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La salvación por la escritura

INTRODUCCIÓN

Jean Paul Sartre entre los 49 y los 58 años se dedica a escribir Las palabras, libro que aparece en su cuarta fase creadora, denominada "analítica o autobiográfica". En el misma época - a partir de los 50 hasta el 70 - es cuando aparece la llamada "novela nueva". Es aquí donde ubicamos La Modificación de Michel Butor. Este movimiento fue muy criticado, los nuevos novelistas negaban constituir una escuela o imponer una teoría específica, por el contrario creían que cada novela debía inventar su propia forma, sin recetas.

Frente al compromiso político, ideológico o filosófico de los existencialistas, los escritores de la "nueva novela", se centran en los problemas planteados por el lenguaje en el acto de escritura. La semilla de este nuevo compromiso ya estaba germinando en Proust, Joyce, Beckett y Faulkner.

Ahora bien, mientras que Las Palabras es un texto autobiográfico, En busca del tiempo perdido, no es ni novela, ni ensayo, tampoco es su autobiografía. Según Barthes (El susurro del lenguaje), "las profundidades del inconsciente" de las que habla Proust fundan otra lógica, una "tercera forma". En el famoso episodio de la magdalena, Proust abre las compuertas del tiempo y es así como su obra surge del sueño que puede escribirse. Por el contrario, en La Modificación, inscripta en la tradición del relato itinerante, los tiempos están perfectamente organizados.

Si bien las diferencias entre estas tres formas de escritura son grandes y obvias, he encontrado algunos denominadores comunes que son los que voy a desarrollar: la angustia y el vacío, el tiempo y sus efectos destructores, la lectura como refugio y el rol del escritor, el viaje iniciático, la transformación, el arte y el mito como signos de lo trascendente.

EMPEZAMOS CON PROUST: "POR EL CAMINO DE SWANN"(1913)

La historia que es contada por el narrador tiene todos los caracteres dramáticos de una iniciación – dirá Barthes (Proust y los nombres) -, tres momentos dialécticos: deseo (revelación), fracaso (asume los peligros, la noche, la nada) y asunción (en la plenitud del fracaso encuentra la victoria.) Es la narración de un aprendizaje y de este aprendizaje nace la verdad, es decir, la escritura. En el segundo capítulo dice así: "Desde aquel día, en mis paseos por Guermantes sentí con mayor pena que nunca carecer de disposiciones para escribir..." Un poco más adelante, cuando describe los campanarios de Martinville: "No he vuelto a pensar en esta página, pero recuerdo aquel momento (...) me sentí tan feliz..." Vemos desde las primeras páginas la intención de escribir, el deseo de ser "un escritor famoso". Sin embargo, este proyecto se enfrentará con el tiempo.

Cuando llega al palacio de Guermantes, (El Tiempo reencontrado,1927) el narrador percibe que los invitados han envejecido. La única manera de trascender en el tiempo es a través de la obra de arte. En relación con esto, George Painter, (Marcel Proust 1871-1922) dice que Proust creía que su vida tenía la forma y significación de una obra de arte. Se preguntaba cómo pasar de la vida al arte.

Ahora bien, el conocido "extasis de la magdalena", sería el punto de partida. Pues esta experiencia se presenta ante un hombre triste y postrado que en un instante, en el instante en que las migas tocan su paladar, "algo extraordinario ocurre en su interior". Dice: "Dejé de sentirme mediocre, contingente y mortal" y ahora no sólo se trataba de buscar, debía crear.

Lo que cuenta Proust, explica Barthes (El susurro del lenguaje), lo que pone en forma de relato no es su vida, sino su deseo de escribir. Cuando el narrador llega al palacio de los Guermantes descubre lo que debe escribir: "Si por lo menos me quedaba el tiempo suficiente para llevar a cabo mi obra, no dejaría de señalarla con el sello de ese Tiempo, cuya idea se me imponía con tanta fuerza en este día..." ( El Tiempo reencontrado). Obtiene la seguridad de que va a escribir En Busca del Tiempo perdido, que sin embargo ya está escrita. Comprobamos así la idea de unidad, comienzo y final están reencontrados. Proust va a encontrar la creación en un "yo" unificado y creador que debe descender dentro de sí mismo y cuando se da cuenta que puede superar el tiempo destructor, el héroe pasa a ser escritor.

El libro está lleno de analogías con retratos y personas. La comparación de Odette y el fresco de Botticelli es quizás el ejemplo más significativo: " La miraba en su rostro, en su cuerpo, se aparecía un fragmento del fresco de Boticelli (...) este parecido la revestía a ella de mayor y más valiosa belleza." La cantidad de comparaciones y analogías con la pintura y el arte, funcionan precisamente como signo de lo trascendente, lo que perdura, que es en definitiva lo que Proust pretende escribir, el arte que descubre el significado interno de lo que ya existe, y no el arte que inventa lo que jamás existió.

PASAMOS A "LA MODIFICACIÓN" (1957) DE MICHEL BUTOR

En esta novela se relata un viaje material y espiritual de transformación, que como ya señalamos anteriormente, se inscribe en una amplia tradición: el relato de viajes. Dice Lourdes Carriedo, que encontramos tres niveles perfectamente conectados. En primer lugar, el nivel anecdótico del texto, esto es espacio y tiempo: el viaje en tren de París a Roma y las 21 horas y 35 minutos, tiempo estimado que tarda en llegar. Ahora bien, el viaje adquiere un nuevo significado desde el momento en que se descubre una nueva dimensión existencial, esto es la transformación que el personaje sufrirá a lo largo del trayecto. Y el tercer nivel es el sueño que funcionará como microrrelato o puesta en abismo: la referencia al canto VI de la Eneida.

En esta novela domina una perspectiva de narración desde el interior del personaje, el mundo nos es dado a través de su propia experiencia. Aquí hay un parecido interesante con la obra de Proust, si pensamos que también leemos la novela desde la introspección de Marcel. El narrador nos describe imágenes de su infancia o de Combray, tal como él las recuerda. Aquí también el narrador confiesa una angustia que lo atormenta: "Este viaje debería ser una liberación, un rejuvenecimiento, una gran limpieza (...)¿De dónde viene ese cansancio, diríase casi malestar?"

En la tercera parte del libro desaparecen las precisiones de lugar y tiempo, el delirio, la pesadilla y el sueño lo invaden. Es aquí donde el autor inserta el canto VI de la Eneida. León sueña con el descenso a los infiernos, la barca de Caronte y la loba, representación simbólica de Roma. León, a partir de este sueño revelador, descubre que su viaje ha cambiado de rumbo y su proyecto será otro. Dice Carriedo que la novela se estructura entonces como un relato iniciático: preparación, descenso a los infiernos y renacimiento, momento en el que la metamorfosis se ha operado y el iniciado es un "hombre nuevo." Esta es otra semejanza interesante con Proust, ya que como hemos dicho, la novela de Proust es una narración de aprendizaje, en donde tenemos el deseo, la frustración y la asunción. Lo que descubre León es que en realidad "ama a Cecile, porque en realidad ama a Roma". Dice así: " su amor por Cecile ya no le parece el mismo y se le presenta ahora bajo otro sentido, lo que ahora tendría que examinar es (...) el mito de Roma..." El héroe comprende que su fisura personal, "está en comunicación con una inmensa fisura histórica". La búsqueda entonces cambia de signo, ahora su pretensión consistirá en vivir como un hombre libre y sincero dedicado a la escritura de un libro: "tengo que escribir un libro, sería el medio de colmar el vacío que se ha producido en mí" (p.310). Siguiendo la tradición proustiana, el libro que se ha de escribir es el que mentalmente acaba de leer el lector, por lo tanto, ya está escrito. El libro se acaba justo cuando va a comenzar la escritura. En relación con esto, dice Janvier Ludovic (Una palabra exigente) que la obra queda como modelo de un camino recorrido que va de la oscuridad a la luz, del sueño a la atención. Y agrega que después de haber informado al novelista, la novela informa al lector. Como lugar de encuentro o instrumento de conciencia, el libro es algo así como un objeto viviente que transforma, nutre y le comunica experiencia a quien lo toca.

Y AHORA TERMINAMOS CON "LAS PALABRAS" (1964) DE JEAN PAUL SARTRE

Esta es una obra biográfica de confesión, en donde el autor va a hablar de su apego a la literatura diciendo que él busca una salvación a través de la literatura, incluso algunas veces habla de una inclinación casi mística, religiosa: "yo había encontrado mi religión: nada me parecía más importante que un libro. En la biblioteca encontré un templo." Recordemos que también Marcel (En busca del tiempo perdido), en el segundo capítulo se refugia en la lectura, cuando cuenta que se iba debajo del castaño a leer; o también en La Modificación el libro es un tema redundante que adquiere un significado simbólico. Recordemos que todos los pasajeros llevaban algo para leer.

En Las palabras hay como una suerte de supervaloración de la escritura, pero a la vez un rechazo a esa vocación, es un permanente vaivén. Dice Sartre: "Yo viví en un estado de malestar", "Yo era un florecimiento insípido en perpetua abolición." Y por otro lado, dice así: "me preparaba la soledad burguesa más irremediable: la del creador." Nuevamente, semejanzas con la novela de aprendizaje de Proust o el viaje iniciático en La modificación, me refiero al vaivén entre el deseo y la decepción.

Por otro lado, notemos la siguiente diferencia, mientras Marcel dice: "dejé de sentirme mediocre, contingente y mortal", Sartre menciona de manera recurrente "que se sentía de más, que tenía que desaparecer", la idea de ligereza, de no existir más, lo opuesto a la necesidad, una de las obsesiones fundamentales en la obra de Sartre.

Después de este continuo vaivén que por un lado intenta sacralizar al escritor y por otro lado a desacralizarlo, finalmente dice que sigue siendo el mismo: "todos los rasgos del niño, desgastados, humillados, arrinconados, dejados en silencio..." Dice que ahora conoce la impotencia del escritor, que la cultura no salva a nadie, pero por otro lado no puede dejar de escribir: "no importa, hago, haré libros, hacen falta, aún sirven." Y afirma que la escritura es el único espejo crítico del hombre: "Lo que me gusta de mi locura es que me ha protegido, desde el primer día, contra las seducciones de la elite, nunca he creído ser feliz propietario de un talento, lo único que se trataba era de salvarme."

Sartre se va transformando en un mitógrafo de su infancia. Hay mitos greco-latinos y contemporáneos, todo le sirve para ir dibujando el Sartre que él quiere. El tema del mito tiene que ver con la muerte y la salvación a través de la escritura. El mito explica el origen de un fenómeno y también las conductas de salvación. En este caso, es el origen de una vocación - el tema de la literatura - a través de la literatura, se explica él mismo. La literatura es una forma de conocimiento y también de salvación, por eso es una forma de perdurar más allá de la muerte. Pollamn (De Sartre a Camus) afirma que "la literatura no tiene otro interés, sino el de ser una indagación de sentidos, un intento de salvación, eso que sólo por error, e incluso contra su voluntad ha sido para Sartre."

CONCLUSIÓN

Como dije en un principio, si bien nos encontramos antre tres estructuras distintas, en donde Proust estaría instaurando una "tercera forma", Butor un relato itinerante en tres dimensiones, y Sartre por su parte, la confesión de una impotencia, me parece que los tres coinciden plenamente en la importancia del acto de escritura como algo trascendente, que al igual que el mito o el arte, no mueren ni caducan. En palabras de Ludovic "transforman, nutren y le comunican experiencia a quien lo toca."

Clara Mengolini

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