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03/02/2005

Alas de mariposa

De su cadáver
salían gusanos luminosos
y crecían sendos tulipanes negros.

Sólo un recorte de un viejo periódico sensacionalista
hacía recordar que años atrás
un desconocido poeta
se había suicidado
cortando sus venas con alas de mariposa
luego de inhalar por horas
el suave polvo de sus alas.

Esteban Gómez
03/02/2005 09:57 Permalink. Tema: Versos actuales

Carta imposible a Adolfo

bot 19.gifAdolfo:

Más de media vida llevamos juntos y, sin embargo, atendiendo a los últimos tiempos en que la apatía ha degradado aquel sentimiento eterno a un contrato vitalicio que tú y yo decoramos con buenos modales, podríamos concluir en que cada día que transcurre es un témpano de hielo que se incorpora al ya grueso muro de nuestro recíproco distanciamiento, tan espeso que no sólo nos ha arrebatado las ganas de atravesarlo para de nuevo encontrarnos uno en el otro, sino que incluso nos ha secuestrado el coraje para referirnos a él.

No es hora ya de buscar culpabilidades en este desaguisado, pues si lo hiciéramos seguro que nos encontraríamos enfrentados uno al otro con la mano en forma de pistola apuntando al contrario y, además, estoy convencida de que ninguno de los dos sentimos odio, rencor o afán de revancha por cuestiones que ahora, conforme pardean los colores del arco iris de cada cual, se tornan más y más irrelevantes. No es hora de atormentarnos en todo lo que pudo haber sido y no fue, o en lo que fue y no debió haber sucedido, ni de buscar en el fondo de nuestro desgastado baúl de las segundas oportunidades una nueva esperanza para esta convivencia de muerta paz que nos niega el derecho a volver a tomar parte en la ruleta del amor.

Adolfo, hemos de ser valientes para el dolor de escapar de este cloroformo que nos aisla de la esperanza, que en cada vuelta de reloj nos estrangula contra el silencio, contra la rutina, contra la mortaja que tenemos que abrir para, dignamente, enterrar este cadáver de incomunicación que nos está devorando a los dos, que en su imparable avanzar por los arabescos de la melancolía, terminará por hacernos olvidar los hermosos momentos en que tú y yo fuimos todo aquello que bien merecimos vivir y cuya memoria no podemos profanar cubriéndola de sucia hojarasca embarrada. Porque eso, Adolfo, sería negar que estuvimos vivos, que engendramos raudales de pasión y ternura para intercambiar sin fecha ni horario, para alimentar nuestra complicidad, para amortiguar los fracasos, para celebrar los triunfos, para creer y crecer uno en el otro...

Te escribo desde el amor Adolfo, aunque no puedo garantizarte por cuántas semanas más me será posible hacerlo. Te escribo antes de que la amargazón me gane la partida, antes de que me visite el pesimismo, antes de que los caprichos de la menopausia y los tópicos adheridos a este vocablo vengan a hincarme la espuela de su bandera. Te escribo porque el papel ha de ser el mensajero que hable por mí, el mediador que te plantee en mi nombre todo esto que tantas veces, apenas he esbozado una insinuación, me has obligado a callar, refugiándote en tu elegido silencio -y yo en el mío impuesto por tí-, como exquisito y cortés final a una conversación que, repetitivamente, no llegaba ni a nacer.

Vegetamos como si estuviéramos condenados a una perpetuidad que nos lastra los impulsos, como si fuéramos cangilones de la dictadura de un destino donde todo hubiera sido fijado de antemano. Pero la libertad hace ya mucho que golpea a nuestra puerta, Adolfo, y cuanto más sordos nos fingimos, con más calor redobla su latido multiplicándolo en una espiral que puede enloquecernos, que nos está aislando de participar plenamente de todo lo que nos rodea, de las páginas de nuestra historia que nos corresponden, de las sensaciones, de las sorpresas que en el amplio abanico que se extiende entre lo positivo y lo negativo, aguardan para tí y para mí.

Te quiero Adolfo, te quiero por lo que fuiste, por lo que ya no eres, por lo que puedes volver a ser en esta etapa que comenzamos por separado. Te quiero en esta carta de amor ya imposible, te quiero desde el respeto a las circunstancias que a partir de ahora decoren tu alma, desde lo que ya no se repetirá entre nosotros, desde la última ocasión ya olvidada en que nos amamos, desde aquella juventud que no renacerá hasta que no soltemos amarras, hasta que no recuperemos la valentía para luchar por la felicidad.

Se acabó el amor, Adolfo y para ninguno de los dos resultará fácil llenar el vacío que su ausencia deja en la trastienda, pero nada es tan letal como este morir sin fin en esta agonía de respiración asistida e interminable encefalograma plano. Sonriamos a la verdad, Adolfo, pongamos pie en el estribo y preservemos inmaculado el bagaje de lo mucho que nos quisimos y que ahora, cuando se baja el telón, cuando ya no restan más escenas en común para nosotros, yo deseo culminar con un apretado abrazo, como colofón de todo aquello tan grande y tan hermoso que un día ya bastante lejano existió entre los dos.

Francisca

Mª Victoria Trigo
03/02/2005 10:02 Permalink. Tema: Prosa actual

Recomendaciones para escoger un libro antes de quemarlo

bot 20.gif1.- Contar el número de palabras del título. A mayor cantidad, peor calidad.

2.- No leer nada sin antes ver la foto del autor. Seleccionar libros según el espesor de cejas del que lo ha escrito. La nariz también es buena guía. Aguileña, por ejemplo, puede equivaler a un libro inteligente pero demasiado erudito. Deseche a los autores que exhiben una dentadura demasiado cuidada. Esta recomendación es especialmente saludable para los que gustan de autores anteriores a la invención de la fotografía. Explica también por qué se lee menos a ese género de escritores.

3.- La presentación del texto es fundamental. Guíese especialmente por los volúmenes forrados en piel y con las rúbricas en letra pequeña. La ausencia de prólogos, garabateos biográficos y lisonjeos de portada anuncian por lo general una buena obra.

4.- Cuídese de autores con apellidos compuestos, pegados por un guión. Sirven sólo para subrayar que quien los lee es un plebeyo con sueños de grandeza.

5.- Descarte de entrada los libros en cuya tipografía abundan las negritas y los subrayados. La letra flaca y pequeña equivale siempre a un gran acierto.

6.- Por ningún motivo acepte páginas a dos columnas. La lectura de estas obras tiende a confundirse habitualmente con la Biblia.

7.- No olvide quemar todo una vez que haya leído. Esta es la única manera de asegurar que cada nueva lectura parezca la primera e invitar a que el lenguaje sea un hallazgo reciente. Este deseo puede leerse con mejor claridad en las palabras de Elías Canetti, publicadas en forma póstuma y rescatadas de sus últimas anotaciones:
..... "Aprender otra vez a hablar -dice-. A los cincuenta y siete años aprender no un idioma nuevo, sino aprender de nuevo a hablar. Tirar por la borda los prejuicios, aunque al final no nos quede nada. Leer otra vez los grandes libros, no importa si los leímos o nunca los leímos. Escuchar a la gente sin dar consejos, sobre todo a la que nada tiene que enseñarnos. No reconocer jamás a la angustia como un medio para la realización. Combatir a la muerte sin proclamar el combate. En una palabra: valor y honradez".

Pedro Galindo, del artículo "Un elogio a la ignorancia"
03/02/2005 10:15 Permalink. Tema: Artículos

Vida de Pedro Saputo

bot 21.gif"Vida de Pedro Saputo" la escribe Braulio Foz en 1844. En este año se editan cincuenta y una novelas en toda España, lo que constituye un récord hasta entonces. En estos años el romanticismo va cediendo a una nueva corriente realista. Los orígenes de nuestro personaje no están claramente definidos y andan entre una fuerte tradición oral viva y una figura literaria de héroe aragonés. La situación temporal de los hechos narrados no está determinada, aunque es clara una distancia en el tiempo entre la narración y los sucesos contados. Los pensamientos anticlericales de Braulio Foz los deja traslucir a lo largo de la obra, censurando la condición del clero y religiosos de ambos sexos de una manera persistente. La lengua usada tiene recuerdos de la narrativa del Siglo de Oro ("hablades", "estábades", "hacello", "e" en lugar de "y",...). Por otra parte, Braulio Foz utiliza un estilo ágil, directo, lleno de formas coloquiales que resulta eficaz para presentar y caracterizar a los personajes. También utiliza muchas voces con marcado carácter regional aragonés, empleando frecuentemente rasgos dialectales del habla local.

La gracia atrevida, traviesa y burlesca tiene amplia cabida en su narrativa. Es muy popular la retahíla de improperios que dedica a una anciana indiscreta que interrumpe la actuación de la tuna estudiantil a la que acaba de unirse nuestro personaje Pedro Saputo: "¡Vaya con Dios la elle, piltrafa, pringada, zurrapa vomitada, albarda arrastrada, tía cortona, tía cachinga, tía juruga, tía chamusca, pingajo, estropajo, zarandajo, trapajo, renacuajo, zancajo, espantajo, escobajo, escarabajo, gargajo, mocajo, piel de zorra, fuina, cagarruche, ...., sapo revolcado, jimia escaldada, cantonera, mocholera, cerrera, capagallos,...Y cesó tan alto perenne temporal de vituperios, porque la infeliz despareció de la vista" (lib.2,cap.X).

Nuestro personaje ama profundamente a su tierra, la quiere conocer directamente, visita lugares que la historia ha dejado recuerdos gloriosos (San Juan de la Peña, San Victorián, Sigena, Montearagón, El Pilar,...). El amor que Pedro profesa a su tierra queda patente en numerosas ocasiones en el fuerte sentimiento con el que describe sus paisajes: "¡Oh, montes de mi lugar! ¡Oh, peñas y fuentes, valles y ríos, ambiente, cielos, nubes y celajes conocidos...! ... ;pero halló el mismo amado cielo, el mismo amado suelo, la misma amada campiña, los mismos caminos, avenidas y ejidos que de niño recorrí; y era en fin, su lugar, era su pueblo, era su patria; y allí estaba su cuna y su casa donde se crió dulcemente" (lib2capXV).

La inteligencia del héroe es algo que si empieza en lo fabuloso, se atempera pronto a modos razonables, y si hubo un conato de mitificación inicial, sin entrar en el dominio de lo fantástico, Saputo puede convivir pese a la superioridad de sus grandes dotes, con los demás convecinos, de los que gana la admiración y comparte la vida. De lo que tampoco anda carente nuestro personaje es de sensibilidad, de amor a su tierra, a su paisaje, a su madre, a sus gentes, a sus recuerdos de niño. El final de la obra con la misteriosa desaparición del héroe deja la historia en los límites de lo mítico, la grandeza de Saputo no le permitía tener un final corriente al uso de los mortales.

Chusé
03/02/2005 10:16 Permalink. Tema: Ensayos

El querer

En tu boca roja y fresca
beso, y mi sed no se apaga,
que en cada beso quisiera
beber entera tu alma.

Me he enamorado de ti
y es enfermedad tan mala,
que ni la muerte la cura,
¡bien lo saben los que aman!

Loco me pongo si escucho
el ruido de tu charla,
y el contacto de tu mano
me da la vida y me mata.

Yo quisiera ser el aire
que toda entera te abraza,
yo quisiera ser la sangre
que corre por tus entrañas.

Son las líneas de tu cuerpo
el modelo de mis ansias,
el camino de mis besos
y el imán de mis miradas.

Siento al ceñir tu cintura
una duda que me mata
que quisiera en un abrazo
todo tu cuerpo y tu alma.

Estoy enfermo de tí,
de curar no hay esperanza,
que en la sed de este amor loco
tu eres mi sed y mi agua.

Maldita sea la hora
en que contemplé tu cara,
en que vi tus ojos negros
y besé tus labios grana.

Maldita sea la sed
y maldita sea el agua,
maldito sea el veneno
que envenena y que no mata.

En tu boca roja y fresca
beso, y mi sed no se apaga,
que en cada beso quisiera
beber entera tu alma.

Manuel Machado
03/02/2005 10:19 Permalink. Tema: Versos clásicos

Nezhits

bot 22.gifYo, pensativamente, delineaba con la pluma el contorno de la sombra circular y temblorosa del tintero. En un cuarto lejano sonaba un reloj, y a mí, el soñador, me pareció que alguien tocaba la puerta -primero suavemente, después más fuerte-; tocó doce veces seguidas y se detuvo expectante.

-Sí, aquí estoy, pase...

La manija de la puerta chirrió tímidamente, la llama de la lagrimosa vela se movió, y él emergió de la sombra rectangular -encorvado, gris, cubierto del polvo de la noche helada y estrellada...

Yo conocía su rostro. ¡Ay, hace tanto que lo conocía!

El ojo derecho permanecía todavía en la penumbra, el izquierdo me miraba temerosamente, alargado, verde-humo; la pupila era roja como un punto de herrumbre... Y ese mechón gris musgo en la sien, la ceja pálidamente plateada, apenas perceptible, y el ridículo pliegue de la boca sin bigote, ¡cómo excitaban y lastimaban vagamente mi memoria!

Me levanté -él dio un paso adelante.

El ralo abrigo estaba abrochado de una manera rara, como si fuera de mujer; en la mano sostenía un gorro -no, no era un gorro, sino un hatillo oscuro, mal hecho...

Sí, claro que lo conocía, quizá hasta lo había amado, sólo que no me podía acordar dónde y cuándo nos conocimos, y seguramente nos vimos a menudo, pues de otra manera no hubiera recordado tan bien esos labios rojos, las orejas puntiagudas, la graciosa nuez.

Con un amistoso susurro estreché su mano ligera y fría, toqué el respaldo del desvencijado sillón. Se sentó en la orilla y dijo de pronto:

-En la calle está horrible. Y decidí pasar. Pasé a verte. ¿Me reconoces? Tú y yo solíamos hacer travesuras juntos, gritábamos... Allá, en la patria... ¿Acaso lo olvidaste?

Su voz me cegó literalmente, mis ojos se llenaron de colores, la cabeza me dio vueltas; recordé la felicidad, la sonora, infinita, irrecuperable felicidad...

¡No, no puede ser! Estoy solo... ¡Todo esto no es sino un absurdo delirio! Sin embargo, lo cierto es que alguien estaba sentado junto a mí, huesudo, ridículo, con botas alemanas; su voz tintineaba, musitaba, áurea, de un verde vivo, conocida, y las palabras eran tan simples, humanas...

-Bueno- recordó. Sí, soy el viejo Leshii, el espíritu impetuoso... Y he aquí que tuve que huir...

Suspiró profundamente. Y me pareció que volvía a ver nubes meciéndose, el oleaje enorme del follaje, los destellos de los abedules como pizcas de espuma, y el eterno, dulce rumor… El se inclinó hacia mí, mirándome dulcemente a los ojos.

¿Recuerdas nuestro bosque, los pinos oscuros, los blancos abedules? Los talaron… La pena fue insoportable para mí; veo cómo crujen los abedules, cómo caen ¿y qué puedo hacer? Me echaron al pantano, lloré, aullé, hui a saltos al bosque más cercano.

Allí sufría, no podía dejar de sollozar… Apenas empezaba a acostumbrarme cuando miré y ya no había bosque, sólo cenizas grises. De nuevo tuve que errar. Buscaba un bosquecillo para mí, había un bosquecillo bueno, espeso, oscuro, fresco… y sin embargo no era igual… A veces jugaba de sol a sol, silbaba con frenesí, aplaudía y asustaba a los viandantes… Tú lo recuerdas, porque una vez te perdiste en mi espesura; tú y un vestido blanco, y yo anudé los senderos, hice girar los troncos, guiñaba en la hojarasca, toda la noche te turbé… Pero sólo fue por jugar, en vano me calumniaron... Y allí me apacigüé; la mudanza había sido triste… Día y noche algo hacía crujir todo alrededor. Primero pensé que era mi hermano, un leshii que se divertía; lo llamé y presté oídos. Hace estrépito, retumba -no, no parece nuestro. Una vez, al caer la noche, salté a un claro y vi gente tendida, unos boca abajo, otros boca arriba. Me digo: ¡los despertaré, los moveré! Comienzo a sacudirlos con las ramas, les arrojo piñas, susurro, grito… Una hora entera estuve atareado, pero todo fue inútil. Y cuando miré más de cerca me quedé sin aliento. La cabeza de uno pendía como de un hilo rojo, otro en lugar de vientre tenía un montón de gusanos gordos… No pude soportarlo. Comencé a aullar, pegué un salto y salí huyendo…

-Mucho tiempo erré por los bosques sin encontrar albergue. O era el silencio, el desierto, el hastío mortal, ¡o era tal el horror que mejor ni recordar! Finalmente me decidí; me convertí en hombrecillo, un vagabundo con su talega y me fui para siempre: ¡adiós, Rusia! Bueno, y en aquel lugar me echó la mano mi hermano Vodianoy. El pobre también se salvó. De todo se asombraba: "qué tiempos vivimos -decía- sólo desgracias". Y tenía razón, y aunque antaño se divertía y seducía a la gente (porque era excelente anfitrión), ¡cómo los mimaba y regalaba en su cueva dorada, con qué canciones los cautivaba! Y ahora solamente nadan los muertos, por cientos; el agua de los ríos parece pétrea, espesa, caliente, viscosa, no se puede respirar… Me llevó consigo. Él siguió su errar hacia mares lejanos, y por el camino me dejó en una brumosa ribera: "Sigue, hermano, búscate un matorral". No encontré nada y llegué a esta ciudad de piedra, terrible, ajena… Me convertí en hombre, con cuello, botas, como se debe; incluso aprendí su idioma…

Calló. Sus ojos brillaban como dos hojas húmedas, tenía los brazos cruzados y en el reverbero vacilante de la chorreante vela, sus pálidos cabellos, peinados hacia la izquierda, brillaban extrañamente.

-Yo sé que tú también sientes nostalgia -resonó de nuevo su cristalina voz-, pero en comparación con mi tristeza vehemente, de viento, la tuya es apenas como la respiración monótona de quien duerme. Pero nada más piensa que de nuestra tribu nadie quedó en Rusia. Unos ascendieron con la niebla, otros se dispersaron por el mundo. Los ríos de nuestra tierra están tristes, pues ninguna mano viviente derrama el brillo de la luna, se quedan huérfanos, las campanas callan si alguien no las mueve casualmente -los viejos gusli azules de mi rival, el ágil Poleboi. El dulce e hirsuto Posten abandonó, llorando, tu agraviado y vilipendiado hogar, y se marchitaron los bosques, los claros y conmovedores, los sombríos y mágicos bosques…

Y nosotros, Rusia, tu inspiración, tu inalcanzable belleza, tu hechizo milenario… Y nosotros, todos huimos, arrojados por un agrimensor desquiciado.

-Amigo, pronto moriré, dime algo, dime que amas al fantasma sin hogar, siéntate más cerca, dame la mano…

La vela comenzó a chisporrotear y se apagó. Los helados dedos tocaron mi palma, la triste y familiar risa resonó y enmudeció.

Cuando encendí la vela ya no había nadie en el sillón… nadie… pero en la habitación se percibía, maravilloso y suave, un aroma de abedul y de musgo húmedo…

* Notas:

- Este cuento se publicó por primera vez en la revista Rul, Berlín, el 7 de enero de 1921. La palabra Nezhits designa a los personajes fantásticos de la literatura rusa, como sirenas, duendes, brujas, etcétera.

- En 1999 se celebra el centenario del nacimiento del escritor Vladimir Nabokov. El célebre autor de Lolita es originario de San Petersburgo, y comenzó su vida literaria escribiendo poesía. En 1919 abandonó Rusia y vivió en Europa hasta 1940, cuando se trasladó a los Estados Unidos. A partir de entonces comenzó a escribir en inglés. El cuento que presentamos, escrito en ruso, manifiesta sin duda la añoranza.

- Leshii, según las antiguas creencias eslavas, era el espíritu del bosque, hostil con las personas.

- Vodianoy, espíritu de las aguas.

Vladimir Nabokov
03/02/2005 10:24 Permalink. Tema: Prosa clásicos




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