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pro-scrito

Ángel negro

Eres el ángel que surge del mar
Ave que se posa en la concha de una tortuga
Alas de piedra talladas por el viento

Eres el misterio que mueve los telares de la vida
Sonido que abre la boca del cielo

Eres la inmortalidad del canto
Vela del saber
Cascabeles del tiempo.

Eres de cabeza dura, hija de cisne negro
La raza cósmica de los últimos días
Catedral inacabada del deseo.

Eres música de antigua tierra
Fuego de mi conciencia
La eternidad del misterio.

Prócoro Hernández Oropeza

Episodio del enemigo

Episodio del enemigo

Tantos años huyendo y esperando y ahora el enemigo estaba en mi casa. Desde la ventana lo vi subir penosamente por el áspero camino del cerro. Se ayudaba con un bastón, con un torpe bastón que en sus viejas manos no podía ser un arma sino un báculo. Me costó percibir lo que esperaba: el débil golpe contra la puerta. Miré, no sin nostalgia, mis manuscritos, el borrador a medio concluir y el tratado de Artemidoro sobre los sueños, libro un tanto anómalo ahí, ya que no se griego. Otro día perdido, pensé. Tuve que forcejear con la llave. Temí que el hombre se desplomara, pero dio unos pasos inciertos, soltó el bastón, que no volví a ver, y cayó en mi cama, rendido. Mi ansiedad lo había imaginado muchas veces, pero sólo entonces noté que se parecía, de un modo casi fraternal, al último retrato de Lincoln. Serían las cuatro de la tarde.

Me incliné sobre él para que me oyera.

-Uno cree que los años pasan para uno -le dije-, pero pasan también para los demás. Aquí nos encontramos al fin y lo que antes ocurrió no tiene sentido.

Mientras yo hablaba, se había desabrochado el sobretodo. La mano derecha estaba en el bolsillo del saco. Algo me señalaba y yo sentí que era un revólver.

Me dijo entonces con voz firme:

-Para entrar en su casa, he recurrido a la compasión. Le tengo ahora a mi merced y no soy misericordioso.

Ensayé unas palabras. No soy un hombre fuerte y sólo las palabras podían salvarme. Atiné a decir:

-En verdad que hace tiempo maltraté a un niño, pero usted ya no es aquel niño ni yo aquel insensato. Además, la venganza no es menos vanidosa y ridícula que el perdón.

-Precisamente porque ya no soy aquel niño -me replicó- tengo que matarlo. No se trata de una venganza, sino de un acto de justicia. Sus argumentos, Borges, son meras estratagemas de su terror para que no lo mate. Usted ya no puede hacer nada.

-Puedo hacer una cosa -le contesté.

-¿Cuál? -me preguntó.

-Despertarme.

Y así lo hice.

Jorge Luis Borges

Nanas de la cebolla

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.

Una mujer morena
resuelta en luna
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño
que te traigo la luna
cuando es preciso.

Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en tus ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que mi alma al oírte
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa,
vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de ni amor.

La carne aleteante,
súbito el párpado,
el vivir como nunca
coloreado.
¡Cuántos jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!

Desperté de ser niño:
nunca despiertes.
Triste llevo la boca:
ríete siempre.

Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Ser de vuelo tan lato,
tan extendido,
que tu carne es le cielo
recién nacido.

¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.

Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.

Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho:
él, triste de cebolla,
tú, satisfecho.

No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.

Miguel Hernández

Saint John Perse: La épica de lo cotidiano

Saint John Perse: La épica de lo cotidiano

Es innegable que el siglo XX francés nos ha ilustrado con altísimos nombres y obras en materia de poesía. Sólo por nombrar algunos: Artaud, Breton, Aragon, Max Jacob, Blaise Cendrars, Valéry, Éluard, Reverdy, Apollinaire, Supervielle Tristan Tzara, René Char, y un prolongado y célebre etcétera.

Más silencioso dentro de esta lista, pero figurando de forma merecida, está Saint John Perse (1887-1975), poeta nacido en ultramar, en el Caribe, y que sabría conceder a su verso los mismos sonidos, ritmos y sensaciones que abundaban en la tropical isla de Guadalupe, cuna de Perse. De nacimiento se llamó Marie René Auguste Alexis Léger, se trasladó a la Francia continental para seguir estudios de leyes y ciencias políticas en París y en Burdeos. Corto sería el derrotero que lo conduciría hacia la carrera diplomática, como era su propósito y respondiendo a su fuerte vocación de viajero. Perse abrazó el cuerpo diplomático como lo hicieron otros poetas en aquellos años (cerca nuestro están los ejemplos de Neruda y Octavio Paz, o más allá el de Seferis), recorriendo tierras remotas como el desierto de Gobi, la Patagonia y el gélido litoral de Labrador. Lo que vio y a quienes vio serían los ingredientes sazonadores de su poética. Su carrera como personero del Ministerio de Asuntos Exteriores finalizó hacia la década de los cuarenta, cuando se negó a seguir participando del gobierno colaboracionista de Vichy, tras haber trabajado en la embajada francesa en Pekín (actual Beijing), bajo la dirección del "Gran pacificador", Aristide Briand. Interrumpió una carrera no muy larga en las relaciones exteriores, de solamente ocho años. Al mismo tiempo ya había establecido, en la década del veinte, conexiones con poetas como Valéry y Claudel, sin embargo su carácter retraído lo llevó a marginarse de la vida literaria pública, y crear en silencio.

Tras el fin de esta etapa en su vida, el destino era emigrar, así lo hizo en 1941, cuando decide radicarse en Estados Unidos, donde desarrolló con más tranquilidad el resto de su escasa obra poética, al tiempo que trabajó en la biblioteca del Congreso, en Washington. No obstante, años antes había producido muchos poemas que jamás vieron la luz, pues su departamento parisino fue allanado por la Gestapo, donde fueron destruidos manuscritos que representaban más de quince años de trabajo. Una de sus primeras producciones notorias es Éloges (1911), poemas en que se veía claramente imbuido por la nostalgia de las Antillas perdidas y por la cadencia de la poesía simbolista. Este conjunto de poemas atrajo la atención, entre otros, de André Gide. Aquí ya empieza el concierto de reminiscencias del pasado, en este caso, reminiscencias del nirvana antillano de Guadalupe, y de las épocas de su niñez, entre palmeras y sirvientes que rondaban solemnemente, tal como los versos en el poema, por la lujosa residencia de sus años de infancia. Su obra cumbre, Anábasis (escrita durante su residencia en China en 1924), es donde su voz propia resuena con la propiedad que habría de ganarle un nombre en el concierto de la poesía mundial.

Épica y movimiento

Perse fue un poeta silencioso, cuya obra compleja y poco accesible al público común y corriente no le significó un número mayoritario de adeptos y seguidores, que habrían servido de caja de resonancia, más que para él, para su poesía. Era entre los pares que Perse recibía los parabienes que no obtenía del lector común. La pureza y precisión de su lenguaje le granjeó un nombre entre los cultores de literatura. Su correspondencia con otros poetas mostraba de plano una actitud más reservada que la de otros versificadores de su tiempo. Así se lee, en una misiva a E. E. Cummings de 1949, una frase decidora "Nunca alcanzaré a disculparme debidamente por mi silencio, pues bien sabéis lo que eso quiere decir entre nosotros". T.S. Eliot también fue otro de los que mantuvo correspondencia con Perse. De hecho, fue el autor de La tierra baldía, el encargado de corregir una de las pruebas de la edición de Anábasis que publicó Faber & Faber, editorial de Eliot, además de prologar la respectiva publicación, lo que hizo que surgiera en Saint John Perse un compromiso de eterna gratitud con el poeta anglocatólico, que a esas alturas ya contaba a su haber con el premio Nobel. Relata con sinceridad en una carta de 1959 a Eliot: "la autoridad de vuestro nombre (el de T.S. Eliot) favorecerá como siempre la carrera de ese libro". Las traducciones se multiplicaron, Eliot y Archibald Mc Leish al inglés, Ungaretti al italiano, Hugo von Hoffmansthal al alemán.

La poesía de Perse no es fácil, por ello quizás no es conocida. Pero por cierto que esto no la hace menos valiosa, como tampoco es menos valiosa por ser considerada "poesía para poetas". Los colegas supieron reconocer e incluso admirar sinceramente a Perse, Andre Gide, Juan Ramón Jiménez, Stephen Spender y Simion Kirsanov, se cuentan entre sus adeptos. En palabras de Eduardo Milán, la poesía de Perse: "no es una poesía cuya voluntad reside en la ambición de explicar lo inexplicable, traduciendo lo intraducible o volviéndose accesible a la complicidad del lector, pacificando aguas que no son pacíficas... la poesía de Perse es la imagen viviente de la potencia del lenguaje cuando se asume como voluntad de poder y no de dominio".

La crítica tachó de herméticos los poemas de Sant John Perse, lo que equivale a una suerte de muerte literaria, en cuanto ya se transmite al lector que al leer a este poeta tendrá que poner una cuota no menor de esfuerzo para lograr captar la poesía residente en estas palabras. En efecto la poesía de Perse muestra, a primera lectura, una complejidad oscura, no es un rayo luminoso que señale el camino, no es la palabra que presenta una asequible descripción del mundo. Más bien, es una épica de la comprensión humana, mediante el relato de acontecimientos en apariencia nimios, pero que se despegan de su insignificancia para encajar con el proyecto poético de Perse. Poesía épica, pero de una épica peculiar, sin precedentes, como dijera de ella Eugenio Montale, pues se detiene en los acontecimientos mínimos, y extrae de ellos materia que sirva para construir su poesía, su cantar. Es la épica que se ve en Anábasis, una épica de lo menor, de lo exiguo, un canto ceremonial a los quehaceres del hombre, no solamente el grande y trascendental, sino también aquel que realiza la labor pequeña, pero no por ello menos impactante en la vida, pues es el afán del hombre, sea éste afán en apariencia fundamental o módica, porque es el movimiento ("amar es una acción", diría), su liturgia propia, "un gran poema nacido de la nada, hecho de la nada", donde desfilan en procesión las imágenes ("un montón de imágenes rotas", a la manera de Eliot), las ciudades, los pueblos, el mar, los hombres, un poema de la historia, dirigida a aquellos que fueron y a los que vendrán. Anábasis tiene sabor a odisea, sabor a travesía, -su vocación viajera y diplomática empezaba a ganar terreno-, una expedición militar en busca de una ciudad nueva, tal como la obra de Jenofonte (S. IV a. C.) en la que se describe la expedición de Ciro en contra de su hermano Artajerjes II. Eliot diría de este poema que: "tiene la misma importancia que los últimos trabajos del señor James Joyce".

La década de los cuarenta nos presenta la etapa de mayor actividad escritural de Perse, Exilio (escrito en 1942, en Long Island), Poeme l'Etrangère, Pluies (1943), Neiges (1944), Vents (1946), vientos que soplan no solamente desde el fin de una cruenta guerra, trayendo la paz que llega al hombre, y también emerge desde su interior. Vientos que también supieron soplar en la poesía chilena, como la de Efraín Barquero. El tono de los poemas de esta época cambió, desde el recuerdo infantil y la épica, a un tono más oscuro y personalísimo marcado por el exilio que vivía Perse en EE.UU., las playas de esta poesía no son como las de los inicios, si antes eran paradisíacas, ahora estaban desoladas, barrida de soledad y ostracismo. La lluvia y los vientos son quienes dictaminan los compases, las imágenes tomadas de la fuerza de la naturaleza describen el panorama del Nuevo Mundo, recordando a Whitman, pero con más delicadeza y elegancia que el volcánico autor de Hojas de Hierba.

La década siguiente traería el homenaje "al mar de toda época y de todo hombre", la gran oda al mar Amers (1957), en los sesenta su épica abstracta, Chronique (1960) y Oiseaux (1962), donde vemos a un Saint John Perse que empieza a dar la cara a la vejez y a la muerte. En este año Perse recibió el premio Nobel de Literatura, galardón que lo salvó del anonimato total a nivel de grandes públicos. Se da comúnmente el pensamiento de que algunos laureados por la Academia sueca lo fueron injustamente, y que muchos que lo merecían no tuvieron la fortuna de recibir el máximo galardón de las letras universales (el caso de Borges es ya casi un lugar común). Al ver a un poeta poco conocido como Perse es muy tentador pensar que él es uno de aquellos infames que obtuvo grandes laureles con una obra poco importante. Al menos en el caso de Saint John Perse, pensar así sería cometer una injusticia. En su discurso ante la Academia, Perse imaginó el futuro del hombre, iluminado tanto por la luz de la ciencia, como la de la poesía, "La poesía no es, como se ha dicho, la realidad absoluta, pero se le acerca, la añora fuertemente, tiene una profunda percepción de la realidad, en el punto extremo en que lo real parece asumir la forma del poema... la poesía es una forma de vida, una forma integral de vida, el poeta existió entre el hombre de las cavernas, y existirá entre los hombres de la era atómica, porque el poeta es una parte inherente del hombre".
En 1972, Gallimard publicó las obras completas de Saint John Perse, tres años antes de su muerte, ocurrida en Giens, en 1975.

José Ignacio Silva

La otra sentimentalidad

La otra sentimentalidad

El viejo oficio de la literatura se ha basado siempre en la fascinación. Muchos son sus recursos. La poesía quizá, su mejor truco; ese que nunca falla. Algo así como la última copa en una de esas noches en las que uno no acaba de irse. Poeta y lector se reconfortan llorando la resaca de sus propias lágrimas, sin atreverse a poner en duda los poemas, evidentes y fieles, como hermosos actos de complicidad. Y eso siempre da resultado (o al menos así nos lo enseñaron), porque cuando alguien hace referencia a la poesía, alguien se pone a hablar de sí mismo.

¿Y tú me lo preguntas? Poesía soy yo. Es la verdadera respuesta que ha permanecido latente en la historia de nuestra literatura; lo demás nos lo han repetido con demasiada frecuencia: la poesía es confesión directa de los agobiados sentimientos, expresión literal de las esencias más ocultas del sujeto. Por ello todas las afirmaciones se hacen rápidamente generales y se citan con la seguridad del que se sabe en un género donde nos es posible la mentira. Es ésta una verdad familiar, aprendida en las mesas camilla, que se nos presenta franca y aleccionadora como el sentido común. Será por eso por lo que debemos empezar a sospechar: todos los estafadores traen consigo la dulce sonrisa de la caridad.
Dentro de la literatura española fue Garcilaso el primero que hizo de su intimidad una aventura definitiva. Frente a la servidumbre feudal de la Edad Media, la burguesía incipiente ofreció una subjetividad desacralizada, capaz de autodefinirse, dependientemente sólo de sus propios sentimientos. Más allá de la interpretación teológica, más allá del vasallaje aparecía una moral distinta, con sus propias necesidades. Y la poesía jugó un papel decisivo en la delimitación de esa nueva humanidad laica: de ahí su primer carácter revolucionario y la definición que posteriormente ha mantenido en cuanto género.

Pero las cosas cambian, ya se sabe, al ritmo de la historia. En una sociedad fuertemente industrializada no existe un lugar cómodo para los asuntos gratuitos, es decir, para las prácticas que no tienen una utilidad inmediata. Dentro de las ciudades modernas los poetas se han visto abocados al ruidoso carnaval de la marginación, construyendo con su propia miseria su grandeza. Gentes extrañas, ciudadanos al margen del utilitarismo social del lenguaje, los poetas apostaron por sus peculiaridades, haciendo de la literatura un ideal de vida, y en consecuencia, del vitalismo, una de las características fundamentales de la poesía moderna.
Así, respetando la mitología tradicional del género (lo poético como el lenguaje de la sinceridad), surgieron dos caminos aparentemente muy diferenciados, pero que son en realidad las dos cabezas de un mismo dragón: la intimidad y la experiencia, la estilización de la vida o la cotidianización de la poesía. Unas veces el sagrado pozo del poeta sale a la luz en sílabas contadas; otras, es la vida diaria -esta inquilina embarazosa- la que se hace poema. Y siempre como telón de fondo la vieja sensibilidad, que se ofrece a la literatura o que recibe su visita, abandonada a la azarosa fortuna de la inspiración.

Pero si olvidamos los encantos de la ingenuidad como base de la actitud crítica, si escogemos una postura inquisidora que levante la cabeza por encima de los mitos, del sentido común y de sus falsas evidencias, comprenderemos que el poema es también una puesta en escena, un pequeño teatro para un solo espectador que necesita de sus propias reglas, de sus propios trucos en las representaciones. La fundación mítica del yo sensible, cimiento de la moral burguesa, utiliza la poesía para reproducirse precisamente por su irrealidad.

En un poema siempre hay muchas más cosas que la originalidad de un poeta, aunque éste no sea consciente de ello. Nunca una mentira se ha repetido tanto y con tanta sinceridad.

Sin embargo, cuando se acepta el distanciamiento como método de trabajo el poema deja de ser la respuesta sensible a una motivación empírica (o al menos deja de ser sólo eso). Para darse totalmente a un discurso, para imprimirle un sentido nuevo hay que verlo primero desde lejos. Y esto es importante, casi definitivo, puesto que sólo cuando uno descubre que la poesía es mentira -en el sentido más teatral del término-, puede empezar a escribirla de verdad. Mientras tanto es excesiva la servidumbre que nos impone.

Veamos pues: en principio es preciso aceptar que la literatura es una actividad deformante, y el arte de hacer versos, un hermoso simulacro. Lo dijo Diderot: "Detrás de cada poesía hay un embuste". Más recientemente lo poetizó Gil de Biedma en un texto imprescindible, El juego de hacer versos. No nos preexiste ninguna verdad pura (o impura) que expresar. Es necesaria inventarla, volverla a conformar en la memoria.

Y de ahí su importancia histórica, su nueva importancia. Cuando la poesía olvida el fantasma de los sentimientos propios se convierte en un instrumento objetivo para analizarlos (quiero decir, para empezar a conocerlos). Entonces es posible romper con los afectos, volver sobre los lugares sagrados como si fueran simples escenarios, utilizar sus símbolos hasta convertirlos en metáforas de nuestra historia.

Pero no simplemente eso. Romper la identificación con la sensibilidad que hemos heredado significa también participar en el intento de construir una sentimentalidad distinta, libre de prejuicios, exterior a la disciplina burguesa de la vida. Como decía Machado, es imposible que exista una poesía nueva sin que exprese definitivamente una nueva moral, ya sin provisionalidad ninguna. Y no importa que los poemas sean de tema político, personal o erótico, si la política, la subjetividad o el erotismo se piensan de forma diferente. Porque el futuro no está en los trajes espaciales ni en los milagros mágicos de la ficción científica, sino en la fórmula que acabe con nuestras propias miserias. Este cansado mundo finisecular necesita otra sentimentalidad distinta con la que abordar la vida. Y en este sentido la ternura puede ser también una forma de rebeldía.

Luis García Montero

Elurofobia

Elurofobia

Hasta donde podía recordar, Hilary Morgan había sufrido elurofobia; es decir, miedo mórbido al Felis domestica, el gato común o doméstico. Era, como cualquier fobia, un asunto totalmente incontrolable por su mente consciente. Podía decirse y se decía a sí mismo, del mismo modo que lo hacían sus preocupados amigos, que no tenía ningún motivo para temer a un minino inocuo. Por supuesto, los gatos podían arañar, y a veces lo hacían, pero en modo alguno eran tan potencialmente peligrosos como los perros. Incluso un perro pequeño, aunque juguetón, puede arrancar bastante dolorosamente un trozo considerable de epidermis, y un perro grande puede resultar mortal. ¿Gatos? Bah. Hilary adoraba a los perros y temía a los gatos, a todos los gatos. Si por la calle veía un gato a veinte metros de distancia, se encogía y cruzaba, sin tener en cuenta las señales de tráfico con tal de eludirlo. Si no tenía forma de evitarlo, daba media vuelta y desandaba lo caminado. Ninguno de sus amigos tenía gato; jamás aceptaba la primera invitación a casa de un nuevo conocido sin hacer cuidadosas preguntas hasta cerciorarse de que el amigo potencial no poseía un animal de denominación felina. Siempre utilizaba ese circunloquio u otro parecido porque hasta la palabra «gato» o cualquier otra que comenzara con esa sílaba le repelía. Nunca iba al mejor club nocturno de Albany - donde vivía- porque se llamaba Gatamaran Club y palidecía y temblaba cuando cualquier persona del despacho de la MacReady Noil Company - donde trabajaba- hacía un comentario gatuno. Evitaba y nunca hacía amistad con personas que se llamaran Tom o Félix; temía a las uñas de gato y a las garrapatas; nunca comía garrapiñadas ni gateaux. Jamás leía gacetas, no usaba gafas, no tocaba la gaita, no era galante ni salía a galopar.

Al margen de esta fobia y los diversos inconvenientes y molestias que le provocaba, vivía y amaba con toda normalidad. Sobre todo, amaba; en la treintena, aún era soltero pero no tenía nada de célibe; a decir verdad, uno podría decir todo lo contrario, si es que la palabra «célibe» tiene un contrario. Amaba a las mujeres, afortunadamente les resultaba muy atractivo y tenía montones de... pero esa era una palabra que jamás habla podido pensar en relación con sus amores. Allí residiría la locura. Por lo tanto, uno podría decir que Hilary Morgan, a pesar de las inhibiciones e irritaciones provocadas por su elurofobia, era un hombre muy dichoso. Y probablemente hubiera seguido siéndolo si durante su trigésimo quinto año de vida no hubiesen ocurrido dos cosas.

Se enamoró real y temerariamente de la mujer más atractiva que había conocido. Un tío acomodado murió y le dejó un legado de cincuenta mil dólares. Podría haber sobrevivido a cualquiera de estas cosas aparentemente maravillosas, pero la combinación se convirtió en su ruina. Desde luego, propuso a su amada el matrimonio en esas circunstancias y fue aceptado, no por la herencia sino porque ella también le amaba plenamente; no hubo regateo por parte de su amada en el sentido de hacerle esperar hasta el paso por cl altar. Si su amada tenía algún defecto, se trataba de una pequeña manía. Pero era la mejor de todas las manías, ninfomanía, y a Hilary no le molestaba en lo más mínimo. Uno podría decir que él tenía un toque de satiriasis, y qué mejor cura - «tratamiento» seria una palabra más adecuada - existe que una para la otra, su complemento.

Sí, Hilary Morgan era muy dichoso con su amor y con su herencia. Pero la combinación resultó fatal. Su futura esposa lo quería entero, tanto mental como físicamente, y le convenció de que debía consagrar parte de la herencia - tanto como fuera necesario; ella comentó que seguramente sólo serian unos pocos miles de dólares- a los servicios de un psiquiatra que le curaría para siempre de la elurofobia.

Escogió un buen psiquiatra. En una docena de sesiones, este puso al descubierto el pasado de Hilary hasta la edad de tres años; en aquel momento su temor a los gatos había sido aún más intenso que en el presente. Los recuerdos conscientes de Hilary no le llevaron más atrás. Lo único que su mente consciente sabía, y de oídas, sobre sus experiencias anteriores a la edad de tres años era que su madre había muerto durante el parto y que una serie de niñeras le habían atendido desde el momento en que nació hasta que su padre se volvió a casar, cuando él tenía poco menos de tres años. Con el propósito de atravesar la barrera del recuerdo consciente, el psiquiatra recurrió a la hipnosis para producir el fenómeno común de la regresión, la reversión de la mente y la memoria para que el sujeto pueda revivir y relatar sus experiencias en un pasado olvidado por su mente consciente. Bajo la más profunda de las hipnosis, llevó la memoria de Hilary hasta la edad de dos años y medio. En ese momento su padre había llevado a casa un gatito para él, se lo ofreció y dijo:

«Para ti, hijo. ¿Lo ves? ¡Un gatito!»

En aquel entonces Hilary gritó..., y ahora sus gritos también retumbaban en la consulta del psiquiatra. Éste le despertó de inmediato, le explicó lo ocurrido, puso fin a la sesión de ese día y dijo a Hilary que se estaban acercando, que tal vez durante la próxima sesión quedaría explicitado el trauma que le habla llevado a gritar al ver a un gatito a una edad tan temprana.

Durante la sesión siguiente, el psiquiatra volvió a someterle a hipnosis profunda y le hizo retroceder en la memoria aún más. Cuando Hilary, en su mente y en su memoria, se encontraba a la edad de dos años, revivió y relató otro episodio y -a medida que el recuerdo lo dominaba- volvió a gritar. En esta ocasión el psiquiatra le hizo volver del trance aun con más rapidez y sonrió. Dijo:

- Al fin hemos descubierto la experiencia traumática que le ha llevado a temer a los gatos y ya no les tendrá miedo nunca más. Cuando tenía dos años, tuvo una niñera que resultó ser peligrosamente psicótica. Una mañana, molesta porque usted lloraba en el parque, se volvió homicida, cogió un cuchillo de la cocina y le atacó. Intentó matarle. Afortunadamente su padre estaba en el cuarto contiguo, oyó sus gritos mientras ella se acercaba a usted con el cuchillo y logró llegar a tiempo para sujetarla y salvarle la vida. La internaron en un centro para locos peligrosos.

-¿Pero eso qué tiene que ver con mi temor a... bueno, al animal al que le tengo miedo?

- El apodo de la niñera era Minina. Cuando seis meses después su padre le ofreció un gato y lo llamó «gatito», su mente lo asoció con la experiencia espantosamente traumática con una mujer homicida llamada Minina y gritó. Ahora que ha revivido el recuerdo y sabe la verdad sobre lo ocurrido ya no tendrá miedo a los gatos. Está libre de la elurofobia. Se lo demostraré ahora mismo. A la espera del éxito, pedí a mi secretaria que trajera un gato, su gato, a la consulta. Lo dejé en su cesta y fuera de la vista mientras usted cruzaba la sala de espera. Ahora le pediré que lo traiga... y usted no le temerá. Reconocerá que se trata de un animal hermoso y probablemente querrá acariciarlo.

Cogió el teléfono de su escritorio e intercambió unas palabras con su secretaria.

- Doctor, espero realmente que esté en lo cierto dijo Hilary con sinceridad -. En ese caso, parece que mi mente llevó a cabo una transferencia absurda... si es correcto decirlo así. Quizás «asociación» sea más exacta. De todos modos, parece que nunca debí tener miedo a los gatos. En lugar de ello, debí temer a...

Se abrió la puerta y la hermosa secretaria del psiquiatra la atravesó con un gato en los brazos. Hilary Morgan se volvió, la vio... y gritó.

No por el gato.

Posteriormente podría haber sido curado de ginefobia, el temor mórbido a las mujeres, por catarsis, si la galopante brusquedad con que se enteró de la verdadera categoría de su fobia no le hubiera regalado graciosamente una catatonia catabólica y después una catalepsia tan profunda que duró hasta que, después de descansar durante corto tiempo sobre un gabán fue enterrado en una catacumba del cercano Gatwick.


Fredric Brown

Cambalache

Que el mundo fue y será una porquería
ya lo sé...
(¡En el quinientos seis
y en el dos mil también!).
Que siempre ha habido chorros,
maquiavelos y estafaos,
contentos y amargaos,
valores y dublé...
Pero que el siglo veinte
es un despliegue
de maldá insolente,
ya no hay quien lo niegue.
Vivimos revolcaos
en un merengue
y en un mismo lodo
todos manoseaos...

¡Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor!...
¡Ignorante, sabio o chorro,
generoso o estafador!
¡Todo es igual!
¡Nada es mejor!
¡Lo mismo un burro
que un gran profesor!
No hay aplazaos
ni escalafón,
los inmorales
nos han igualao.
Si uno vive en la impostura
y otro roba en su ambición,
¡da lo mismo que sea cura,
colchonero, rey de bastos,
caradura o polizón!...

¡Qué falta de respeto, qué atropello
a la razón!
¡Cualquiera es un señor!
¡Cualquiera es un ladrón!
Mezclao con Stavisky va Don Bosco
y "La Mignón",
Don Chicho y Napoleón,
Carnera y San Martín...
Igual que en la vidriera irrespetuosa
de los cambalaches
se ha mezclao la vida,
y herida por un sable sin remaches
ves llorar la Biblia
contra un calefón...

¡Siglo veinte, cambalache
problemático y febril!...
El que no llora no mama
y el que no afana es un gil!
¡Dale nomás!
¡Dale que va!
¡Que allá en el horno
nos vamo a encontrar!
¡No pienses más,
sentate a un lao,
que a nadie importa
si naciste honrao!
Es lo mismo el que labura
noche y día como un buey,
que el que vive de los otros,
que el que mata, que el que cura
o está fuera de la ley...

Enrique Santos Discépolo

La escritura simple

La escritura simple

Cuando se habla que el chileno no lee, se argumenta que ello es consecuencia del precio de los textos, de la mala base que traen desde la escuela o Liceo, del influjo de la televisión, de la carencia de hábito, etc. Todo ello tiene su pizca de entendimiento. La obligación de leer en los colegios, por tomar un ejemplo, mata cualquier vuelo literario y asesina su interés. Esa obligación debiera ser reemplazada por "el placer de leer".

Los resultados serían otros.

Pero además de los precios altos, de la televisión, de la carencia de tiempo, hay que culpar también a los autores. ¿Cómo dice? Sí, los escritores, los poetas, los ensayistas, los cuentistas, novelistas, etc. Ellos tienen su cuota de infracción. ¿Pero cómo, si ellos lo único que desean es que lean sus ejemplares? He ahí lo curioso. Porque incuestionablemente cualquier escritor escribe para ser leído, no para ser ignorado y lo que inventa se lo toma muy en serio. Terrible sería el caso de alguien que ha escrito una obra muy sesuda, pesada y profunda y vea con espanto cómo sus lectores se ríen a carcajadas. Ese autor debiera pegarse un tiro en la cabeza...
Pues bien, cuando decimos que los escritores también cometen delito en la falta de interés del chileno por la lectura, nos estamos refiriendo a su estilo, a su forma de emplear el lenguaje. Horrible. Existen autores que no debieran escribir porque son malos de frentón, aunque ellos se crean predestinados. No tienen talento ni se esfuerzan por tenerlo. Redactan pésimo. No se dan cuentan (siempre hay alguien que les aviva la cueca) ni se preocupan del lector, su fin último. Les encanta emborrachar la perdiz o darnos mamotretos buenos para combatir el insomnio. No captan la realidad. Creen que oscuridad es sinónimo de profundidad y cantidad de calidad. El entretenimiento no cuenta para nada en su norte. Abominan de él. Son muy graves. Son muy aburridos.

De esa forman, ahuyentan a cualquier desprevenido lector. Estos escapan lejos, aterrorizados.

Se ve en poesía, donde el arte no cuenta y cada día los poetas se dedican a filosofar. ¿Por qué hacerlo cuando para eso está la filosofía? Por una sencilla razón: se creen dioses, se sienten profetas, piensan que son predestinados, recibidores de luces divinas. ¡Ay Señor!

Sus textos son indigeribles.

Peor aún los novelistas. Como no tienen límites de espacio, sueltan la bestia de la ignorancia y de la verborrea, hablando hasta por los codos. ¿Límites? No hay, no existe. Son tediosos.

Los críticos literarios no lo hacen nada de mal. A fin de no pasar por ignorantes o por seres que viven a costa del trabajo de los creadores, cogen la espada del academicismo, de la oscuridad, del método y nos entregan parrafadas extensas, lateras, sosas, pedantes, estériles, capaces solamente de lograr sonrisas o señales de asentimiento...entre ellos mismos.

¿Y que pasa con el lector, a todo esto?

Sigue aguardando que lo interesen, que lo hagan soñar, que lo encumbren a las alturas, que le enseñen en forma entretenida, que lo hagan vagar por los vericuetos del espacio mediante una escritura simple, sencilla, ordenada, musical. Espera que lo atrapen o que capturen su interés.

Hay legiones de ellos esperando afuera.

Explíquese ahora, entonces, el escaso interés por la lectura.

Jorge Arturo Flores

Carta a un aspirante a escritor

Carta a un aspirante a escritor

…No estoy en condiciones de asegurarle si será usted escritor. No hay escritores de diecisiete años, hoy menos que nunca. Si posee el don, lo tendrá por naturaleza y habrá estado en usted desde niño. Pero si de ese don surgirá algo, si tendrá usted algo que decir o significar, eso no depende sólo de su don, eso depende de si usted puede tomarse en serio a sí mismo y a la vida, si vive con sinceridad y es capaz de resistir la tentación de hacer meramente lo que le resulta fácil al talento.

En resumen, depende de cuánta proeza, sacrificio y abnegación sea capaz. Es dudoso que el mundo le retribuya y le agradezca por todo esto. Si no está poseído por la idea, si no prefiere sucumbir enseguida antes que renunciar a la literatura, póngale fin.

Su escepticismo no tiene nada que ver con las cuestiones que en estos momentos lo absorben. Es natural a su edad. Si dentro de algunos años no ha podido superarlo, puede convertirse en periodista, pues habrá pasado la oportunidad de ser escritor. Ser inteligente y hablar con sensatez nada tiene que ver con la literatura.

Mis mejores deseos y un favor: no vuelva a escribirme hasta dentro de unos años.

Hermann Hesse - Respuesta a la misiva de un joven de Solingen en 1930.

Epodo 8

Epodo 8

¿Preguntar tú, podrida por tus años sin cuento, qué es lo que enflaquece mi virilidad, tú, que tienes renegrida la dentadura y a quien una vejez añeja a surcado la frente de arrugas, tú, cuyo asqueroso trasero se abre entre las nalgas enjutas como si fuera el de una vaca enfermiza?...

Pero me "subyuga" tu pecho y tus senos fláccidos como ubres de yegua, tu vientre fofo y tus delgados muslos trabados a las hinchadas pantorrillas.

¡Sé afortunada y vayan imágenes triunfales delante de tu cortejo fúnebre; y no haya matrona que pasee cargada con perlas más redondas que las tuyas!

¿Qué me importa si los libelos estoicos suelen estar esparcidos entre tus almohadillas de seda? ¿Se endurecen acaso menos por eso mis nervios analfabetos o deja de languidecer por eso mi miembro? A éste, para sacarlo de la ingle orgullosa, tienes que trabajarlo con la boca.

"Epodos". Quinto Horacio Flaco

Y entonces nosotros, los viles

Y entonces nosotros, los viles
que amábamos la noche
murmurante, las casas,
los senderos del río,
las sucias luces rojas
de esos lugares, el dolor
silencioso y mitigado
-arrancamos la mano
de la viva cadena
y callamos, más el corazón
sobresaltó nuestra sangre,
terminó la dulzura,
se acabó el abandono
en el sendero del río-
ya no siervos, supimos
estar solos y vivos.

Cesare Pavese

Estructuras de lo imaginario en Los Versos del Capitán de Pablo Neruda

Estructuras de lo imaginario en Los Versos del Capitán de Pablo Neruda

-Introducción

La poesía y su relación con la filosofía no es un tema nuevo ni mucho menos, al hablar de ello situamos nuestro decir cerca de autores como Homero y Hesíodo cerca de libros como La Biblia, el Corán, los Upanishads y los Eddas, es decir, cerca de los cantos poéticos que hablaron del universo, de su orden y de la creación, que a la vez tornaron su decir en sabiduría, a su enunciación en hermenéutica, y a la tarea del pensar en el modo de la filosofía.

Decir que toda literatura profana se deriva de un relato religioso, a veces un relato realmente fundador, tampoco es algo nuevo, ya lo teníamos en el tapete desde los escritos de W. Otto, M. Eliade, G. Bertin, G. Jung, G. Dumèzil, etc., tratando de situar al poeta en el lugar que le corresponde en la ciencia del hombre -sosteniendo a la vez, y en esto rehaciendo los pasos de G. Durand, que esta ciencia es posible de ser enunciada—, que vendría del ethos, es decir, la memoria inconsciente, inmemorial, transhistórica, de los seres y de los pueblos, de las sociedades y de los individuos.

Tratando de salvar el reduccionismo occidental y tratando de situar al autor en la mera perspectiva de lo humano.

Georges Dumèzi1 ha dicho que toda obra es demiúrgica: crea mediante palabras y frases, un cielo nuevo y una tierra nueva.

La obra no es un informe, no es un rapport. Si vamos a dar crédito a lo antes dicho y a situarnos del lado de una Rezeptiontheorie (teoría de la recepción).

No hay un yo social distinto del yo profundo. Ésta es la tesis fundamental. Todo ensamblaje casual de palabras toma maravillosamente la necesidad de un sentido, nos dice V. Alquié en su Philosophie du Surréalisme. Toda literatura es una apuesta creadora contra este fabuloso ancestro que, por casualidad, habría escrito El Libro (la Biblia, los Upanishads o los Edda).

"De1 mismo modo que la ética viene del ser y la moral de quien manda, el significado viene del ser, cuyo pasado, presente y futuro se subsume en su Imaginarlo, y no de los detentores de la verdad."

Así, el poeta, viene a ser el vórtice de sentido de un logos propio y a la vez humano. Neruda posee intuición filosófica. En su obra, la relación filosofía y literatura es de carácter pendular.

Quizá el problema pasa por la intención del autor, ya que Neruda se plantea en las antípodas de un quehacer teórico, o poético y filosófico, al modo que lo hicieran Hölderlin o Borges. O tal vez sea un problema de lenguaje, entre lo propio de la filosofía y lo propio de la literatura, si pudiera determinarse algo por el estilo. No es el caso de la presente investigación ahondar en temas formales. Bastante han hecho los críticos literarios y los filósofos tardo—modernos con su estructuralismo, que siendo la última consecuencia de la evacuaci6n del significado iniciada por los formalistas (lingüísticas y literarias), aceptan al hombre como una necesidad, y pretenden que sus obras sean el fruto del azar.

Ricoeur nos habla de una función heurística del discurso poético, por eso la poesía no es sólo retórica —como quisieran los estructuralistas—, y por eso está más cerca de la filosofía.

La metáfora es la herramienta, La clave, la parsimonia, la piedra filosofal, que va a permitir al autor y al lector, el ingreso a un descubrimiento de la realidad.

La poesía hace su ingreso en el discurso como una mimesis, que deja de serlo desde que se hace necesaria, sagrada, inamovible en tanto que obra, opus... cuando no tiene ni necesita justificaci6n y, de este modo, conmemora y denota, recuerda y significa.

Podemos todavía sostener que en poesía y en filosofía hay coincidencia de propósito y coincidencia critica. También que hay en Neruda un reconocimiento de una comprensión cosmológica de carácter existencial. Su poesía va a discurrir sobre los acontecimientos y las cosas... experiencia cosmológica con fondo existencial.

Y así, como toda creación literaria es transformadora de lugares geográficos en topoi —lugar simbólico—, las realidades psicológicas en personae, hasta en héroes, los momentos o sucesos en kairoi —momento justo, teofanía—, y el decir en logoi— palabra creadora, sabiduría—, asimismo el discurso poético deviene en un quehacer que se hermana con la filosofía, que difiere en el modo de acercarse a una misma verdad.

-Estructuras de lo imaginario.

Lo imaginarlo de una obra deviene su fundamento, las columnas sobre las que se construye el edificio del sentido. Neruda, en su obra Los Versos del Capitán —que consta de cuarenta y siete poemas, mas una carta y una explicación en la que se hace cargo del hecho que apareciera publicado por primera vez en calidad de anónimo, ordenado esto en siete partes- que en una primera lectura aparece como dedicada al amor sensual, de pareja, deja entrever de su proceso do creación, el quehacer del hermeneuta, del hombre quo busca, sea este filósofo, científico, mago o santón.

La figura femenina, el andrógino, la mater—terra, el viaje iniciático o la búsqueda, y también la noción de coincidentia opossitorum, son los arquetipos principales que atraviesan esta obra.

Neruda evidencia una inclinación por lo femenino como una búsqueda, casi en un sentido alquímico. Símbolos como la rosa, la amada, la luna y la tierra, devienen intercambiables e identificables.

"... suben tus hombros como dos colinas..."

"...mido penas los ojos más extensos del cielo / y me inclino a tu boca para besar la tierra."

Esta amada es la que encierra el sentido, la verdad, la sabiduría, y que hace de su aparición, de su contacto con el poeta, un suceso de teofanía.

En la historia de la humanidad, la amada aparece como guía. Así era entendida la amaxia uxoris de los caballeros andantes, o la pistis—sophia de los alquimistas, o Atenea-Minerva para los filósofos de la antigüedad (poeta y filósofo se confunden en la noche de los tiempos, pero concederemos la distinción desde Homero y Hesíodo en adelante).

Inspiración y atracción a lo que se intuye está más allá, esto es la amada.

Relacionada con la leyenda del Grial o Graal, la copa magnífica, que opera una torsión en la herencia del pensamiento dualista, lógico—matemático, sometido a una lógica del todo o nada, que termina por hacernos renegar de la realidad —sensible o de la experiencia- siempre paradojal, que estructura los proyectos de pensamiento desde un pensamiento dialéctico, significando dicha torsión, un tratamiento diferente de lo complejo de la realidad. Así, al revisar el bagaje de textos antiguos que dan noticias de los arquetipos fundantes, tal como lo son la amada y/o el graal, nos entregamos a una cierta humildad epistemológica, poniendo al mito como motor de la reflexión.

El graal-amada aparece vertebrando la obra de Neruda, y en su etimología remite a los mismos tópicos con que el poeta nos envuelve.

Graal, lleva en sí la idea de vaso, de copa —del. griego krátera, y del latín, cratalem— se lo asocia además a la idea de fuente, de entrada subterránea, de gruta, y desde la etimología germana, a la idea de tumba -graben, creuser- participando así de estructuras de significación más amplias, que dicen relación con la nutrición, con la intimidad y lo místico.

El campo semántico de estos arquetipos es aún mayor, graal tendría relación con el vocablo provenzal gradale —libro-, así se referiría a la palabra perdida, la palabra original que se debe buscar, que por lo tanto conmina a una búsqueda. Este libro podría ser el Gran Libro de la Naturaleza de los alquimistas, el Liber Mundi, donde está la revelación del mundo. En el Apocalipsis de Juan se puede igualar al Arbol de la Vida.

Neruda no está lejos de este discurso: En El Alfarero, "Todo tu cuerpo tiene / copa o dulzura destinado a mí."

O en 8 de Septiembre, "Hoy, este día fue una copa plena", el momento y la verdad dicha y vivida, kairos-logoi.

La tierra se iguala al mar, los elementos se mezclan, se confunden y desdibujan en un proceso heurístico inconsciente pero apasionado a la vez. Pasos de ciego, caminar de sonámbulo.

"Hoy el mar tempestuoso / nos levantó en un beso / tan alto que temblamos / a la luz del relámpago..."

En el momento de la revelación, o de la develación del ser, aparece el andrógino anunciándole: "Hoy nuestros cuerpos se hicieron extensos, / crecieron hasta el límite del mundo y rodaron fundiéndose / en una sola gota / de cera o meteoro."

Estas últimas dos palabras, cera y meteoro, son elementos que representan lo diurno y lo nocturno, el sol y la luna, lo seco y lo húmedo; caminos paralelos para llegar a la verdad.

El régimen diurno representa la estructura heroica, la idealización, la exclusión de los contrarios. "Es el mundo de la búsqueda de la pureza, de la luz, de la escención heroica hacia la meta ideal, mundo de héroes y paladines que la imagen de la espada ilustra. Conecta el símbolo monárquico del cetro, el águila y todo cuanto permite esca1ar."

Hay referencia a la organización patriarcal —dicho sea de paso es el Padre, la autoridad— que este régimen sustenta neutralizando el matriarcado original con imágenes oscuras y temporales que se concretan en imágenes de la gran diosa terrible —tempestad, montaña- la feminidad destructora y devoradora.

Este régimen, siguiendo a Alain Verjat, sustentaría las filosofías de Descartes y Platón, que se basan en el estatismo de la trascendencia opuesta al fluir temporal, en la distinción de la idea terminada y precisa, en el maniqueísmo originario del día y la noche, de la luz y las tinieblas, del bien y el mal...

Durand lo llama visión esquizomorfa, sistema que termina por entregar una visión mecanizada del universo, ya que lleva la antítesis yo-mundo hasta sus extremos.

Esto lleva al pensador al cansancio, al agotamiento; le inyecta un deseo de lo femenino, de lo nocturno, del descanso.

Así, "al régimen nocturno do la imagen, compuesto por las estructuras sintéticas (diseminatorias) o dramáticas, de la coincidencia de los contrarios, la dialéctica de los antagonistas y el progresismo cíclico, cuyo principio es el de la causalidad" (...) "y las estructuras místicas o antifrásticas, estructuras de repetición y perseverancia, de realismo sensorial y de gulliverización", regida esta última por los principios de analogía y semejanza. El régimen nocturno es el confundir y el unir, es el mundo de la luna, de la cruz, del fuego de la intimidad.

"... el mundo del andrógino, de la madre original, de la cuna, de la nave mortuoria, de la caverna y de todos los símbolos de intimidad, de ciclo y de penetración."

Es claro que Neruda termina por adscribirse a este último, pero no se trata aquí de exclusiones, sino más bien de un cambio de valor de los símbolos. El regreso a la Gran Madre Primordial, a la feminidad no terrible, es el retorno a la unidad perdida; los signos diurnos se invierten: la caída angustiosa pasa a ser un descenso voluptuoso, y las tinieblas pavorosas, en noche dadivosa, la luz pura y cegadora, en irisación de colores: el mundo de lo analítico -y esto es de capital importancia en lo que va de nuestro análisis—, de la unidad que quiere valores seguidos y sentidos inmutables, dan paso al mundo de la intimidad, de la fusión, de la polisemia, de la síntesis.

El pensamiento solar –diurno- es denotativo y reductor en tanto que el nocturno –lunar- está próximo a los lenguajes no verbales, y designa las cosas por analogía, es así que su mundo es la metáfora.

Aparecen vinculadas la tierra y la amada, el graal y la piedra filosofal, en una estructura tan vasta como las ya nombradas: el andrógino. En los versos del poema El Alfarero dice lo siguiente: "Tus rodillas, tus senos / tu cintura / faltan en mí como el hueco / de una tierra sedienta / de la que desprendieron / una forma, / y juntos / somos completos como un solo río / como una sola arena."

Los elementos, el aire, la tierra, el agua y el fuego, van a ser la materia prima de la búsqueda, de la hermeneusis, del logos.

Neruda evidencia en su poesía la tarea del hermeneuta, del buscador:

"Cuando no puedo mirar tu cara / miro tus pies."

Este poema, Tus Pies, es una sublimación bastante curiosa del oficio interrogativo del filósofo, del científico o del antiguo alquimista. En este sentido, apela a los elementos para encontrar la verdad, que esquiva y evade los acercamientos directos.

El fuego, la tierra, el agua y el aire están claramente definidos: "la duplicada / púrpura de tus pezones", "tu cabellera roja", rojo, fuego; ...pero no amo tus pies / sino porque anduvieron sobre la tierra...", obvio, la tierra; "... y sobre / el viento y sobre el agua / hasta que me encontraron", el aire y el agua.

En su poema Tu Risa, se vislumbra un momento de la búsqueda: el de la iniciaci6n, la antigua vela de las armas. El honor es la salvación, y la salvación es atributo de la palabra, del logos.

Y, ¿qué es lo que busca Neruda?

La tierra, la mater—terra, la Pachamama de los antiguos habitantes de los Andes, la patria; la aprehensión de un fundamento que haga soportable el ser en el mundo, que deviene la tarea filosófica por excelencia.

Ahora que se identifica el objetivo, se llega a él por la guía de lo femenino, camino difícil, de batallas y revoluciones, la antigua polemos, la guerra santa, la revolución del Capitán que se inspira en su amada para luchar por los suyos...

La búsqueda a partir de lo femenino, lo difícil de alcanzar el grial, la elección de la copa entre muchas, que sólo alguien puro de corazón podrá reconocer: "Detrás de todas de voy / Pero a ti, sin moverme, / sin verte, tú distante, / van mi sangre y mis besos..."

La cita anterior es parte de un poema central en la obra nerudiana, por lo tanto lo es también de Los Versos del Capitán. En dicho poema, la mujer, lo femenino, es un principio multisemántico, es decir, se desborda y se multiplica al infinito; hace de su ser único, una mónada, un espejo del universo. El poeta intuye la verdad, en la persona de la mujer correcta, verdadera y única.

Los poemas La noche en la isla y El viento en la isla, representan lo que ya hemos señalado en forma aún más evidente: "... tal vez muy tarde / nuestros sueños se unieron / en lo alto o en el fondo, / arriba como ramas que un mismo viento mueve, / abajo como rojas raíces que se tocan." Coincidencia de opuestos en la imagen del Árbol, del Ydragsil —el Arbol más viejo del mundo que florecerá en el momento que el mundo salga do su ciclo de decadencia-, del Árbol de la Vida, los regímenes diurno y nocturno en la misma vocación.

Se insinúa un retorno al origen en la persona de lo femenino: "...lo que ahora /-pan, vino, amor y cólera- / te doy a manos llenas / porque tú eres la copa / que esperaba los dones de mi vida." Frente a este último verso el análisis es casi superfluo.

En el reflexionar, el poder del hombre es insuficiente para abarcar toda la verdad que le es revelada, es graficado en su poema La Infinita: "Ves estas manos? Han medido / la tierra (...)" "... no alcanzan a abarcarte / se cansan alcanzando / las palomas gemelas / que reposan o vuelan en tu pecho..."

Y la búsqueda, cristaliza en estos versos: "En ese territorio, / de tus pies a tu frente, / andando, andando, andando, / me pasaré la vida."

Otros poemas de la primera parte continúan dando muestras de lo que, hasta aquí, se nos muestra como evidente. En Bella, las figuras del graal, de la mujer-verdad, se relaciona con el obrar alquímico: "con un nido de cobre enmarañado / en tu cabeza, un nido / color de miel sombría / donde mi corazón arde y reposa, / bella."

Las insinuaciones cosmogónicas del poema El Hijo, y la sabiduría que trasuntan los versos de La Tierra, basten para sostener la sentencia inicial, a saber, que la poesía de Neruda implica contenidos filosóficos, por cuanto juega con arquetipos, con estructuras de lo imaginario que reflejan inquietudes fundantes para el hombre, y a la vez, indican el camino a seguir en la satisfacción de esa carencia.

En el poema Ausencia: "Apenas te he dejado, / vas en mí, cristalina, / o temblorosa, / o inquieta, herida por mi mismo / o colmada de amor, como cuando tus ojos / se cierran sobre el don de la vida / que sin cesar te entrego", la búsqueda se ve coronada con logros, con aprehensiones, que sin embargo, siempre son insuficientes.

Esta carencia, o insuficiencia, se materializa en la figura del andrógino, el deseo de completar lo que falta, de saciar la carencia, de culminar con éxito la empresa humana.

Neruda ubica al deseo en su segunda parte, aunque no hay una apropiación de elementos distintos a los ya referidos, sean estos el graal: "bebo tu sangre" la iniciación que se mezcla al devenir, al tiempo: "Y me quedo velando / por años en la selva / tus huesos, tu ceniza,/ inmóvil, lejos / del odio y de la có1era..."

En la sección titulada Las Furias, pasa lo mismo, a saber, de cómo el iniciado reconoce su verdad de entre muchas, y cómo el dolor de separarse de la matriz, la caída, la expulsión del paraíso, obran de motor en la voluntad de la búsqueda. Y quien rige esta búsqueda es el principio femenino, pues el poema que indica lo anterior se llama El Amor.

La unidad del libro lo da el poema La Pregunta: "Amor, una pregunta / te ha destrozado / Yo he regresado a ti / desde la incertidumbre con espinas."

Todo el régimen nocturno desbordándose -en la poesía nerudiana- se perfila claramente como una ontología, ya que su búsqueda a partir de las estructuras analizadas interroga por el ser de las cosas, por el Ser mismo.

En Oda y Germinaciones y en La Carta en el Camino, el decir poético se revela al estilo de los presocráticos, al estilo de Homero o de Hesíodo, al estilo de los dioses que escribieran el Popol-Vuh: "... como la tierra seca el agua trae / germinaciones que no conocía / o a los labios del cántaro olvidado / sube en el agua el gusto de la tierra? / No sé, no me lo digas, no lo sabes. Nadie sabe estas cosas." ".. .yo no pido a la noche / explicaciones / yo la espero y me envuelve."

Así, para concluir, si pensamos en cualquier hombre que escape a la banalidad, es decir, del monopolio obsesivo y bloqueante de un único régimen de imágenes, se da una guerra de dioses, entendida como la oscilación de su universo poético y filosófico entre varios mitologemas antagónicos. En Neruda aparece la búsqueda como el desarrollo sintético de ésta, y como el enfrentamiento heroico del justiciero y del justiciable.

El libro Los Versos del Capitán está estructurado como la prefiguración del paso de una visión a otra, del retorno a la mater—terra, el vientre materno, a lo femenino... Y quizá el inicial anonimato de la obra está justificado por esa embriaguez de ambigüedad que representa el régimen nocturno, telúrico, femenino.

Javier Zúñiga Vega

Literatura prehispánica en el Perú

Literatura prehispánica en el Perú

Clasificamos dentro de "Literatura prehispánica en el Perú" a toda aquella obra literaria creada antes de la llegada de los españoles al Perú (1492). A pesar de que el Imperio Incaico no tuvo escritura sí se cultivó la literatura oral. Todas las obras eran contadas de padres a hijos como una tradición de la misma manera que se aprendía a trabajar la tierra y otros oficios.

En líneas generales podemos decir que los temas principales estuvieron relacionados con los dioses, la agricultura y la vida en sus comunidades o ayllus. Además, los autores de las obras no son, ni fueron conocidos y toda la obra que conocemos fue recopilada por los cronistas de la época colonial.

1.- Literatura épica: una de las características principales de los Incas era que conservaban algunas tradiciones de las culturas antiguas. En sus obras narran recuerdos de algún hecho histórico pero "adornado" con hechos imaginarios, y es ahí donde está el valor literario.

a) Cantares serranos: El mito de Pacaritamu, Leyenda de Manco Cápac y Las hazanas de los Incas.
b) Cantares costeño-serranos: El mito de la creación o de la Illa- Tici- Viracocha y La leyenda de Tumbe.
c) Cantares costeños: El mito de Kon, El mito de Vichama y La leyenda de Naylamp.

2.- Lírica quechua: no es una poesía singular sino de comunidad cuyos temas principales son el culto a la tierra, celebración del éxito militar, el culto a los dioses. En los tiempos más antiguos se solía acompañar de música.

Ejemplo:

"Kayllallapi
puñanki
chaupi tutan
hamurayki"

Al cantito
dormirás
media noche
yo vendré

a) Lírica coral, el "Haylli": eran expresiones alegres que presidían festejos religiosos, militares o campesinos. Se o recitan en coro.

-Tema religioso:

"Yo soy rico en plata,
yo soy rico en oro;
de Viracocha, el creador,
yo soy su adorador".

-Tema militar:

"Beberemos del cráneo del traidor;
de sus huesos haremos flautas;
de sus piel haremos un tambor;
usaremos sus dientes en un collar;
después bailaremos".

b) Lírica íntima, el "Harawi": es la poesía popular. Tiene los siguientes subgéneros:

-Aymoray: canto de las siembras y de las cosechas. Ambiente campesino.

-Huacataqui: composición pastoral. Figuras de animales domésticos.

-Urpis: amor a la familia, tierra y hogar; es nostálgica, lamentosa por el sentimiento de los indígenas que tenían que marcharse de su pueblo para ir a trabajar a otro, pero con esperanza de volver al hogar:

"Con el fuego sagrado
llegará el día de reunirnos
entonces con nuestros amigos
tendremos fiesta y alegría".

-Elegías: se distinguen dos tipos de composiciones, el "ayataqui" que es el canto de la muerte y el "wanka" que es la expresión del dolor ante la muerte. Ejemplo de wanka:

"¿Qué arbol me prestará ahora su sombra?
¿Qué cascada me dará su canción?
¿Cómo he de poder quedarme tan solo?
El mundo será un desierto para mí".

-Aranway: composición sarcástica, irónica, burlesca.

-Wawaki: se recitaban en las festividades de la Luna, se aprecia un refinamiento poético dentro de las expresiones campesinas.

3.- Literatura dramática: algunas obras se representaron en rituales ofrecidos a dioses. Los argumentos variaron según el tipo de obra:

-Tragedias: hazañas militares, sus batallas y victorias; proezas y glorias de soberanos y héroes pasados.

-Comedias: agricultura, labores del campo, cosas del hogar y de la vida de familia.

Una de las obras más famosas se llama "Ollantay".

Paula Budge

Amor, ya no te extraño

Amor, ya no te extraño, porque siempre te encuentro
en la nube viajera, en el astro distante,
en el rumor del mar, en el viviente centro
de la flor que eclosiona, en el áureo levante.

Amor, ya no te busco, porque te llevo dentro
con la impasible luna, con el sol abrasante,
con el fulgor de afuera y la sombra de adentro,
la inmortal siempreviva y el azahar fragante.

Estás conmigo siempre: te tenga o no te tenga,
te siento al lado mío, aunque te encuentres lejos,
en el fondo del alma, bien que no te retenga,

para advertir entonces, recién, de la medida
en que te quiero ahora, que vamos para viejos.
Mi cariño traspasa los bordes de la vida.

Marilina Rébora

Estaba tan ocupado...

Estaba tan ocupado...

Estaba tan ocupado con las actualizaciones de su página web, que descuidó actualizar su propia vida: dejó de frecuentar a los amigos, se ocupaba cada vez menos de sus hijos y, sobre todo, olvidó decirle que la quería. Apenas dirigía miradas fugaces a aquellos ojos que antes le encendían el alma, dejó de actualizar los besos, que se hacen viejos tan pronto, y no alimentó de ninguna manera las ilusiones que un día compartieron. Y cuando quiso actualizar su vida, había olvidado la contraseña de acceso. Y los amigos, los hijos, y sobre todo ella, sólo le devolvían mensajes de error que le instalaron, primero en la confusión, y después en la profunda locura.

Víctor M. Juan Borroy

Espantapájaros

Espantapájaros

No sé, me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso si! - y en esto soy irreductible- no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretenden seducirme! Está fue -y no otra- la razón de que me enamorase, tan locamente, de María Luisa. ¿Que me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos? ¿Que me importaban sus extremidades de palmípedo y sus miradas de pronóstico reservado? ¡María Luisa era una verdadera pluma! Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina, volaba del comedor a la despensa. Volando me preparaba el baño, la camisa. Volando realizaba sus compras, sus quehaceres... ¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando, de algún paseo por los alrededores! Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado". ¡María Luisa! ¡María Luisa!...y a los pocos segundos, ya me abrazaba con sus piernas de pluma, para llevarme, volando, a cualquier parte. Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia que nos aproximaba al paraíso; durante horas enteras nos anidábamos en una nube, como dos ángeles, y de repente, en tirabuzón, en hoja muerta, el aterrizaje forzoso de un espasmo. ¡Que delicia la de tener una mujer tan ligera... aunque nos haga ver, de vez en cuando las estrellas! ¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes... la de pasarse las noches de un solo vuelo! Después de conocer a una mujer etérea, ¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre? ¿ Verdad que no hay una diferencia sustancial entre vivir con una vaca o con una mujer que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo? Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la seducción de una mujer pedestre, y por más empeño que ponga en concebirlo, no me es posible ni tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor más que volando.

Oliverio Girondo

Palabras para Julia

Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.

Hija mía, es mejor vivir
con la alegría de los hombres,
que llorar ante el muro ciego.

Te sentirás acorralada,
te sentirás perdida o sola,
tal vez querrás no haber nacido.

Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto,
que es un asunto desgraciado.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

Un hombre solo, una mujer
así tomados, de uno en uno,
son como polvo, no son nada.

Pero yo cuando te hablo a ti,
cuando te escribo estas palabras,
pienso también en otros hombres.

Tu destino está en los demás,
tu futuro es tu propia vida,
tu dignidad es la de todos.

Otros esperan que resistas,
que les ayude tu alegría,
tu canción entre sus canciones.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.

La vida es bella, tú verás
como a pesar de los pesares
tendrás amor, tendrás amigos.

Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.

Perdóname, no sé decirte
nada más, pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.

Y siempre, siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

José A. Goytisolo

El ojo pineal (fragmento)

El ojo pineal (fragmento)

Está claro que el mundo es puramente paródico, es decir, que cada cosa que miramos es la parodia de otra, o incluso la misma cosa bajo una forma engañosa.
Desde que las frases circulan en los cerebros ocupados en reflexionar, se ha procedido a una identificación total, ya que, con la ayuda de una cópula, cada frase liga una cosa a otra; y todo estaría visiblemente ligado si se abarcara con una sola mirada el trazado, en su totalidad, que deja un hilo de Ariadna, conduciendo el pensamiento en su propio laberinto.
Sin embargo, la cópula de los términos no es menos irritante que la de los cuerpos. Y cuando grito: SOY EL SOL, me sobreviene una erección completa, pues el verbo ser es el vehículo del frenesí amoroso.

Todo el mundo es consciente de que la vida es paródica y necesita una interpretación.
Así, el plomo es la parodia del oro.
El aire es la parodia del agua.
El cerebro es la parodia del ecuador.
El coito es la parodia del crimen.

El oro, el agua, el ecuador o el crimen pueden enunciarse indiferentemente como el principio de todas las cosas.
Y si el origen no se asemeja al suelo del planeta que parece ser la base, sino al movimiento circular que el planeta describe alrededor de un centro móvil, un coche, un reloj o una máquina de coser pueden aceptarse igualmente como principio generador.

Los dos movimientos principales son el movimiento rotativo y el movimiento sexual, cuya combinación se expresa mediante una locomotora compuesta de ruedas y de pistones.
Estos dos movimientos se transforman uno en otro recíprocamente.
De este modo constatamos que la tierra al girar hace copular a los animales y a los hombres, y (como lo que resulta es también la causa de lo que provoca) que los animales y los hombres hacen girar a la tierra copulando.
La combinación o transformación mecánica de estos movimientos es lo que los alquimistas buscaban bajo el nombre de piedra filosofal.
Como consecuencia de esta combinación de valor mágico, la situación actual del hombre está determinada en medio de los elementos.

Un zapato abandonado, un diente cariado, una nariz demasiado corta, el cocinero escupiendo en la comida de sus señores, son al amor lo que el pabellón es a la nacionalidad.
Un paraguas, una sexagenaria, un seminarista, el olor de los huevos podridos, los ojos penetrantes de los jueces, son las raíces por las que el amor se nutre.
Un perro devorando el estómago de una oca, una mujer ebria que vomita, un contable que solloza, un tarro de mostaza, representan la confusión que sirve al amor de vehículo.

A un hombre situado en medio de los otros hombres le irrita saber por qué él no es uno de los otros.
Acostado en una cama junto a una chica que ama, olvida que no sabe por qué es él, en lugar de ser el cuerpo que toca.
Ignorándolo todo, sufre a causa de la oscuridad de la inteligencia, que le impide gritar que él mismo es la chica que olvida su presencia agitándose en sus brazos.

El amor, o la cólera infantil, o la vanidad de una heredera de provincia, o la pornografía clerical, o el solo de una cantante, hacen divagar a los personajes olvidados en apartamentos polvorientos.
Se esforzarán en buscarse ávidamente unos a otros: nunca encontrarán más que imágenes paródicas y se dormirán tan vacíos como los espejos.

La chica ausente e inerte que está suspendida en mis brazos, sin hacerme ilusiones, no me es menos extraña que la puerta o la ventana a través de la (s) que puedo mirar o pasar.
Encuentro la indiferencia (que le permite abandonarme) cuando me duermo por incapacidad de amar los acontecimientos.
Le es imposible saber a quién encuentra cuando la estrecho porque ella representa obstinadamente un completo olvido.
Los sistemas planetarios, que giran en el espacio como rápidos discos y cuyo centro se desplaza igualmente describiendo un círculo infinitamente más grande, se alejan continuamente de su propia posición para volver a ella acabando su rotación.
El movimiento es la figura del amor incapaz de detenerse sobre un ser en particular y pasando rápidamente de uno a otro.
Aunque el olvido, que así lo condiciona, no es más que un subterfugio de la memoria.

Un hombre se levanta tan bruscamente como un espectro sobre un ataúd y se acuesta de la misma manera.
Vuelve a levantarse algunas horas después y se acuesta de nuevo y continúa así cada día: este gran coito con la atmósfera celeste está regulado por la rotación terrestre frente al sol.
Así, aunque el movimiento de la vida terrestre esté acompasado por esta rotación, la imagen de este movimiento no es la tierra que gira, sino la verga penetrando a la hembra y saliendo de ella casi por completo para volver a penetrar.

El amor y la vida parecen individuales sobre la tierra sólo porque en ella todo se rompe por vibraciones de amplitud y duración diversas.
Sin embargo, no existen vibraciones que no estén conjugadas con un movimiento circular continuo, lo mismo que la locomotora que rueda sobre la superficie de la tierra, imagen de la metamorfosis continua.
Los seres sólo mueren para nacer a la manera de los falos que salen de los cuerpos para volver a penetrarlos.
Las plantas se elevan en la dirección del sol y se acuestan a continuación en la dirección del suelo.
Los árboles erizan el suelo terrestre de una cantidad innumerable de floridas vergas apuntando hacia el sol.
Los árboles que crecen con fuerza acaban quemados por el rayo, talados, o desarraigados. Devueltos al suelo, se elevan idénticamente con una forma distinta.
Y su coito polimorfo está en función de la uniforme rotación terrestre.
La imagen más simple de la vida orgánica unida a la rotación es la marea.
Del movimiento del mar, coito uniforme de la tierra con la luna, procede el coito polimorfo y orgánico de la tierra y el sol.
Sin embargo, la primera forma del amor solar es una nube que se eleva por encima del líquido elemento.
La nube erótica se torna a veces tormenta y vuelve a caer a la tierra en forma de lluvia, mientras el rayo desfonda las capas de la atmósfera.
La lluvia vuelve a elevarse pronto en forma de planta inmóvil.

La vida animal procede en su totalidad del movimiento de los mares, y en el interior de los cuerpos la vida continúa emergiendo del agua salada.
El mar ha jugado así el papel del órgano hembra que se licúa bajo la excitación de la verga.
El mar se masturba continuamente.
Los elementos sólidos que contiene, removidos por el agua animada de un movimiento erótico, resplandecen en forma de peces voladores.

La erección y el sol escandalizan lo mismo que el cadáver y la oscuridad de las cuevas.
Los vegetales se dirigen uniformemente hacia el sol y, por el contrario, los seres humanos, aunque sean faloides como los árboles, en oposición al resto de los animales, desvían necesariamente los ojos.
Los ojos humanos no soportan ni el sol, ni el coito, ni el cadáver, ni la oscuridad, sino con reacciones diferentes.

Cuando tengo el rostro inyectado en sangre, se torna rojo y obsceno.
Traiciona al mismo tiempo, por mórbidos reflejos, la sangrienta erección y una sed exigente de impudor y de desenfreno criminal.
Por eso no temo afirmar que mi rostro es un escándalo y que mis pasiones sólo puede expresarlas el JÉSUVE.
El globo terrestre está cubierto de volcanes que le sirven de anos.
Y aunque este globo no devore nada, a veces arroja al exterior el contenido de sus entrañas.
Ese contenido surge estrepitosamente y vuelve a caer chorreando por las pendientes del Jésuve, sembrando por todas partes el terror y la muerte.

En efecto, los movimientos eróticos del suelo no son fecundos como los de las aguas, pero son mucho más rápidos.
La tierra se masturba a veces con frenesí y sobre su superficie todo se desploma.

El Jésuve es, así, la imagen del movimiento erótico, dando por fractura a las ideas contenidas en la mente la fuerza de una erupción escandalosa.
Aquellos en los que se acumula la fuerza de erupción se sitúan necesariamente abajo.
Los obreros comunistas parecen a los burgueses tan feos y tan sucios como las partes sexuales y velludas o partes bajas: tarde o temprano tendrá lugar una erupción escandalosa en el curso de la cual las cabezas asexuadas y nobles de los burgueses serán cortadas.

Desastres, las revoluciones y los volcanes no hacen el amor con los astros.
Las deflagraciones eróticas revolucionarias y volcánicas están en antagonismo con el cielo.
Lo mismo que los amores violentos, se producen quebrantando la fecundidad.
A la fecundidad celeste se oponen los desastres terrestres, imagen del amor terrestre incondicional, erección sin fin ni regla, escándalo y terror.

El amor exclama así en mi propia garganta: soy el Jésuve, inmunda parodia del sol tórrido y cegador.

Desearía ser degollado violando a la chica a quien hubiera podido decir: eres la noche.
El Sol ama exclusivamente la Noche y dirige hacia la tierra su violencia luminosa, verga innoble, pero se encuentra en la incapacidad de conmover la mirada o la noche, aunque las nocturnas extensiones terrestres se dirigen continuamente hacia la inmundicia del rayo solar.

El anillo solar es el ano intacto de su cuerpo a los dieciocho años, al cual nada tan cegador puede compararse, con la excepción del sol, aunque el ano sea la noche.

Georges Bataille

El papel tenía un precio

El papel tenía un precio

Es curioso que nos quieran colar que los periódicos en Internet deberían ser de pago cuando a nadie se le ocurriría poner una radio online sintonizable a través de una suscripción anual. El argumento "lo que se cobra offline hay que cobrarlo online" es tan estúpido como su enunciado opuesto. En la Red no hay papel, ni habrá periódicos. Es otro medio, otro canal, otra cosa... con unas reglas de juego que están por inventar. Pero hay quien insiste en cobrar por el papel en Internet, aunque en la Red no haya papel.

A las personas que se muestran escépticas con las posibilidades de éxito de los modelos de negocio basados en el cobra-hoy-lo-que-reagalaste-ayer-y-que-se-encuentra-por-todas-partes se las tacha de 'ilusas', 'utópicas', 'hippies', 'imbéciles' e incluso de 'gurús'. Un argumento habitual a utilizar contra el 'visionario' de Internet que asegura que es complicado vender agua salada en medio del mar es preguntarle si sus hijos no gastan pañales, si no paga alquiler o si, en fin, vive del aire. Lo curioso es que los que se llenan la boca con un "¡no regales tu trabajo, leñes!", jamás se lo espetarían al locutor de radio o al productor de televisión. Nadie imagina a una horda de financieros/inversores/empresarios/consultores acorralando a Gabilondo contra la pared, preguntándole, mientras castigan su iris con una bombilla de 300W, por qué diantres no hace pagar a todos sus radioyentes.

La tele, mayormente, no cobra (y nadie se queja); no se conoce un oyente abonado a un programa de radio; la gente paga al quiosquero a cambio de un puñado de hojas manchadas con tinta. Eso es la ley de la calle... En esto que llega Internet y la gente se despista, pierde el norte y, cuando se quiere dar cuenta, ya nada es lo que era. Las ondas de radio y la señal de TV no cuestan nada (directamente) al consumidor de medios; el papel de los diarios, sí. Si lo que se quiere es trasladar a la Red de una forma un tanto simplista el negocio tradicional, los defensores del cobro por contenidos deberían repensar sus argumentos.

Si el diario pasa factura al lector porque necesita talar árboles y alquilar grandes imprentas para elaborarse, y sigue recibiendo una buena cantidad de dinero de la publicidad, quizá no encuentre justificación para ponerse precio en Internet. Digamos que se trata de dar la vuelta al argumento de 'paga on lo que siempre has pagado off' —si la tele no se paga en el salón, tampoco se paga en Internet; y si el periódico se paga en la calle, hay pagarlo siempre—, por el de... Internet todo lo cambia, quieras o no. Y ahora empezamos a hablar de información, no de medios. No es un periódico/TV/radio accesible a través del ordenador. Se trata de un nuevo canal (medio), situado en el mismo plano —al menos desde el punto de vista del consumidor de información— que los demás.

Los dinosaurios de los medios (o los medios dinosaurios) tratan de implantar un chip al personal en el que han grabado "en la Red te informarás en un periódico" (en el de siempre, si puede ser) y "pagarás por él como siempre has hecho". Pues sí: leerás las noticias en la edición digital de un periódico, pero también en la de una revista, o en un portal, un weblog, un grupo de noticias, una cadena de televisión, un boletín electrónico... o a través de un robot que clasifica automáticamente 4.000 fuentes de información.

Pero siempre hay que volver a lo básico: las empresas son entes que necesitan ganar dinero para subsistir. Pues bien les valdría a esas empresas de medios decirle a sus 'fieles' que necesitan su dinero para salir adelante en vez de utilizar falaces argumentos tales como que el lector de papel no puede cargar a su espalda con el de pantalla.

Si cobran su producto informativo en la Red con éxito es porque el lector lo aprecia, lo quiere tener, no lo encuentra en otro lugar y está dispuesto a pagar por él. Pero quizá no sea una buena forma de empezar cobrar dos veces por el mismo producto: es injusto que el suscriptor que recibe el ejemplar en casa no pague en la web, pero sí el que lector fiel que hace el esfuerzo de acercarse cada mañana al quiosco.

En estos dimes y diretes que irán enfocando el modelo de negocio de los medios online del futuro, tenemos, gracias a Dios, de todo. El País (¡bendito sea!) ha tenido los redaños de lanzarse a una piscina vacía; de echar la caña con un gusano en el anzuelo en un mar en el que no hay sitio para tanto cebo. Bienvenido sea su previsible batacazo, porque será él el que se lo pegue (y no nosotros). O su éxito, que nos hará reconocer humildes que estábamos equivocados, y que la Red es suya (y no nuestra).

Cuatro puntos más razonable, su competidor El Mundo se adelantó a cobrar por sus contenidos, pero sólo por el 'papel': la copia electrónica de los contenidos del diario y el archivo histórico serán de pago, pero no el 85% de la web, que es todo lo que no es papel volcado: Internet.

Y luego quedan los de free for ever, que nacen, crecen, se reproducen y, mayor y lastimeramente, mueren. Entre ellos están los modelos de negocio del trabuco: págueme usted por este banner o verá lo que cuento en mi edición de mañana. Los hay que viven sin vivir en ellos, en los que la fe y el tiempo libre suplen a las nóminas de fin de mes. Y están también, digamos en el extremo opuesto a gente como la de El País, los que quieren ofrecer al pueblo información libre y gratuita, siempre que no sea suya, o sea, que no tengan que desembolsar un duro para producirla. Así cualquiera regala.

Iñaki I. Rojo

Situaciones

Con cierta gente,
uno se siente incómodo
como cuando tiene arena en el espinazo
o un clavo en la bota
y busca la puerta de salida con urgencia.

Con otra gente,
uno estira las piernas -se afloja-
enciende un cigarrillo
lee un verso
se agarra de las mechas por ideas políticas,
habla del hijo que se engendró una vez
entre girasoles,
recibe un puñete de frente,
lo devuelve,
come pan
y duerme en la misma pieza.

Por suerte
ésta última es la mayoría.
Todo es cuestión de encontrarse.

Delia Domínguez