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Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2005. 01/05/2005La portadoraElla sacó a pasear las palabras y las palabras mordieron a los niños y los niños le contaron a sus padres y los padres cargaron sus pistolas y abrieron fuego sobre las palabras y las palabras gimieron, aullaron lamieron lentamente sus ciegas heridas hasta que al fin cayeron de bruces sobre la tierra desangrada Y vino la muerte entonces vestida con su mejor atuendo y detúvose en la casa del poeta para llamarlo con gritos desesperados y abrió la puerta el poeta sin sospechar de qué se trataba y vio a la muerte colgada de su sombra y sollozando "Acompáñame", le dijo aquella "porque esta noche estamos de duelo" "Y quién ha muerto", preguntó el poeta "Pues tú", respondió la muerte y le extendió los brazos para darle el pésame Mario Meléndez 01/05/2005 10:41 Permalink. Tema: Versos actuales Aparentemente solo Cada mañana cogía su libro y se descolgaba hasta el mismo sótano de la imaginación: entonces le crecían alas en la espalda y muelles en los pies, aunque fuera por unos instantes de absorta escapatoria.Hacía tiempo que nadie venía a verle, que no encendía el televisor; ni siquiera la radio compartía con él las conjeturas de una sociedad excesivamente absorbida por la idea de éxito. Vivía en el centro, en el mismo corazón de una ciudad despersonalizada, fría y acústica, cuyos afanes observaba, desde una pequeña ventanita que daba a la calle, con la misma curiosidad, pero también con idéntica lejanía, con que el preso otea la libertad entre unas rejas separadoras de dos mundos demasiado distintos. Se erguía una imagen babélica, con sus avenidas, sus coches en procesión acompasada, sus personas con gestos de urgencia, sus papeles arremolinados en esquinas ocupadas por olvidados -o marginados- del progreso social y que suplicaban con cara de condena eterna una caridad que la vida le había negado, o puestos ambulantes en donde parejas de enamorados y niños con mofletes de vida hecha, saboreaban churros o se quemaban las yemas de los dedos desnudando una ración de castañas humeantes al abrigo de una farola tenue. No le gustaba ese mundo de contrastes y formas contrahechas. Sí, en cambio, sentía un perverso placer al zambullirse en los libros, con sus lomos ya ajados por el manoseo diario con que dulcemente los trataba. Al reanudar el contacto con cualquiera de ellos, notaba que su pequeña habitación se agrandaba, se trasmutaba en una isla espaciosa y liviana de aguas dormidas, como bebés distraídos de la realidad que caminan sus primeros pasitos torpes en sueños irrepetibles. Deseaba saber si aquella niña trufada de sonrisas e ilusiones, haría por fin las maletas con el pobre truhán que embrujó su corazón con su meliflua voz de zalamero profesional; o si aquel puñal que llevaba impreso el sino de la venganza, de la traición, del abandono, segaría los primeros abrazos clandestinos de nuevos pálpitos; o si el candor fraguado en las aulas de la universidad, entre humos de cafés y tertulias literarias, de un profesor bohemio y una alumna de mirada angelical, terminaría convirtiéndose en un cadalso para ambos, o simplemente en una quijotesca aventura en violación de los moldes establecidos. Era así: él y sus libros. Nadie más interfería en esa singular sintonía. Está tumbado en la cama. Boca arriba, brazos ligeramente derrotados y párpados cerrados. Se ha dormido con la ropa puesta, como siempre... Una leve mueca de placidez se dibuja con recato en las comisuras de aquel hombre aparentemente solo. Aparentemente... Claudio Rizo 01/05/2005 10:46 Permalink. Tema: Versos actuales ¿Qué es esa cosa llamada "libro"? Ahora, más que nunca, sabemos que un libro no consiste en 500 gramos de papel y 50 gramos de tinta. El papel y la tinta pueden ser reemplazados por marcas magnéticas en un disco, o por elementos aun más evanescentes, tales como las cargas eléctricas que representan ceros y unos en la memoria RAM de una computadora de mano o un e-book reader (aparato para leer libros electrónicos).El libro no es el papel ni la tinta, ni consiste en el disco rígido de una PC o en la memoria RAM de una Palm. El libro es la información almacenada en esos dispositivos; es el orden de las oraciones, las palabras y las letras dictadas y dispuestas por un autor. Y, sobre todo, el libro es LA OBRA, el resultado del trabajo del escritor. El libro es ese contenido inscripto en algún lugar de la nueva atmósfera que respiramos, hecha de información almacenada en diversos soportes. Pero aunque el soporte y la forma de presentación sean sustituibles, siguen siendo muy importantes. Las características de los diversos formatos y soportes están determinadas por todo tipo de consideraciones tecnológicas, económicas, prácticas, y culturales. Y, por supuesto, el sentido común nos indica que el soporte debe ser agradable y cómodo, como lo es en el caso de un buen libro en papel de edición cuidada. En esa cosa llamada libro interactúan forma y contenido, esencia y apariencia. No solamente el contenido debe presentarse en el formato mas adecuado, sino que también el formato afecta al contenido, cambia su naturaleza. El formato "canción de tres minutos", una mera necesidad comercial de las emisoras de radio, ha impactado en el modo en que la música pop se compone y se produce, y en el largo plazo ha afectado nuestra sensibilidad musical misma, en tal medida que actualmente los oyentes demandamos canciones que duren tres minutos, como si ese fuera el tiempo de vida natural de toda obra musical. Entendemos el lenguaje y los momentos internos de las canciones de tres minutos, con sus introducciones, estrofas, estribillos, coros, solos, y finales. También el formato paper científico, gracias al aval institucional de las agencias de financiamiento y los órganos de difusión (los journals) de la ciencia contemporánea, ha modificado el modo de trabajo de los científicos, quienes ya no componen monumentales tratados en los que se revise los fundamentos filosóficos y la literatura existente, y se desbrocen largas argumentaciones en torno a un tema dado. Por el contrario, en las modernas revistas científicas y en las presentaciones en congresos (de 15 o 20 minutos) los científicos citan solamente los últimos resultados obtenidos en su área de trabajo y publicados en journals especializados, y exponen el problema abordado, la metodología, y los resultados. Quien no se atiene a este protocolo, quien no respeta estrictamente las reglas de citado y los formatos de exposición, es excluido, pierde su voz y voto en la discusión académica. El formato paper ha transformado la forma de hacer ciencia, y el contenido del pensamiento científico. Estas consideraciones sobre el formato podrían hacerse a propósito de muchos fenómenos de nuestra vida cotidiana, tales como los flashes informativos de la televisión, o los banners publicitarios de los sitios web. La conclusión será, en cada caso, que la forma y el contenido se modifican el uno al otro; que los formatos impactan en nuestro modo de pensar (de paso: eso es lo que hace a Microsoft Corporation tan poderosa, y a su monopolio tan amenazador). Vivimos en la era de la información desperdigada en millones de canales y codificada en los lenguajes naturales y artificiales más diversos. Las imágenes se multiplican, los textos se fragmentan, los mensajes se reproducen viralmente. Tras tanto copiar y pegar, ya no se sabe dónde está la voz del autor. No es fácil determinar el responsable de lo que usted lee ahora, quién sabe en qué soporte, en qué formato, en qué protocolo. Regresando a la pregunta del título, advertimos ahora que, en plena posmodernidad, el libro (en papel o electrónico) nos conecta con una experiencia de la (supuestamente) ya superada era moderna. Al leer un libro, nos sometemos, por un período de tiempo más o menos prolongado, a la letra y la voz de un escritor. Alguien firma, alguien con la autoridad del autor se hace responsable de la obra. Ponemos nuestra realidad entre paréntesis y nos sumergimos en el mundo de su ficción, en la música de su poesía, o en los argumentos de su ensayo, según sea el caso. La mayoría de los buenos libros se presenta de este modo, como una unidad de sentido, como una textura con coherencia interna, que exige nuestro tiempo y nuestro trabajo para cosechar lo que alberga (razonamientos, emociones, belleza, conocimiento). Y se obtiene así un efecto mágico. Esta magia es incluso muy anterior a la modernidad, puesto que ya caracterizaba a los libros de la antigüedad, como por ejemplo la Ilíada o los libros del Antiguo Testamento. Esas palabras, esas marcas que han vencido al tiempo y la distancia, que han viajado desde el autor hasta nosotros, nos afectan, nos hacen sentir y producen sentido. Eso es un libro. Gustavo Faigenbaum El velo de la preinterpretación en llamas Cuando John escribió su novela, debía de haber un coche por cada cien praguenses o tal vez, quién sabe, por cada mil. Precisamente en esa época en que la sonoridad ambiental era todavía incipiente es cuando el fenómeno del ruido pudo captarse en toda su sorprendente novedad. Tal vez podamos deducir de ello una regla general: un fenómeno social no se percibe mejor en el momento de su máxima expansión, sino cuando se halla en sus inicios, casi inocente aún, tímido, incomparablemente más débil de lo que lo será el día de mañana. Fue Kafka quien, por primera vez en la historia, escribió una novela que se desarrollaba exclusivamente en el marco de las oficinas, bajo su poder absoluto, como si el mundo no fuera sino una única e inmensa administración. Ello podría inducirnos a pensar que la burocracia del imperio austrohúngaro, que inspirara a Kafka, debió de ser excepcionalmente espantosa y alcanzar el más alto grado de locura burocrática en la historia de la humanidad. Pues bien, no es así. Al igual que el estruendo de los motores de explosión en la época de Jaromir John, el poder burocrático en la época de Kafka era mucho más débil que el actual. Para quien fuera capaz de distinguirlo, de verlo, era aún algo sorprendente. Y la sorpresa no es sólo fuente de conocimiento, sino fuente de poesía. Kafka escribió a Milena Jesenska que las oficinas le fascinaban sobre todo por su aspecto fantástico: lo cual significa: las decisiones diferidas, inapropiadas, confusas y que, sin embargo, pesan como una fatalidad sobre el destino del hombre, crean situaciones hasta tal punto irreales, que se asemejan a escenas de un sueño. A Engelbert aún le sorprendía el ruido. La generación siguiente ya nació en el mundo del ruido: era su propio mundo, su mundo natural (en el sentido: el que se encontró al nacer); sin que por ello fuera menos perjudicial, la omnipresencia del ruido había dejado de ser chocante. La esencia del hombre había quedado alterada, modificada; el hombre era ya otro hombre: el hombre inmerso en el ruido. Hoy en día, la omnipresencia burocrática se ha hecho tan evidente que no da pie a que nos sorprendamos. Es nuestra naturaleza, hemos nacido en ella. Cuanto más omnipotente se vuelve, menos visible es. Llamamos "kafkiano" a lo que nos parece aberrante, absurdo, anormal, cuando el mundo kafkiano es el mundo en el que vivimos todos normalmente, sin que nos produzca sorpresa alguna. Pero nada se le escapa tanto al hombre como, precisamente, el carácter concreto de su propia vida. De hecho, nos lo demuestra la lectura de las novelas de Kafka: a un lector le resulta más fácil comprender la historia de K. como una alegoría religiosa, o como una confesión íntima disimulada, que ver en ella la realidad (fantásticamente transformada), esa misma realidad a la que todo lector debe enfrentarse durante su propia vida. Con Cervantes, esa ceguera se convierte por primera vez en la historia en el tema fundamental de una gran obra de arte. Don Quijote es un caballero fielmente consagrado a la belleza de la preinterpretación, la cual era entonces poética, hermosa, llena de fantasía, por haberse alimentado de mitos y leyendas: mágico velo suspendido ante el mundo concreto. Con Cervantes, ese velo apareció por primera vez en llamas. Eso me mueve a pensar que el nacimiento de la novela arranca con la quema del velo de la preinterpretación que cubre el rostro de lo concreto; y que ese gesto incendiario constituye el acto fundacional del arte de la novela. Comparados con el fascinante personaje de don Quijote, los guardianes de la preinterpretación contemporánea son seres apoéticos, convencionales y aburridos. La fuente de la preinterpretación moderna no es ya una literatura fantástica, poética, sino el discurso político, moralizante, ideológico. Hay escritores que, inspirados por mejores intenciones, se apresuran a investir de carne novelesca la preinterpretación momentánea del mundo. Ignoran que, al hacerlo, se sitúan en el polo opuesto de Cervantes o de Kafka; que se sitúan al otro lado de la historia de la novela. Milan Kundera Mi olor a tiToda mi ropa huele a cuando estabas. Sería al abrazarte -no lo entiendo- o que estuviste cerca y se quedó prendido. Si arrimo mi nariz al hombro o a la manga, te respiro. Al ponerme la chaqueta, en la solapa, y en el cuello de un jersey que no abriga. Aroma de placer, de feromonas, de recostarme en ti mientras dormías. Por mucho que la lave, mi ropa lo conserva: es un perfume dulce que me alivia como vestir mi carne con tu piel. Y está durando más que mi recuerdo. Tu rostro en mi memoria se disipa, casi puedo decir que he olvidado tu cuerpo y sigo respirándote en las prendas que, al tiempo que me visten, te desnudan. Pero la ropa es mía. De tanto olerte en mí, tu olor es mío. Tu olor era mi olor desde el principio, fue siempre de mi cuerpo, no del tuyo, de un cuerpo que lo tengo a todas horas para quererlo entero como jamás te quise y olerlo de los pies a la cabeza. Es el olor de todas mis edades, del niño absorto y puro, del claro adolescente eléctrico y espeso, de un joven con insomnio que soñaba fantasmas del amor, y es también el olor que al transpirar mis sueños dejaron en las sábanas. Quién sabe tú a qué aspiras sin este efluvio mío, sin mi esencial fragancia. Estando en compañía, serás siempre la ausente igual que si te fueras o no hubieras llegado. Pues no olerás a nada, no dejarás recuerdo ni podrás despertar auténtico deseo ni embalsamar las yemas de los dedos que un día te acaricien con un perfume físico y concreto. Serás para el olfato de los otros como un espejo para los vampiros. Y yo atesoraré con más fe que codicia este perfume dulce de mi cuerpo que descubrí contigo. Si quieres existir, respíralo de nuevo. Leopoldo Alas 01/05/2005 11:11 Permalink. Tema: Versos clásicos Hágase como se ordena Hija mía -dice la baronesa de Fréval a la mayor de sus hijas, que iba a casarse al día siguiente-, sois hermosa como un ángel; apenas habéis cumplido vuestro decimotercer año y es imposible ser más tierna y más encantadora; parece como si el mismísimo amor se hubiera recreado en dibujar vuestras facciones, y sin embargo os veis obligada a convertiros mañana en esposa de un viejo picapleitos cuyas manías son de lo más sospechosas... Es un compromiso que me desagrada extraordinariamente, pero vuestro padre lo quiere. Yo deseaba hacer de vos una mujer de elevada posición, pero ya no es posible; estáis destinada a cargar toda vuestra vida con el ingrato título de presidenta... Lo que más me desespera es que no llegaréis a serlo más que a medias... El pudor me impide explicaros esto, hija mía..., pero es que esos viejos tunantes, que acostumbran a juzgar al prójimo sin saber juzgarse a si mismos, tienen caprichos tan barrocos, habituados a una vida en el seno de la indolencia... Esos bribones se corrompen desde que nacen, se hunden en el libertinaje, y arrastrándose en el impuro fango de las leyes de Justiniano y de las obscenidades de la capital, como la culebra que no levanta la cabeza más que de cuando en cuando para devorar insectos, sólo se les ve salir de él a base de reprimendas o de alguna detención. Así, pues, escuchadme, hija mía, y manteneos erguida..., porque si inclináis la cabeza de esa forma complaceréis extraordinariamente al señor presidente, y no me extrañaría que os la pusiera a menudo mirando a la pared... En una palabra, hija mía, se trata de lo siguiente: negad rotundamente a vuestro marido lo primero que os proponga; estamos convencidos de que esa primera proposición será, sin la menor duda, de lo más indecente e intolerable... Conocemos sus gustos; hace ya cuarenta años que, llevado de convicciones totalmente ridículas, ese maldito pícaro afeminado tiene la costumbre de tomarlo todo única y exclusivamente por detrás. Así, pues, hija mía, vos os negaréis, ¿me oís?, y le contestaréis: «No, señor, por cualquier otro sitio que os guste, pero por ahí, de ninguna manera.»Dicho esto, se ponen a engalanar a la señorita De Fréval; la arreglan, la bañan, la perfuman. Llega el presidente con el pelo ensortijado como un querubín, empolvado hasta los hombros, gangoso, chillón, balbuciendo leyes y diciendo cómo tiene que ser el Estado. Gracias al arreglo de su peluca, de su traje ajustado, de sus carnes prietas y restallantes, apenas se le calcularían cuarenta años, aunque tenía cerca de sesenta. Aparece la novia, él le hace unas carantoñas y en los ojos del leguleyo se puede ya leer toda la depravación de su alma. Al fin llega el momento... la desnuda, se acuestan y por una vez en su vida, el presidente, bien por tomarse un poco más de tiempo para educar a su discípula o bien por temor a los sarcasmos que podrían ser fruto de las indiscreciones de su mujer, no piensa más que en cosechar placeres legítimos. Pero la señorita De Fréval ha sido bien educada. La señorita De Fréval, que se acuerda de que su mamá le ha aconsejado que rechazara con toda firmeza las primeras proposiciones que le fueran a hacer, no desperdicia la ocasión y le dice al presidente: -No, señor por mucho que queráis no ha de ser así; por cualquier otro sitio que os guste, pero por ahí, de ninguna manera. -Señora -contesta el presidente estupefacto-, debo protestar... estoy haciendo un esfuerzo... en realidad es una virtud. -No, señor, por más que insistáis nunca accederé a eso. -Muy bien, señora, hay que teneros contenta -responde el picapleitos, tomando posesión de su enclave predilecto-. Mucho sentiría disgustaros y más en vuestra noche de bodas, pero tened cuidado, señora, pues en el futuro, por mucho que me lo roguéis, ya no podréis hacer que varíe mi rumbo. -Me parece muy bien, señor -contesta la joven, buscando la postura-, no temáis que no os lo he de pedir. -Entonces, ya que así lo queréis, adelante -contesta el hombre de bien, mientras se acomoda-. En nombre de Ganímedes y de Sócrates, hágase como se ordena. Donatien Alphonse François -Marqués De Sade- 01/05/2005 11:16 Permalink. Tema: Prosa clásicos |
"Si quieres ser escritor, escribe". Epicteto
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