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Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2005. 01/06/2005Y¿Y qué hiciste del amor que me juraste, y qué has hecho de los besos que te di, y qué excusa puedes darme si faltaste y mataste la esperanza que hubo en mí? ¡Y qué ingrato es el destino que me hiere, y qué absurda es la razón de mi pasión, y qué necio es este amor que no se muere y prefiere perdonarte tu traición! Mario de Jesús 01/06/2005 09:47 Permalink. Tema: Versos actuales La víctima Juró asesinar a toda anciana que se cruzara en su vida. Y así lo hizo hasta aquel día en que siendo tan vieja como el objeto de su desprecio, al mirarse al espejo, primero con odio y luego con absurda ternura, perdonó a su última víctima.Marcial Fernández 01/06/2005 09:51 Permalink. Tema: Prosa actual Tres principios para hombres Pro-masculino. Pro-feminista. Pro-homosexual. Estos tres términos se han convertido en principios orientadores para un sector significativo del movimiento de hombres, incluyendo la revista australiana XY y los grupos de Hombres contra el Asalto Sexual en Australia. ¿Qué significa cada uno de ellos y cómo deben ser aplicados en la práctica? Pero, primordialmente, ¿de dónde vienen estas tres frases? El hecho es que han sido tomadas del extranjero. En 1991, cuando fundé la revista XY, quería definir, de alguna manera, lo que XY significaba. La solución fue simple: Tomé la idea de afirmar una "masculinidad sana, amante de la vida y no opresiva" de la revista estadounidense Changing Men (Hombres en Cambio). Durante un largo tiempo, éstos han sido los principios orientadores de la Organización Nacional de Hombres contra el Sexismo (MASA, por sus siglas en inglés) en los Estados Unidos. Cuando los grupos MASA nos reunimos a nivel nacional por primera vez, en Melbourne en 1992, adoptamos los tres principios como parte de las metas y los objetivos de MASA. He creído, desde hace mucho tiempo, que para cambiar el mundo se requiere de buenas estrategias y buenas teorías. Se necesitan estrategias que sean efectivas y empoderizantes, y teoría que sea verosímil, coherente y aplicable. Más aún, las estrategias y las teorías deberían reflejarse entre sí y construirse mutuamente. Todos los movimientos que persiguen cambios sociales adoptan ideologías y creencias como parte de sus luchas. Creo, con pasión, que estos tres principios deberían guiar el movimiento de hombres. Deberían guiar lo que decimos, las clases de estrategias que perseguimos, y lo que publican los boletines y las revistas tales como XY. Los tres principios tienen, sin embargo, una aplicación mucho más amplia en el desarrollo de una masculinidad alternativa y de una cultura masculina alternativa. Individualmente, los hombres que tratamos de descubrir qué clase de hombres queremos ser, necesitamos términos de referencia, "ganchos" en los que podamos colgar nuestros deseos y esperanzas. Los tres principios pueden proporcionar precisamente esos términos de referencia, formando un marco de trabajo de las filosofías y visiones personales de los hombres, así como la textura de una nueva cultura. Dado lo anterior, parece una buena idea el intentar definir cada principio. A continuación describo lo que veo como la médula de cada principio, su base, y luego comento sobre las dificultades implicadas en cada uno. Mi deseo es que esto motivará un mayor desarrollo de nuestras políticas. -Pro-masculino Ser pro-masculino significa ser positivo respecto a los hombres; creer que los hombres podemos cambiar; apoyar los esfuerzos de cada hombre por lograr un cambio positivo. Significa construir relaciones íntimas y alianzas de apoyo entre hombres. Es reconocer los muchos actos de compasión y nobleza de los hombres. Es resistirnos a sentir desesperanza respecto a los hombres y a descalificarnos, y es rechazar la idea de que los hombres somos intrínsecamente malos, opresivos o sexistas. Ser pro-masculino es darnos cuenta de que los hombres individuales no son responsables ni pueden ser culpados por las estructuras y valores sociales tales como la construcción social de la masculinidad o la historia de la opresión de las mujeres. Esto debe ser equilibrado con el reconocimiento de que cada hombres es responsable de su conducta opresiva (como la violencia) y puede escoger cambiarla. Si un hombre es sexista u homofóbico, una respuesta positivamente masculina sería ayudarlo y motivarlo a tratar de cambiar esto, y desafiar la conducta, en lugar de atacarlo. Ser pro-masculino también tiene que ver con el reconocimiento y la apreciación de los aspectos positivos de la masculinidad. La fortaleza, la determinación y el valor son todos aspectos de la masculinidad tradicional y, sin embargo, son características útiles para la habilidad de los hombres para cambiar la sociedad. El ser pro-masculino está equilibrado por el pro-feminismo. Ser positivamente masculino no significa, por supuesto, apoyar cualquier cosa que los hombres hacen. Debemos mantener un código de ética o valores, y evaluar a los hombres y las masculinidades de acuerdo a éste. Para dar un simple ejemplo, una masculinidad violenta es inaceptable porque la violencia es éticamente inaceptable. Finalmente, ser pro-masculino es compatible con criticar los aspectos opresivos o destructivos de los grupos o los movimientos de hombres. -Pro-feminista Ser pro-feminista significa, fundamentalmente, comprometernos a desafiar la opresión de las mujeres, el sexismo y la injusticia por razón de género. Es estar conscientes de las experiencias de las mujeres y dejarnos informar por los análisis que las feministas hacen de la sociedad. Para los hombres en particular, ser pro-feministas significa tratar de desarrollar formas de masculinidad no opresivas y relaciones no sexistas con las mujeres. Si los hombres nos comprometemos a ser pro-feministas, desafiaremos las actitudes y conductas sexistas de los hombres y trataremos de cambiar nuestro propio sexismo. Los activistas pro-feministas también podemos apoyar las campañas de las mujeres o trabajar con feministas, así como consultar a grupos feministas y estar disponibles para éstos. El término "pro-feminista" es casi equivalente a "anti-sexista", y a menudo utilizo los dos términos indistintamente. Pero me gusta el término pro-feminismo pues sugiere un compromiso explícito y continuo a apoyar el feminismo. Sin esto, los hombres podríamos caer en una comprensión del sexismo que desvirtúa el poder de los hombres sobre las mujeres. Uno de los verdaderos placeres de estar en estrecho contacto con el feminismo es el poder disfrutar la cultura de las mujeres -- la literatura, las películas e ideas fantásticas, inspiradoras y a menudo desafiantes que han florecido en las últimas tres décadas. Mi propio sentido de la sociedad que anhelo -mi utopía- ha sido inspirado, por ejemplo, por el libro La mujer al borde del tiempo, de Marge Piercy, y mi sentido de pasión ha sido formado, en parte, por las películas feministas y, por supuesto, por las mujeres mismas. Ser pro-feminista no significa sentirnos culpables o avergonzados de ser hombres. (Pero sentir vergüenza, por ejemplo, de haber lastimado a alguien es una parte saludable del proceso de cambio.) El pro-feminismo no debería significar que los hombres creamos saberlo todo acerca del feminismo o hacer ciertas cosas que recibirán la aprobación de las feministas. Y no creo que los hombres deberíamos, o de hecho necesitaríamos, llamarnos "feministas". Los términos tales como "pro-feminista" y "antisexista" son claros y pueden ser utilizados con orgullo. -Pro-homosexual Ser pro-homosexual significa comprometernos a desafiar la homofobia y el prejuicio y la opresión contra las personas homosexuales. Significa estar conscientes de las experiencias de los homosexuales y las lesbianas, y dejarnos informar por los análisis que ellos y ellas hacen de la sociedad. Para los hombres en particular, ser pro-homosexual significa reconocer el papel de la homofobia en las operaciones de la masculinidad, y formar relaciones íntimas y de apoyo con los hombres, heterosexuales y demás. Los hombres pro-homosexuales no asumiremos que todas las personas son heterosexuales y aceptaremos y acogeremos a (otros) hombres homosexuales. Trabajaremos en nuestra propia homofobia o heterosexismo y los desafiaremos en otros hombres e instituciones. Ser pro-homosexual significa apoyar la expresión de la sexualidad homosexual y de otras sexualidades no heterosexuales. Los hombres pro-homosexuales en el movimiento de hombres podemos apoyar la lucha contra la opresión sexual o trabajar con (otros) hombres homosexuales. Y deberíamos estar conscientes de cómo nuestras campañas en asuntos relacionados con los hombres pueden afectar a los hombres homosexuales y a la cultura homosexual en particular. (Por ejemplo, las campañas contra la pornografía podrían conducir a la prohibición de literatura sobre el sexo más seguro o de la pornografía homosexual.) Los hombres heterosexuales pueden formar amistades y alianzas con hombres homosexuales o bisexuales, así como explorar las posibilidades del deseo y el sexo con personas de su mismo sexo. Al igual que ocurre con los otros dos principios, se debe evitar algunas trampas. Los hombres homosexuales pueden enseñarles mucho a los heterosexuales acerca de la intimidad entre hombres y de las posibilidades para una masculinidad sensual, expresiva e igualitaria. Pero los hombres homosexuales y la cultura homosexual también pueden ser sexistas y aun misóginos (o sea, que odian a las mujeres) y esto no debe ser tolerado. Los hombres heterosexuales que son pro-homosexuales no debemos aceptar la idea de que la heterosexualidad es, de alguna manera, fundamentalmente poco sólida u opresiva. Podemos criticar algunos aspectos de la cultura y la conducta sexual heterosexuales (tales como coaccionar a las mujeres a tener relaciones sexuales), pero también podemos practicar la autoaceptación y explorar una heterosexualidad positiva y no opresiva. -Dificultades Cada uno de los tres principios presenta complejidades y contradicciones, y su intersección en sí provoca aún más tensiones. Y aunque sería interesante evaluar el grado al cual el movimiento de hombres en Australia ha adoptado cada principio, dejaré eso para otra ocasión. La dificultad de ser pro-masculino radica en la tensión entre, por un lado, un análisis crítico de los hombres y la masculinidad y, por el otro, la necesidad de ser positivos hacia los hombres y las posibilidades de cambio. En el movimiento de hombres, debería ser una cuestión de fe el que los hombres no somos esencialmente opresivos y que somos perfectamente capaces de ser personas amorosas y tiernas. La idea de que la conducta de los hombres es determinada biológicamente no puede ser intelectualmente justificada, y este tipo de esencialismo o determinismo biológico ha sido ampliamente desacreditado en los círculos académicos. Pero para nosotros, como hombres, también es pragmática o estratégicamente necesario rechazar tal idea. Hace algunos días charlé en el Café Tilleys con un bello hombre del grupo MASA de Canberra. Como trabajador social, él se enfrenta cada día al horror de la violencia de los hombres hacia las mujeres, los niños y las niñas, y me hizo pensar en lo fácil que es perder la fe en los hombres. Aun así, conozco a muchas feministas que también ven esta aniquilante situación y, sin embargo, escogen amar hombres y compartir su vida con ellos. Si las mujeres pueden hacerlo, también nosotros podemos -- y muchos lo hacemos. -Hombres buenos Si vamos a construir una cultura alternativa y antisexista, necesitaremos una expresión mucho más fuerte de las clases de masculinidades que nos gustaría ver. Esto es, debemos definir las cualidades que hacen bueno a un hombre, un hombre que encarne una "masculinidad sana, amante de la vida y no opresiva", según los lineamientos de XY. Imagino que estas cualidades incluyen: orgullo, sensibilidad, cuidado, coraje, pasión, generosidad, fortaleza y humildad. No puedo pensar en muchos modelos positivos e inspiradores de una masculinidad alternativa. ¿A quién podríamos nominar? ¿Billy Bragg, Dustin Hoffman, Julian Cleary, Gandhi, Sting, Bart Simpson? Quién sabe. Pero estoy seguro de que se me puede ocurrir un mejor modelo que ese molesto estereotipo del tipo sensible de "new age", a quien típicamente se le ve como alcahuete, plagado de culpa y levemente patético. A fin de construir una cultura alternativa, necesitaremos motivar nuevos héroes, nuevos modelos y nuevas imágenes de los hombres y de la masculinidad. -El feminismo y los hombres La mayoría de hombres se resiste a los mensajes pro-feministas o antisexistas. Crecimos en una cultura patriarcal, se nos ha inculcado una visión patriarcal del mundo, y no es tarea fácil deshacer lo construido. Más aún, el feminismo es una "mala palabra" para muchos hombres, especialmente debido a la tergiversada presentación que los medios han hecho del feminismo. A menudo, el feminismo es presentado como marginal, desactualizado, hostil y puritano. No es extraño que tantos hombres no quieran escuchar a las feministas. ¿En pro de qué feminismo estamos? La variedad de perspectivas teóricas dentro del pensamiento feminista presenta una mayor complicación para que los hombres practiquen el pro-feminismo. Pero creo que éste no es un problema tan grande, mientras los hombres adopten algún tipo de feminismo. Seguirá siendo una batalla continua el mantener y diseminar una perspectiva pro-feminista entre hombres del movimiento de hombres y en la sociedad en general. Muchas secciones del movimiento de hombres no se dejan informar por los análisis realizados por las feministas, mientras que otras son explícitamente hostiles al feminismo. -Problemas de ser pro-homosexual La mayor dificultad de declararnos pro-homosexuales es que nos enfrentamos al grueso muro del prejuicio social. Tal como expliqué en mi artículo "Camisa de fuerza" (Straighjacket, XY, Invierno de 1993), la homofobia es un factor clave para mantener a los hombres "en su lugar", es decir, dentro de los límites de la masculinidad convencional. Para ser pro-homosexuales, los hombres tendremos que superar nuestras profundamente arraigadas actitudes homofóbicas y respuestas emocionales. Esto requerir de más que la tolerancia liberal y la falsa intimidad que a veces ha caracterizado a las reacciones de los hombres heterosexuales a los homosexuales. La combinación de ser pro-masculino y pro-feminista presenta algunos conflictos. Existen importantes desacuerdos en las teorías feminista y lésbica/homosexual sobre la pornografía, el sadomasoquismo, la prostitución y el sexo intergeneracional. No hay una regla dorada sobre cómo proceder ante estos conflictos entre diferentes perspectivas sobre la sexualidad y el género. Supongo que lo más que se puede pedir es que procedamos en una forma inteligente y respetuosa. Hay problemas con el término "pro-homosexual" en sí. Éste sugiere una simple dicotomía de heterosexual versus homosexual, mientras que la realidad es que los deseos, prácticas e identidades sexuales de las personas ocupan un vasto y diverso continuo. Creo que también deberíamos cuestionar todo el sistema que categoriza rígidamente la sexualidad en heterosexual y homosexual. El ser pro-homosexual, como expuse anteriormente, es una opción disponible tanto para hombres no homosexuales como para aquellos que se identifican como homosexuales. Pero el trabajo necesario y la acción emprendida podrían ser muy distintos para esos hombres diferentes. Hasta aquí he descrito los tres principios, argumentando que éstos deben orientar el activismo de los hombres y el desarrollo de vidas personales y culturas alternativas. Pero no creo que esto sea suficiente. También creo que deberíamos comprometernos contra el racismo y, me atrevo a sugerir, con una perspectiva socialista. No soy muy conocedor de ninguna de estas políticas, pero siento que ambas son muy relevantes para los hombres. -En la práctica Cada uno de los tres principios, además de sugerir lo que se debe hacer, también recomienda lo que no se debe hacer. Cada principio prohibe y convierte en ilegítimas las creencias y acciones contra los hombres, contra el feminismo y contra los homosexuales y las lesbianas. Lo que se está forjando aquí es un grupo de criterios para evaluar lo que hacemos y la forma en que pensamos. Cada uno de los tres principios sugiere un compromiso político, una actitud personal y una serie de estrategias que deberíamos tener, así como actitudes y estrategias que no deberíamos tener. Más allá de los tres principios se encuentra un sentido más profundo de ética o justicia. Ya sea que estemos considerando las relaciones entre mujeres y hombres o entre hombres y hombres, estamos evaluándolas y dándoles forma en términos de valores tales como justicia, igualdad y liberación. Los tres principios son una potente e inspiradora declaración de convicción e intención. Espero haber ofrecido un bosquejo de lo que cada principio significa y no significa, como parte de un proyecto más amplio del desarrollo de buenas teorías y buenas estrategias. Michael Flood George Orwell en Barbastro Al igual que otros intelectuales extranjeros, George Orwell (seudónimo de Eric Arthur Blair) se involucró activamente en la guerra civil española, luchando en el frente de Huesca donde incluso fue herido. Estas experiencias fueron plasmadas en el extraordinario libro "Homenaje a Cataluña" (Homage to Catalonia) publicado en 1938, documento imprescindible para poder analizar el siglo XX y en particular nuestra guerra civil. En esta ocasión no hablaremos de la guerra civil ni por supuesto realizaremos una crítica literaria sino que nos limitaremos a contar las referencias que hace Orwell a nuestra ciudad que nos servirán para conocer el Barbastro de los primeros años de la guerra. En diciembre de 1936 llega Orwell a España con la "vaga idea de escribir artículos para los periódicos" pero se alista en las milicias del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista, partido revolucionario de carácter troskista con gran implantación en Cataluña) según sus palabras " porque en aquella época y en aquella atmósfera era lo único concebible". Una vez realizada la instrucción en el Cuartel Lenin de Barcelona), es enviado al frente de Huesca concretamente a Alcubierre, llega a Barbastro en nuestra entrañable "burreta" (tren que cubría el trayecto Barbastro-Selgua y que por el apodo podéis deducir sus prestaciones) y lo describe así: "Barbastro, aunque quedaba muy lejos del frente, ofrecía un aspecto desolado y maltrecho. Enjambres de milicianos con andrajosos uniformes vagaban por las calles tratando de protegerse contra el frío, En una tapia medio en ruinas vi un cartel del año anterior que anunciaba que seis hermosos toros serían lidiados en la plaza el día tantos de tantos. ¡Qué tristeza daban aquellos colores deslucidos! ¿Dónde estaban ahora los hermosos toros y los arrogantes toreros? Al parecer, ni siquiera en Barcelona había corridas de toros; por un motivo u otro los mejores matadores eran franquistas". Los pueblos aragoneses causaron una profunda impresión a Orwell, esos míseros pueblos aragoneses de los años treinta tan bien descritos por Ramón J. Sender "Me parece que incluso en tiempos de paz no hubiese sido posible recorrer esta parte de España sin quedar impresionado por la peculiar y extremada miseria de los pueblos aragoneses. Son como fortalezas, un amontonamiento de endebles casuchas de barro y piedra apiñadas en torno a la iglesia, y ni siquiera en primavera es fácil ver una flor en aquellos alrededores. Las casas no tienen jardines, sólo corrales en la parte trasera, donde unas escuálidas gallinas patinan sobre una alfombra de estiércol de mula" Al ser herido en un brazo en el frente fue trasladado primero al "hospital" (mas bien barracones) de Siétamo y posteriormente al hospital de Barbastro (además de San Julián se habilitaron como hospitales la Casa Amparo y San Vicente) tal como nos cuenta: "Al anochecer habían llegado suficientes enfermos y heridos como para llenar unas cuantas ambulancias y nos llevaron a Barbastro. ¡Que viaje! Solía decirse que en aquélla guerra se sobrevivía si solo se era herido en las extremidades, pero que siempre se moría de una herida en el abdomen. Entonces comprendí por qué. Nadie que pudiese sufrir hemorragias internas podía sobrevivir al traqueteo de tantos kilómetros por unas carreteras tan malas, destrozadas por los pesados camiones y que no habían sido reparadas desde que empezó la guerra... El hospital de Barbastro estaba completamente lleno, las camas estaban tan juntas que casi se tocaban. A la mañana siguiente unos cuantos de nosotros nos metieron en un tren especial y nos mandaron a Lérida". Recuperándose de sus heridas en Barcelona es testigo de los sucesos de Mayo de 1937 donde los comunistas estalinistas provocaron una guerra civil interna aplastando al POUM al que acusaban infundadamente de fascista en vista de los acontecimientos se traslada nuevamente al frente para sellar la licencia y conseguir el certificado que le declarara inútil para la guerra y así poder regresar a Inglaterra y nuevamente en Barbastro realiza la siguiente reflexión: "Los detalles de aquel viaje final perduran en mi memoria con una extraña claridad. Mi estado de ánimo era distinto, estaba más predispuesto a la observación que meses atrás. Había obtenido la licencia, con un sello de la división número 29, y el certificado médico en el cual se me declaraba «inútil». Era libre de regresar a Inglaterra. Por lo tanto, me sentía capaz, casi por vez primera, de contemplar España. Tenía que pasar un día en Barbastro, porque sólo había un tren diario. Antes había visto Barbastro en rápidas visiones y me había parecido simplemente una parte de la guerra: un lugar frío, gris y enfangado, lleno de rugientes camiones y de tropas andrajosas. Ahora me parecía extrañamente distinto. Paseando por la ciudad, descubrí el encanto de las tortuosas callejas, de los viejos puentes de piedra, de las tabernas con grandes barriles rezumantes tan altos como un hombre, de misteriosas tiendas semisubterráneas donde se hacían ruedas de carro, puñales, cucharas de madera y botas de piel de cabra. Estuve viendo cómo un hombre hacía una bota y descubrí con gran interés algo que hasta entonces ignoraba, que las hacen con el pelo hacia dentro y sin quitarlo, de modo que uno bebe en realidad pelo de cabra destilado. Me había pasado meses bebiendo de las botas sin saberlo. En la parte baja de la ciudad había un río poco profundo de color verde jade, y junto a él un escarpado risco con casas construidas sobre el peñasco, de modo que desde la ventana de las alcobas se podía escupir dentro del agua que corría a treinta metros más abajo). En los huecos del risco vivían innumerables palomas. Y en Lérida había viejos edificios ruinosos en cuyas cornisas habían construido sus nidos millares y millares de golondrinas, de manera que a corta distancia el dibujo que formaban aquellos nidos incrustados parecía una florida moldura rococó. Era curioso que en casi seis meses no hubiera tenido ojos para semejantes cosas. Con la licencia en el bolsillo, me sentía otra vez como un ser humano y también un poco como un turista. Casi por primera vez era consciente de que estaba realmente en España, en un país que durante toda mi vida había deseado tanto visitar. En las tranquilas callejuelas de Lérida y de Barbastro tenía la sensación de captar un atisbo momentáneo, un lejano rumor de la España que vive en la imaginación de todos. Blancas sierras, cabreros, mazmorras de la Inquisición, palacios morunos, oscuras y ondulantes reatas de mulas, olivos grises y limoneros, muchachas con negras mantillas, los vinos de Málaga y Alicante, catedrales, cardenales, corridas de toros, gitanos, serenatas... en resumen España. El país de Europa que más había cautivado mi imaginación. Qué lástima que cuando por fin conseguía visitar aquella tierra hubiese tenido que conformarme con aquel rincón del nordeste, en medio de una confusa guerra y casi siempre en invierno". Además de este libro George Orwell escribió cartas, críticas y ensayos sobre la guerra civil que fueron recopilados y publicados póstumamente en Londres en 1968 bajo el título de "Mi guerra civil española" en los que también se hace alguna alusión a Barbastro, si bien en ninguna ocasión tan extensa como en "Homenaje a Cataluña". Toni Soláns Brandi No decía palabrasNo decía palabras, acercaba tan sólo un cuerpo interrogante, porque ignoraba que el deseo es una pregunta cuya respuesta no existe, una hoja cuya rama no existe, un mundo cuyo cielo no existe. La angustia se abre paso entre los huesos, remonta por las venas hasta abrirse en la piel, surtidores de sueño hechos carne en interrogación vuelta a las nubes. Un roce al paso, una mirada fugaz entre las sombras, bastan para que el cuerpo se abra en dos, ávido de recibir en sí mismo otro cuerpo que sueñe; mitad y mitad, sueño y sueño, carne y carne; iguales en figura, iguales en amor, iguales en deseo. Aunque sólo sea una esperanza, porque el deseo es pregunta cuya respuesta nadie sabe. Luis Cernuda 01/06/2005 10:06 Permalink. Tema: Versos clásicos La madre del monstruo Día tórrido. Silencio. La vida está como cristalizada en un luminoso remanso. El cielo contempla a la tierra con mirada límpida y azul por la pupila resplandeciente del sol.El mar diríase forjado en metal liso y azuloso. En su inmovilidad, las barcas policromas de los pescadores parecen soldadas al hemiciclo tan esplendoroso como el cielo... Moviendo apenas las alas, pasa una gaviota, y en el agua palpita otra más blanca y más bella que la que hiende al aire. El horizonte aparece confuso. Entre la bruma, se vislumbra un islote violáceo, del que no se sabe si flota dulcemente o si se derrite bajo el calor. Es una roca solitaria en medio del mar, espléndida gema del collar que forma la bahía de Nápoles. El pétreo islote, erizado de cresta y aristas, va descendiendo hasta el agua. Su aspecto es imponente, y tiene la cima coronada por la marca verdeoscura de un viñedo, de los naranjos, de los limoneros y de las higueras, y por las menudas hojas de color de plata oxidada de los olivos. Entre este torrente de verdor que se desborda hacia el mar sonríen unas flores blancas, áureas y rojas, y los frutos anaranjados y amarillos hacen pensar en las noches sin luna y de firmamento sombrío. El silencio reina en el cielo, en el mar y en el alma. Entre los jardines serpentea un angosto sendero, por el que una mujer se dirige hacia la orilla. Es alta. Su vestido negro y remendado está descolorido por el uso. Su pelo brillante forma como una diadema de ricitos sobre la frente y las sienes, y es tan encrespado que no es posible alisarlo. De su rostro enjuto impresiona la mezcla de rudeza y austeridad. Hay en estas facciones algo profundamente arcaico, al tropezar con la mirada fija y sombría de sus ojos, se piensa sin querer en los ardientes orientales, en Débora y en Judit. Anda con la cabeza agachada, haciendo calceta; el acero de las agujas brilla entre sus dedos. El ovillo de lana está oculto en una de su faltriqueras, pero diríase que el hilo rojo sale de su pecho. El camino es sinuoso y los pedruscos crujen y resbalan a su paso. Sin embargo, la vieja sigue bajando con la misma seguridad que si sus pies viesen el sendero. He aquí la historia de esta mujer. Poco después de su matrimonio con un pescador, su marido salió un día a la faena y no regresó. La mujer estaba grávida. Apenas nació el niño, ella procuró mantenerlo siempre oculto de la gente. Nunca la vieron con él en la calle, al sol, para glorificarse con su hijo, como suelen hacer todas las madres; antes al contrario, lo tenía envuelto en harapos, en un rincón de su choza. Durante mucho tiempo, ningún vecino pudo ver del niño más que la cabezota y los inmensos ojos inmóviles en la cara amarillenta. Advirtieron asimismo que la madre, que antaño había luchado a brazo partido contra la miseria, llena de alegría, infatigablemente, que sabía comunicar valor a los demás, se mostraba ahora taciturna y parecía estar siempre meditando, con el ceño fruncido, como si contemplase el mundo a través de un velo de dolor, con mirada extraña e interrogadora. Sin embargo, no pasó mucho tiempo sin que todos se enterasen de su desgracia. El niño había nacido contrahecho, y eso era la causa de la pesadumbre de la madre y el motivo de que lo ocultase de la gente. Entonces, los vecinos, condolidos, le dijeron que comprendían el dolor de una madre que da a luz a un hijo anormal, pero que nadie, salvo la Madona, sabía si aquella prueba era un castigo, y que el niño, de todos modos, no debía ser privado de la luz del sol. Ella prestaba oídos a la gente y les mostraba a su hijo. Tenía éste unas piernas y unos bracitos en extremo cortos, como aletas de pez; la cabeza hinchada como una bola, se sostenía a duras penas sobre el cuello delgaducho y endeble; el rostro estaba todo surcado de arrugas; tenía los ojos turbios y la boca hendida por una sonrisa inexpresiva. Al mirarlo, las mujeres lloraban, y los hombre se retiraban mohínos, con una mueca de desdén. La madre del monstruo se sentaba en el suelo, y ora bajaba la cabeza, ora la levantaba y miraba a todos, como preguntando algo que nadie podía comprender. Los vecinos construyeron para el engendro una caja semejante a un ataúd; lo llenaron de vellones de lana, colocaron en ella al pequeño monstruo y los pusieron en un rincón del patio. Tenías la esperanza de que el sol, hacedor de milagros, haría uno más. Pero fue transcurriendo el tiempo, y el monstruo seguía siéndolo: una cabezota enorme, un largo tronco y unos atrofiados muñones. Únicamente su sonrisa iba adquiriendo una expresión más y más definida se insaciable glotonería. En la boca surgieron dos hileras de agudos dientes, y los cortos y deformes brazos se adiestraron en coger los trozos de pan y llevarlos, sin equivocarse nunca, a la ávida bocaza. Era mudo, pero cuando alguien comía cerca o cuando olía alimento, abría el hocico y empezaba a dar unos mugidos roncos y a menear como un loco la cabezota, mientras el blanco mate de los ojos se le cubría de venillas sanguinolentas. Comía mucho, cada día más; su mugido se hizo persistente. La madre trabajaba sin cesar, pero su ganancia era exigua y a veces nula. No se quejaba de su suerte, y si aceptaba alguna ayuda, era de mala gana y sin despegar los labios. Cuando estaba fuera, los vecinos, cansados del constante mugir del monstruo, corrían a meterle en la boca mendrugos, frutas, legumbres y cuanto comestible tenían a mano. -¡Te va a comer viva! –decían a la madre-. ¿Por qué no lo llevas a un asilo? -No quiero oír hablar de eso- contestaba la pobre mujer-. Soy su madre. Yo le traje al mundo, y yo he de ganar el sustento para él. Como aún era hermosa, más de uno quiso hacerse amar por la desdichada, pero no obtuvo el menor éxito. A uno, precisamente a aquel hacia quien se sentía más inclinada, le dijo un día: -No puedo ser tu esposa. Tengo miedo de engendrar otro monstruo. Tú mismo te avergonzarías. ¡No, vete! El hombre insistió, recordándole que la Madona hacía justicia a las madres y las consideraba como hermanas suyas. Pero ella exclamó: -¡Ay! No sé de qué puedo ser culpable, pero se me castiga con crueldad. El pretendiente suplicó, lloró, enfurecióse; pero loa mujer no cedió. -Me da miedo –decía-. He perdido la fe en mi destino... El hombre se marchó muy lejos, y no regresó nunca. Durante muchos años, la pobre madre estuvo llenando aquella boca sin fondo que engullía sin cesar. El monstruo comía todo el fruto del trabajo materno, la sangre, la vida de la desgraciada mujer. La cabeza, cada vez más desarrollada, era horrible. Semejaba un globo a punto de desprenderse del atrofiado cuello para elevarse por el aire, tras haber topado contra las esquinas de las casas. Todos los que pasaban por la calle y miraban hacia el patio, se detenían estupefactos, estremecidos, sin atinar a comprender qué era aquello. La caja estaba adosada a un muro por el que se enredaba una parra, y de su interior surgía la cabeza del monstruo. El amarillento rostro estaba surcado de arrugas; los pómulos eran salientes; los ojos mates, desencajados, casi salían de las órbitas. Aquella horrenda imagen se quedaba fija largo tiempo en la memoria. La gran nariz, achatada, vibraba y se estremecía; los labios, al moverse, dejaba al descubierto unos dientes carniceros, y a cada lado del globo surgían dos desmesuradas orejas que parecían tener vida propia e independiente... Aquel horripilante mascarón estaba rematado por un manojo de pelos negros y rizados como los de un africano. Casi siempre se le veía con un pedazo de cualquier cosa comestible en la mano diminuta y breve como la patita de una lagartija. Entonces inclinaba la cabeza y mascaba con gran ruido, sorbiéndose los mocos, y los ojos se le movían hasta fundirse en una mancha turbia y sin fondo sobre la pálida faz, cuyas contracciones semejaban las de la agonía. Cuando tenía hambre, alargaba el cuello y abría la boca enrojecido, de lo que salía una delgada lengua de víbora, para mugir con acento imperativo. La gente se marchaba santiguándose y musitando una oración. Aquello les recordaba todos los dolores y desgracias que les había deparado la vida. Un herrero, hombre viejo y de carácter melancólico, repetía a menudo: -Cuando veo esa bocaza que se lo traga todo, se me ocurre que mi fuerza ha sido también devorada por algo, no sé qué, pero que se le parece mucho. Y pienso que todos nosotros vivimos y morimos para mantener parásitos. Aquella cara enmudecida suscitaba en todas las conciencias ideas tristes y sentimientos de espanto. La madre escuchaba los comentarios de sus vecinos sin despegar los labios. Sus cabellos encanecieron prematuramente y las arrugas se fueron extendiendo por su rostro. Hacía ya tiempo que había perdido el hábito de reír. No ignoraban los vecinos que la infeliz se pasaba las noches enteras a la puerta mirando al cielo, como si esperase que de allí pudiera llegar el socorro. Y decíanse unos a otros, encogiéndose de hombros: -¿Qué debe estar esperando? Terminaron por aconsejarle: -¡Llévalo a la plaza, junto a la iglesia! Por allí pasan los extranjeros y le echarán limosna. -Sería horrible que lo vieran los extranjeros –contestó la madre, horrorizada-. ¿Qué pensarían de nosotros? -La desgracia existe en todos los países –le contestaron-, cosa que nadie ignora. La madre negó con un movimiento de cabeza. Cierto día, ocurrió que unos extranjeros visitaban el pueblo y lo husmeaban todo, entraron en el patio y se fijaron en el monstruo, que estaba metido en su caja. La madre fue testigo de sus gestos de repugnancia y comprendió que hablaban con repulsión de su hijo. Pero lo que más la sorprendió fueron ciertas palabras pronunciadas con acento de desprecio y animosidad y, también, de triunfo. La desgraciada mujer conservó en la memoria el sonido de aquellas palabras extranjeras, que repetía insistentemente y en las que su corazón de italiana y de madre adivinaba un significado insultante. Aquel mismo día fue a casa de un adivino conocido suyo y le preguntó qué significaban las palabras que había oído. -Convendría saber quién las ha pronunciado –contestó el hombre, frunciendo el ceño-. Pues significan: "Italia muere antes que las demás naciones italianas". ¿Quién forja semejantes mentiras? La pobre mujer se marchó silenciosa. Al día siguiente, a consecuencia de un hartazgo, su murió entre convulsiones. La madre sentóse en el patio, junto a la caja, con las manos cruzadas sobre aquella cabeza inerte. Permanecía quieta, inmóvil, y parecía más que nunca esperar algo. Fijaba la mirada interrogante en cada uno de los que desfilaban ante el cadáver. Todos guardaron silencio. Nadie le preguntó nada, aunque muchos se sentían inclinados a felicitarla por haberse liberado de aquella esclavitud, o tal vez hubieran deseado consolarla por haber perdido al que, después de todo, era su hijo. Pero nadie despegó los labios. Hay momentos en que todos comprenden que ciertas cosas no pueden expresarse sin que parezcan reticencias. Mucho tiempo después de la muerte del monstruo, la madre seguía mirando a la gente a la cara, como si preguntase no se sabe qué. Pero luego, poco a poco pareció ir olvidándolo todo... Máximo Gorki 01/06/2005 10:10 Permalink. Tema: Prosa clásicos |
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