaje ficticio a la Luna del que se tiene constancia fue relatado por Luciano de Samosata en su Historia verdadera, hace casi 2.000 años.
Negra inspiraciónPara componer sus famosas tragedias patéticas, el poeta francés Próspero Crebillon (1674-1762) necesitaba tener cuervos a su lado.
01/01/2006La fórmula más antiguaLa fórmula matemática para calcular el área de un círculo fue encontrada en un libro escrito hace 3.600 años por un escriba real egipcio llamado Ahmes. Este libro es el tratado matemático más antiguo del mundo y sus fórmulas podrían emplearse en la actualidad por cualquier estudioso matemático.
A favor de la ignoranciaSir Joseph Banks, presidente de la Royal Society de Londres, se opuso en 1807 a la creación de escuelas elementales en todo el país esgrimiendo los siguientes argumentos: "En teoría, el proyecto de dar una educación a las clases trabajadoras es ya bastante equívoco y, en la práctica, sería perjudicial para su moral y su felicidad. Enseñaría a las gentes del pueblo a despreciar su posición en la vida en vez de hacer de ellos buenos servidores en agricultura y en los otros empleos a los que les ha destinado su posición. En vez de enseñarles subordinación les haría facciosos y rebeldes, como se ha visto en algunos condados industrializados. Podrían entonces leer panfletos sediciosos, libros peligrosos y publicaciones contra la cristiandad. Les haría insolentes ante sus superiores; en pocos años, el resultado sería que el gobierno tendría que utilizar la fuerza contra ellos".
A buen entendedor...Cuentan sus amigos que el matemático P. G. Lejeune Dirichlet (1805-1859) no era muy amigo de escribir cartas. Hizo una excepción cuando nació su primer hijo. Dirichlet mandó un telegrama a su suegro con el siguiente mensaje: "1+1=3".
El libro fantasmaProbablemente, el libro más buscado de la historia del ocultismo sea el Necronomicon, que no existe. Aparecía en los relatos de H. P. Lovecraft y su autoría se atribuye a Abdul Alhazred. A pesar de esto, existen múltiples tarjetas de registro en bibliotecas de todo el mundo. Se dice que hay una en la Biblioteca Nacional de Madrid acreditando su existencia, aunque jamás se han encontrado ninguno de los volúmenes originales de dicha obra.
Devolución con retrasoUn lector con remordimientos de conciencia devolvió a la biblioteca un libro de Historia que tomó prestado hacía 53 años. Por vergüenza o por no tener que pagar los atrasos, el misterioso "tardón" no quiso dar la cara. Según explicó la bibliotecaria de un pequeño pueblo de Cornualles, en el suroeste de Inglaterra, el libro Las historias de Launceston y Dunheved había sido prestado en septiembre de 1948 por la biblioteca de Camborne y debería haber sido devuelto el día 27 de ese mismo mes. Pero la pista del libro se perdió durante más de cincuenta años, hasta que éste llegó por correo en un gran sobre marrón. "No había ninguna nota, así que no tenemos ni idea de quién lo ha enviado", declaró Fiona Rutter, responsable de la biblioteca. "De vez en cuando recibimos libros devueltos con mucho retraso, aunque nunca tanto", añadió.
Poner títuloExpuesto a todas las miradas, el título es lo primero que se conoce de él. No es un resumen, es un indicativo -dice Jouhandeau-, debe dar el tono y surgir de la obra como un grato olorcillo o como un perfume. Su papel es más atraer al lector como un cartel luminoso que informarlo. Es raro que se encuentre en una primera intención. En muchas ocasiones, el editor sugiere el cambio. Así, Apollinaire tituló Agua de vida el libro que después fue Alcoholes; Baudelaire Las lesbianas a Las flores del mal; el que para Lewis Carroll fuera Las aventuras subterráneas de Alicia se convirtió en Alicia en el País de las Maravillas; Julián, de Stendhal, fue después El rojo y el negro; Las palomas apesadumbradas, de Proust, fue A la sombra de las muchachas en flor y El vientre, de Zola (título que él juzgaba más abierto y contundente), El vientre de París.
Lo bueno si breve...Al poeta T. S. Eliot le preguntaban por qué no escribía más y él respondía: "Para dar el ejemplo. El principal enemigo de la buena literatura es que los escritores tengan necesidad de ganarse la vida con lo que escriben. Porque el resultado de esta necesidad es que todos sucumben a los tres "demasiado": empiezan a escribir demasiado pronto, escriben demasiado rápido y escriben demasiado".
El poema de nunca acabarEl poema más largo jamás escrito es obra de Raymond Queneau. Publicado en 1961, consta de tan sólo diez páginas. En Cent mille milliards de poèmes, concibió un soneto para cada página del libro, pero presentado en forma de catorce lengüetas móviles independientes unas de otras. En cada lengüeta, un verso. Cada verso, intercambiable con los otros. De esa manera, cada vez que arbitrariamente se disponen catorce lengüetas distintas se da a la luz un soneto diferente. El autor calculó que harían falta muchísimos años para leer todos los poemas capaces de formarse a partir de los ciento cuarenta versos iniciales.
03/12/2005Henrik Ibsen
Borges
Sexo
Récord
Lord Byron
Sífilis
Lester del Rey
PrecursoresUna fantasía futurista publicada en 1896 por el inglés M.P. Shiel, hablaba de un grupo de asesinos crueles que asolaban Europa exterminando a los que impedían progresar a la humanidad y quemando luego sus cuerpos. El título del libro era Las S.S. (The S.S.). Otro caso sorprendente es el de Jonathan Swift, autor de Los viajes de Gulliver, escritos en 1726. En estas obras se describen con precisión los satélites de Marte, Fobos y Deimos, 150 años antes de que los descubriera el astrónomo Asaph Hall. En la aventura que transcurre en el país de los liliputienses, éstos hacen un cálculo matemático para alimentar al gigantón Gulliver. Los enanos establecen que la cantidad de alimentos requerida por un animal es proporcional a tres cuartos del peso de su cuerpo. Una ley que no fue descrita científicamente hasta el año 1932. Wherner von Braun confesó que para el diseño de los cohetes de tres fases utilizados por EE.UU. en la conquista espacial, se inspiró en El viaje a la Luna de Cyrano de Bergerac, escrita en 1633. En ella, el escritor también describe la gravedad 50 años antes que Newton, y la radio dos siglos antes que Marconi. Julio Verne, a finales del XIX, describió en Veinte mil leguas de viaje submarino un vehículo para surcar el fondo del mar con tanto detalle que, cuando se presentaron las primeras patentes de algunos componentes de los submarinos, éstas fueron denegadas porque el escritor ya las había hecho del dominio público. Libro sellado
De mal gusto
Moritz von Arndt
García Lorca
Dylan-ThomasLas rosas resfriadas mueren en la destornillada tarde del beso hierático de un adiós azul, luengo y uniforme torpe yo que bebo abrazos de cartón. El poeta Dylan-Thomas, autor de estos versos, decía de sus poemas que "no los entiende ni mi madre".
02/05/2004Víctor Hugo
02/05/2004 22:18 Permalink. Tema: Anecdotario |
"Si quieres ser escritor, escribe". Epicteto
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