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01/05/2006

Caramba con la Sand

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George Sand vivió una vida turbulenta. Eran muchas las razones por las que no pasaba desapercibida: el éxito de sus novelas, su costumbre de vestir trajes de hombre, su afición por fumar puros y coleccionar numerosos amantes, entre otros, Mérimée, Musset y un cura excomulgado, pasando por breves aventuras románticas con la actriz Maria Dorval y con la cantante de ópera Paulina García.

 

01/05/2006 09:09 Autor: pro-scrito. Permalink. Tema: Anecdotario

Sin la E

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El norteamericano Ernest Vincent Wright, un catedrático del Massachussetts Institute of Technology, escribió una novela de 50.110 palabras, titulada Gadsby (50.000 word novel without the letter E). Ninguno de los vocablos que utilizó para escribir su obra contiene la letra E.

 

01/05/2006 09:09 Autor: pro-scrito. Permalink. Tema: Anecdotario

Opciones de títulos

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Uno de los títulos más atractivos de la historia de la novela popular es Lo que el viento se llevó. Pero la autora, Margaret Mitchell, trabajó durante diez años en esta novela pensando en el título Pansy, que era el insulso nombre con que se iba a llamar originalmente la heroína que hoy conocemos como Scarlett O’Hara. A menos de seis meses de la edición, la autora le cambió el título a su obra por el de Mañana es otro día. Pero lo descartó cuando se enteró que había otros dieciséis libros que comenzaban con la palabra “mañana”. Finalmente recurrió a un párrafo de su propio libro, que incluía la frase que pasaría a la historia, basada a su vez en un poema romántico (género que fascinaba a Mitchell) de Ernest Dowson. Dicen las malas lenguas que, además, la autora había considerado títulos tales como Jettison, Hitos e inluso ¡Ba! ¡Ba! Oveja negra.

Con relación a los títulos, Milan Kundera dijo una vez que "cualquiera de mis novelas podría llamarse La insoportable levedad del ser, o La broma o El libro de los amores ridículos. Mis títulos son intercambiables, reflejan el pequeño número de temas que me obsesionan, me definen y, lamentablemente, me restringen. Más allá de estos temas, no tengo nada que decir o escribir".

Un particular cambio de títulos sobre la marcha fue el que intentó Tolstoi. Su intención original, cuando comenzó a escribir su monumental La guerra y la paz, era mostrar un panorama de Rusia en los complicados años que siguieron a la era napoleónica, en la década de 1820. Así, la novela se iba a llamar 1825. A medida que avanzó en su obra, el argumento se fue centrando en el transcurso de las guerras napoleónicas. Trasladó entonces a sus personajes veinte años atrás  y retituló su trabajo como 1805, título con el cual comenzó a publicarse por entregas en un periódico ruso. Muchos capítulos más tarde, Tolstoi decidió llamar a su novela, aún en formación, con el título optimista de Todo está bien cuando termina bien. Su propósito era el de dotar de finales felices a todos sus personajes. Sin embargo, el libro creció y creció hasta alcanzar dimensiones impensadas y, dentro de su obra de ficción, Tolstoi redactó un muy serio ensayo sobre la historia de Rusia. Así que pensó que su obra requería de un título más solemne. Consideró entonces que la guerra y la paz eran los elementos básicos de siglos de vida rusa. Y así nació el título de una de las mayores obras de todos los tiempos.

Dentro del género de los ensayos, otra historia muy graciosa tuvo como protagonista a la famosa recopilación de discursos de Winston Churchill, publicada en Inglaterra con el título de Las armas y el acuerdo. El editor norteamericano opinaba que este título no significaría demasiado entre el público de su país y le pidió al político que propusiera una alternativa. Entonces, Churchill telegrafió su sugerencia: The years of the locust (El año de la langosta). Pero el operador de turno tipeó mal este título, que llegó a Estados Unidos como The years of the lotus (El año del loto). Los editores, pese a creer que Churchill había enloquecido, quisieron hacerle honor a su propuesta. Así, partiendo de la leyenda griega que decía que el loto produce sueño, retitularon su obra como Mientras Inglaterra duerme. De más está decir que el libro resultó sumamente exitoso, pese o gracias al distraído trabajador de correos.

El muy sugerente título ¿Quién teme a Virginia Woolf? nació cuando el autor de la obra, el dramaturgo Edward Albee, vio esta extraña pregunta pintada a modo de graffitti en la pared del bar neoyorquino al que solía ir a tomar unos tragos. Tiempo más tarde, cuando terminó su obra, recordó la pintada y la utilizó para titularla.

Y es que detrás de cada título famoso hay una historia. En muchos otros casos, son los editores los que deciden cómo se llamará la obra. Raymond Chandler le escribió una vez a su editor, el famoso Alfred Knopf: "Estoy pensando un buen título para que luego me pidas que lo cambie".

Francis Scott Fitzgerald era tan gran escritor como mal titulador. Para su novela más famosa, El gran Gatsby, había pensado títulos tales como Trimalchio (haciendo referencia al patrón rico del Satiricón de Petronio), Gatsby, el del sombrero de oro o El amante fanfarrón. En este caso, el sentido común de los editores merece un agradecimiento.

William Faulkner tuvo la idea de titular a una de sus novelas La cruz: una fábula. Pero la cruz del título, según sus osados planes, debía aparecer con su clásico símbolo en la portada del libro. Sus editores rechazaron de plano la propuesta aduciendo que los libreros no tendrían forma de ubicarlo en sus catálogos, ordenados alfabéticamente. Finalmente, el libro se llamó simplemente Una fábula.

Una buena fuente de títulos siempre ha sido y es Shakespeare. Muchos autores suelen extraer frases del autor de Hamlet para nombrar a sus obras. Algunos ejemplos: Los perros de la guerra, Pálido fuego, En busca del tiempo perdido, El sonido y la furia, Rosencrantz y Guildenstern están muertos, y muchos más.

Afortunadamente, para D. H. Lawrence, ninguno de los títulos que eligió originalmente para sus principales obras vio la luz. Así, Paul Morel se convirtió en Hijos y amantes; John Thomas y Lady Jane se conoce como El amante de Lady Chatterley; y El anillo de bodas se llamó finalmente Mujeres enamoradas.

Somerset Maugham dijo una vez que "un buen título es el título de un libro exitoso". Y es que, cuando vamos a una librería, si no conocemos al autor, ¿compraríamos un libro que se llamase La ballena? Pues ese era el título que pensó originalmente Herman Melville para su ahora clásico Moby Dick.

01/05/2006 09:10 Autor: pro-scrito. Permalink. Tema: Anecdotario

Ajedrez del Tercer Mundo

en memoria de Roque Dalton, poeta salvadoreño

La ventana en el rostro.
Peón confiado en campo verde
y...¡de súbito!
vasallo negro, esbirro negro, general
lóbrego.
Tenebroso avance de intereses rubios
con armas negras: entre alevosía
y odio,
¡enroque!
y perseguidos somos por rojas carreteras
y por montañas.

El país tajado
Algunos peones desaparecen.
Caballos negros fusilan a torre
roja
durante el año 75 del siglo veinte después de cristo:
¡Desolación en la Taberna
y en otros lugares!
Pero,
nuestro juego seguirá sin pausa.
Hasta que todo el tablero cante,
el turno, triunfal,
del ofendido.

Guillermo Ross Murray
01/05/2006 09:11 Autor: pro-scrito. Permalink. Tema: Versos actuales

¿Qué clase de amor era el suyo?

Quisiera olvidar sus palabras, acostumbrarme a que no eran más que eso: palabras, juegos del aire. Pero no puedo dejar de pensar en lo que María Elena solía decirme cuando estábamos a solas, luego de hacer el amor, ella descansando entre mis brazos, tibia y húmeda como un mar de flores amarillas:

-Te amo. Te amo de una manera transparente, como si nosotros hubiéramos inventado el amor. Mientras tú me ames yo haré de la vida un lugar para amarte y estaré junto a ti. Y aún si no me amas, te amaría igual. Este amor que siento por ti me hace capaz de vencer cualquier cosa, porque no deseo sino estar viva para amarte. Algún día Dios sentirá envidia de cómo te amo.

El día que le dije a mi madre, entre tazas de té y rodajas de pan casero con manteca y mermelada de higo, que estaba decidido a casarme con María Elena, se puso muy mal. El corazón pareció acelerársele hasta lo imposible. Respiraba mal, se ahogaba. Nunca la había visto así. Temí que se muriera. Me dijo que no le parecía justo que después de cuarenta años de haberme educado, de haberme dado todo, de haberme cuidado como a un ángel, yo decidiera darle mi amor a una desconocida que quien sabe si me amaba lo suficiente. Le respondí que hacía ya tres años que conocía a María Elena y traté de mostrarle que ella realmente me amaba. Mi madre argumentó que tres años no eran nada contra todo el tiempo que ella había estado al lado mío, haciendo siempre de madre y de padre para mí.

Supongo que tenía razón. Llegué a pensar que era un traidor, un mal hijo. Pero no podía dejar de sentir que mi destino estaba junto a María Elena. Lo había sentido así desde la primera vez que entré a una tienda para comprar un hilo azul y ella me atendió con esos ojos brillantes e inquietos y esa sonrisa deliciosa que siempre tuvo. Así fue como después -hasta que luego de meses de juntar valor y desesperación la esperé a la salida del trabajo para invitarla a tomar un café- volví una y otra vez a comprar cosas innecesarias que escondía debajo de las tablas del piso de mi cama. No me atrevía a dárselas a mi madre porque me regañaría por malgastar el dinero. Tampoco me atrevía a tirarlas porque eran cosas que habían sido tocadas por sus manos. A veces sacaba un alfiler o un elástico y me los pegaba con cinta adhesiva debajo de la ropa, para sentir que la tenía cerca de mí. El día que le hice a mi madre la confesión de que uniría mi vida a la de María Elena, llevaba un botón naranja pegado sobre uno de mis brazos.

Mi madre no quería entender razones. Al final, ya convencida de lo irreversible de mi decisión, me pidió que invitara a cenar a María Elena y si ella comprobaba que el amor de esa muchacha era tan fuerte como decía, entonces ella no se opondría. Acepté. En primer lugar porque a María Elena le encantaba cómo cocinaba mi madre. En segundo lugar, porque para quien observara a María Elena, para quien la escuchara, era imposible no darse cuenta que realmente me amaba con un amor a toda prueba.

Esa noche, tras un breve aperitivo, mi madre sirvió una sopa de queso roquefort y cebolla, que era mi preferida. El plato principal era uno a base de papa, queso, nueces y damascos, que era el preferido de María Elena. La sopa estaba deliciosa. A María Elena también le pareció lo mismo. Pero a la tercer cucharada su cabeza cayó sobre el plato, salpicando todo a su alrededor. Me asusté. Miré a mi madre y se sonreía con esa sonrisa que solía usar para decir, sin hablar, que ella tenía la razón. Levanté la cabeza de María Elena y me di cuenta que pesaba mucho. Miré nuevamente a mi madre y continuaba sonriendo. Dejé caer la cara de María Elena entre la sopa. Le toqué el cuello buscándole algún latido, pero era obvio que estaba muerta.

Me molesta tener que admitirlo, pero mi madre tenía razón. El amor que María Elena tenía por mí no era tan fuerte como decía. Ni siquiera le sirvió para soportar un poco de veneno en la sopa.

Gonzalo Hernández Sanjorge

01/05/2006 09:11 Autor: pro-scrito. Permalink. Tema: Prosa actual

Origen de los incas

Enfrentar este último capítulo de la evolución autónoma del Mundo Andino requiere de temerarias presunciones, por cuanto no hay registros escritos y hubo dos instancias en que el mito de los orígenes de los incas sufrió bruscas y profundas modificaciones. La primera fue durante el gobierno de Pachacuti, IX jerarca y supuesto vencedor de los chancas, sus más amenazantes enemigos, quien parece haber reorganizado la mitología, obligado a rehacer los tablones con pinturas que relataban la historia y reordenado toda la conceptualización de la identidad incaica para adaptarla al rol imperial expansivo que comenzaba a tener y de paso tal vez, para quedar él como el gran héroe incaico. La otra instancia fue la tristemente expandida tendencia de los cronistas españoles por homologar las creencias religiosas andinas a una jerarquización propia de los católicos, la cual ellos creían que debía establecerse aunque fuere a través de la flagrante tergiversación de la información disponible, además de que la información que conseguían provenía de la élite incaica, obviamente sospechosa de "adaptar" la historia para favorecer a su panaca o linaje. El pueblo, puric cuna, no tuvo oportunidad de expresarse cuando los españoles escribieron la historia de los incas.

Ocuparía mucho espacio para fundamentar mi desconfianza en el legado de los cronistas, pero en pocas palabras se puede desenmascarar a Betanzos por su afán por favorecer el linaje de su esposa indígena Angelina, hermanastra de Atahualpa y anterior concubina de Francisco Pizarro; al cartógrafo y aventurero Sarmiento en su intento por hacer aparecer a los incas como usurpadores abusivos de una tierra que no les pertenecía; a Cabello Valboa y a Murúa como meros repetidores del texto perdido de Cristóbal de Molina; al jesuíta Cobo como un tardío investigador que dispone de información prejuiciada o con sesgos religiosos; a los mestizos Guamán Poma de Ayala, Garcilazo de la Vega y Juan de Santa Cruz Pachacuti que trataron de mostrarnos una versión idealizada de los incas, diseñada para complacer a los europeos. Otros cronistas, Cieza de León, Polo de Ondegardo y Santillán, aportan información de limitados alcances en cuanto a la descripción de eventos históricos.

IDENTIDAD INCAICA

Trataremos entonces de exponer el tema siguiendo una mitología que reconocemos poco fiable, pero que es la menos controvertida.

Como era la costumbre en el Mundo Andino, la base social, familiar y política de los ayllus y asentamientos urbanos mayores estaba dividida en una fracción alta (araj en aymara, hanan en quechua) y otra baja (manqha y hurin respectivamente), desde donde se iniciaban los linajes de poder (panacas) siguiendo la línea masculina. Escapando de la destrucción del Tiwanaku, un grupo de élite pukina de la fracción hurin, encargada de los cultos religiosos, logró huir al lago Titicaca con algunos ayllus (unidad socioeconómica formada por familias que organizadamente exploraban una extensión de tierra) de ambas fracciones, mientras los jerarcas de los panacas hanan, encargados de las gestiones bélicas, fueron eliminados por los aymaras. Se refugiaron en la actual Isla del Sol, ya por entonces considerada tierra sagrada por los tiwanakotas. Años después, el Reino aymara Lupaca inició avances de conquista hacia esa zona y los pukina huyeron hacia Puno, en el actual lado peruano del lago. Dirigidos por Apo Tambo, el jerarca religioso hurin, a falta de un jefe hanan, a fines del siglo XII iniciaron un lento peregrinaje al norte, formando en el camino el origen de la identidad incaica.

Se detuvieron por muchos años en Tambotoco (o Parictambu, hoy en la provincia de Paruro), donde parece haber nacido el hijo de Apo Tambo, Manco Capac, el mítico iniciador de la etnia incaica. El lugar se empezó a hacer estrecho y se prepararon para seguir al norte. Un grupillo de tres ayllus se escindió de la comunidad y terminó en el actual Ollantaytambo, mientras que Manco Capac se dirigió, con 5 ayllus de cada fracción y tras varias interrupciones, al Cuzco, distante sólo 50km, en una aventura que le tomaría 20 años. Para que no se confundan quienes conozcan la ulterior versión incaica del mito (diseñada para eludir la descripción de la bochornosa huída desde Tiwanaku), Manco Capac es el mismo personaje que Ayar Manco.

Aunque siendo de panaca hurin, Manco debió asumir la jerarquía militar a falta de un líder hanan. En el transcurso de la peregrinación con ribetes de conquista, esposó a la mítica Mama Ocllo y años después, ya más al norte y cuando su primer hijo, Sinchi Rocha hubo pasado por la ceremonia iniciática del primer corte de pelo, esposó (parece) a Mama Huaco, una fiera mujer de espíritu guerrero.

EN EL CUZCO

Y así, guerreando y conquistando, llegó al Cuzco, ocupado por minúsculos reinos, algunos de los cuales (huallas) derrotó con la ayuda de su feroz esposa Mama Huaco y con otros estableció alianzas (matrimonio de su hijo Sinchi Rocha con la hija de un jefe local). Siguen luchas con otras etnias vecinas (ayaruchos, sahuesaras, poques, etc) y la eterna rivalidad con un reino más poderoso, el de los ayarmarca.

A su muerte, su hijo Sinchi Rocha, soberbio combatiente, no consiguió doblegar a los ayarmarca y hasta perdió los dos incisivos superiores de un golpe que le propinó el rey enemigo. Le suceden su hijo Lloqu Yupanqui y su nieto Maita Capac, protagonistas de escaramuzas que no llegaron a ninguna parte, hasta que su tatara-sobrino Capac Yupanqui asumió el poder tras un golpe de estado. Aquí empieza el episodio que marcaría el paso de las primitivas escaramuzas de los incas con sus vecinos hacia la organizada expansión imperial.

Llegan los vecinos quechuas a pedir ayuda contra la amenaza chanca, un organizado reino mucho más poderoso que el minúsculo señorío incaico. Los ayarmarca tratan de ponerse en la buena con los incas casando a Capac Yupanqui con la hija de su jerarca, pero otra de sus esposas, Cusi Chimbo, celosa, lo envenena y crea una crisis política de proporciones que pone término al gobierno de los hurin, quienes en principio debían limitarse al liderazgo religioso. La fracción hanan, que carecía de líderes consagrados desde la huída del Tiwanaku pero a la cual en principio le correspondía el mando político y militar, se toma las dependencias de los hurin, mientras fuera del Cuzco los chancas invaden a los quechuas.

Cusi Chimbo parece haber sido instigada por Roca, de panaca hanan y quien llega a ser nominado jerarca y lo primero que hace es casarse con Cusi. Así, el poder político y guerrero vuelve a la parcialidad hanan a la que pertenecía en el Tiwanaku y los hurin vuelven al sacerdocio. Tal vez sea en este evento donde deba establecerse el real inicio del rol de Sapa Inca.

PACHACUTI

Los ayarmarcas siguieron haciéndole difícil la vida a los incas. El inca siguiente, Yahuar Huacac, muere con su heredero en un ataque de los cuntis al Cuzco, demostrando cuán fragil era aún el reino en comparación con sus vecinos. Le sucede un hijo "inventado" para que nadie reclamara, pero de la fracción hanan por cierto, quien luego adoptaría el nombre de Viracocha. Viracocha, su controvertido hijo Pachacuti y su nieto Tupac Yupanqui (el Alejandro Magno andino) y el hijo de éste, Huayna Capac, consolidarían el imperio incaico hasta que el sarampión que esparció el segundo desembarco de Pizarro en el Perú cobró la vida de Huayna Capac y generó la lucha entre Huáscar y Atahualpa, ya con los españoles insertos en su territorio. El resto de la trama figura en forma poco atractiva en los textos escolares de historia, por lo que no describiremos detalles del Período Tardío. Resta aclarar que si yo tuviera que elegir al más formidable hombre que ha producido el continente americano en toda su extensión geográfica e histórica, incluyendo tiempos modernos, nominaría a Tupac Yupanqui...

Sin embargo, aclararemos que, con o sin méritos, Pachacuti consiguió trascender en la forma que sugiere su nombre, transformando profundamente el destino incaico.

Si su padre Viracocha fue un viejo decrépito cegado por un irracional apego a su supuestamente cobarde, licencioso e inútil hijo Urco y si acaso sólo el cinematográfico coraje de Pachacuti salvó al pequeño reino incaico de la terrible amenaza chanca, es materia de discusión y en la cual me pongo en el lado de los escépticos pues las "maravillas" protagonizadas por los "héroes" de leyenda suelen tener una decepcionante y hasta doméstica explicación, aquí, en Europa, entre los fundamentalistas y en todas partes.

Betanzos le otorga a Pachacuti tal virtuosismo ético, que su historia llega a parecerse a un cuento de hadas (¿Angelina mediante?). Sarmiento es menos enfático, pero no contó con fuentes fidedignas y él mismo no está libre de sospechosas modificaciones de la evidencia.

Lo cierto es que, éticamente virtuoso, fanfarrón o lo que sea, Pachacuti termina recreando la historia de los jerarcas que lo precedieron, eliminando así no más y para siempre la gestión y posición genealógica de dos de ellos, redefiniendo el plano urbano del Cuzco y marcando el inicio de la expansión imperial incaica, aunque sigamos teniendo dudas en cuanto a que si fue él quien gestó algunas de las hazañas que ciertamente tuvieron lugar.

El resto, la expansión del imperio desde Quito hasta el límite que le impusieron los araucanos en el Maule, pasando por la conquista del altiplano y sus señoríos aymaras, hasta la muerte de Huayna Capac, el nieto de Pachacuti y la asombrosa osadía y "suertuda" y cruel gestión de Francisco Pizarro para conquistar el imperio, es materia supuestamente conocida, deficientemente tratada en nuestras escuelas, pero que se impone como materia estrictamente definida más allá de lo que realmente se sabe en las preguntas de la Prueba de Aptitud Académica, lo que no asombra a nadie porque ya sabemos que en Chile la historia se escribe de manera peculiar...

Dr. Renato Aguirre Bianchi

01/05/2006 09:13 Autor: pro-scrito. Permalink. Tema: Ensayos

Leer juntos

La lectura es un acto uterino, que no se ubica en la visión, ni en la mano, ni en los impulsos nerviosos; tampoco en el cerebro, ni en el corazón. ¿Dónde entonces se encuentra y se centra?

Leer es una actividad de la entraña humana, del manantial de donde venimos, allí donde la vida nace. Se vincula, entonces, al regazo, a las faldas maternas, a los dolores y retorcijones de parto y a la casa, a la morada del ser. Se une con todo aquello ligado al dormir y al despertar, al permanecer o cambiar, al pasar de un reino a otro reino.

Como todo aquello que nace entonces la lectura está asociada a capricho, arbitrio y libertad, pero no externa sino íntima. De allí que un preso puede ser más libre, incluso, que cualquier persona que camina por la calle, siempre y cuando sea consumado lector.

De allí que leer tenga también su natural ubicación en la familia, en la habitación bajo una ventana, donde estamos aparentemente recluidos pero en viaje astral, tocándonos maravillados para saber si es cierto que estamos vivos, con los ojos llorosos por el milagro de sabernos presentes, bendiciendo el hecho de sobrevolar por todos los tejados del mundo.

De allí que un hogar sin libros y sin lectura es una casa vacía, sin sentido y sin alma. Será como un cuerpo inerte, sin corazón, mente ni espíritu; en suma yerto aunque se mueva, sin aliento aunque respire.; será un lugar hueco y precario así haya lujo y ostentación exterior en sus aposentos, porque carecerá del arrobamiento del enigma que nos brinda la lectura. Una casa donde no se lee es desolada; porque en ella no aletean las luminosidades bienhechoras de los seres alados. Porque no es matriz y en ella nada ha nacido de a verdad.

Una casa donde no se habla de libros, donde no hay varios rincones de lectura, donde no se recrean pasajes hermosos de la literatura ni se rememora y extasía con la evocación el arte de todos los tiempos, ¿de qué sirve? No tendrá esa casa presencias defensoras de la vida verdadera. Y, siendo así, no estará ungida.

En una casa hay que leer juntos, toda la familia reunida. Leer juntos es oír nuestras voces asociadas al afecto, a la confidencia y al arcano de nuestro ser, que es bueno que esté cerca para no arrepentirnos al momento del morir de no saber siquiera dónde y cómo aparecen y se posan los ángeles en los aleros, coronando nuestras sienes; porque cada evocación que surge de un libro es un ángel.

Leer es convocar a los manes, a los espíritus protectores. Leer todos juntos es una actitud que nos consagra cara a la eternidad, como si lleváramos hasta las desoladas orillas de la finitud un escudo cifrado, que es una muestra de comunión suprema, porque es acoplar las mentes en un crisol de esperanza e ilusión.

Leer juntos en casa es hacernos confidentes; lo cual es, quizá, la mejor entrega que podríamos hacer, estando en esta vida y en este mundo, porque es leer nuestra intimidad y compartir algo del misterio que nos habita.

Leer juntos ha de ser una consigna, porque se ha vinculado mucho leer a soledad, extrañamiento y misantropía. Por eso, frente a la lectura solitaria, silenciosa y apartada, reivindicar la lectura colectiva y de comunión con los demás, es decir el leer juntos los seres que nos amamos y también los que aparentemente no nos amamos para que esa luz alumbre, se avive y fulgure; porque leer es amar y para siempre.

Danilo Sánchez Lihón

01/05/2006 09:14 Autor: pro-scrito. Permalink. Tema: Artículos

Lenore

Amaneció Lenore al par del alba carmesí,
surgiendo de temibles visiones,
"¿Eres infiel, William, o estás muerto?
Hace tanto que te fuiste."
Porque él, con los guerreros de Federico,
a la lejana Praga fue a luchar;
nunca escribió, en el fragor del combate,
y triste estaba el corazón sincero que lo añoraba.

La emperatriz y el rey,
cansados de una lucha sin cuartel,
al fin terminaron con el odio pertinaz,
que inspiraba la rivalidad:
y la multitud marcial, con risas y canciones,
hablaba de su hogar mientras marchaba,
y ¡clanc, clanc, clanc! venían los rangos,
al sonido de las trompetas que crecía.

Y aquí y allá y en todas partes,
a lo largo del camino lleno de gente,
venían viejos y jóvenes, con música alegre,
a unirse a las bandas;
y los niños saltaban y gritaban para espiar a la multitud,
y temblando y estremecida la novia empujaba:
Pero ¡oh! para los labios suaves de Lenore
se habían terminado los besos y agradecimientos.

Corría rápidamente mirando hombre por hombre
con ojos anhelantes;
pero se sentía sola en la multitud poderosa,
como si la presionara y aplastara,
Mientras pasaba de la tropa -un grupo agradable-
orgullosas las plumas oleaban y caían,
Ella se arrancaba los pelos y daba vueltas,
y como loca se tiraba contra el piso.

Su madre la acariciaba con dulzura,
con suaves palabras de aliento:
"Hija mía, que Dios te contemple
y te tranquilice, niña mía".
"¡Oh, madre, madre! ¡Lo que se fue, se fue!
No comprendo cómo el mundo sigue rodando:
¿Qué piedad tiene Dios conmigo?
¡Pena, pena y aflicción, para mi pesado corazón!”

"¡Ayuda, Cielos, ayúdenla!
¡Niña, reza un Ave María!
Grandes y sabios son los actos de Dios;
Él te ama y se compadece de ti."
"¡Fuera, madre, fuera con esas mentiras!
¿Acaso Él ve mi desesperación, o escucha mi llanto?
¿Qué importa ahora esperar o rezar?
La noche ha llegado, ya acabó el día.

"¡Ayuda, Cielos, ayuda! Quien conoce al Padre
sabe por cierto que ama a su niña:
El pan y el vino de su mano divina
suavizarán su ira temperamental".
"¡Oh, madre, querida madre! el vino y el pan
no aliviarán la angustia que tortura mi mente;
porque será tarde para el pan y el vino
para este frío cadáver que aúlla desde la tumba".

"¿Qué pasaría si la falsa fe del traidor falló,
acuciada por dulces tentaciones?
¿Qué pasaría si en la lejana Hungría
el tomó otra novia?
Rechaza al frágil tonto, mujer,
que acepta piedras y rechaza las perlas:
mientras que el alma y el cuerpo estén juntos
en su corazón traicionero siempre habrá tormentas".

"¡Oh madre, oh madre! ¡Lo ido, ido está,
y perdido quedará!
La muerte, la muerte es el destino de mi alma,
aplastada, quebrada y desolada.
¡La chispa de mi vida! ¡Abajo, abajo a la tumba:
muere sola en la noche, muere lejos en la oscuridad!
¿Qué piedad tiene Dios de mí?
¡Lamentos, ay, por mi pesado corazón!"

"Ayuda, Cielos, ayuda, y no la abandonen
porque sus penas son muy agudas,
no sabe lo que dice,
¡Oh, no consideren pecado sus palabras!
Abandona, hija mía, tu desdicha,
y piensa en las felicidades prometidas,
para que tenga paz tu mente
y sé una esperanza y hogar y novia para él".

"¿Madre mía, qué es la felicidad?
¿Madre mía, qué es el infierno?
¡Mi felicidad es estar con Guillermo,
Sin él, es mi infierno!
Muero sola en la noche, lejos en la oscuridad!
Tierra y Cielo, Cielo y tierra,
nada peor que estar sin Guillermo".

Esta pena quebraba el pecho de Lenore,
y apesadumbraba su cerebro;
Así surgía su lamento al Poder en lo alto,
para cuestionar y quejarse:
Sacudiendo sus manos y golpeando su seno,
Gritando y aullando sin descanso,
hasta que su suave velo la luna desplegó,
y las estrellas brillaron en el azul oscuro.

¡Pero se escuchan unos ruidos y el trote
de un pesado caballo!
¡Cómo retumba el acero mientras surge el jinete!
¡Cómo grita el eco!
Mientras silenciosa y claramente la campana gentil
repiquetea y tintinea dulcemente;
y claro y muy bajo a través del tablón de la puerta
llega una voz a los oídos:

"¡Hola, hola! Destraben la puerta;
¿Estás despierta, novia mía, o dormida?
¿Tu corazón aún está libre y fiel al mío?
¿Estás riendo, novia mía, o llorando?"
"¡Oh, cansada estoy, Guillermo, he esperado por ti,
Lamentándome mientras aguardaba todo el día,
llorando con una gran pena,
por la crueldad de tu demora".

"Hasta la mortal medianoche no descansamos,
he viajado rápido desde muy lejos,
y aquí estoy de vuelta con ellos
ahora ya pasó la oscuridad".
"Ah! Descansa con ellos hasta que la noche esté tranquila,
suave debes ser, y blando, y cálido:
Escucha al viento, cómo susurra y golpea
a través de las zarzas espinosas".

"A través de las zarzas de espinos déjalos suspirar,
Déjalos suspirar, niña, déjalos.
Calma la fiereza del ojo brillante de mi cabalgadura,
y su orgulloso y salvaje penacho.
Arriba, arriba y lejos. No pararé,
Carguen rápido detrás mío, arriba, arriba y lejos!
Cientos de millas serán cabalgadas
hasta que pueda reposar en la cama nupcial".

"¡Qué! cabalgar cien millas esta noche,
llevado por esas locas fantasías!
¿No escuchas la campana con su lamento,
mientras tocan las once?"
"Mira, mira. Mira, la luna brilla:
Nosotros y los muertos cabalgamos rápido en la noche.
Es por una apuesta que te llevaré
al recinto nupcial cada vez que nazca el día".

"¡Oh! ¿Dónde está el cuarto, querido Guillermo,
y dónde la cama, Guillermo?
"Lejos, lejos de aquí: quieto, estrecho y frío:
tablón y fondo y tapa".
"¿Hay lugar para mí?" - "¡Para mí y para ti,
Sube, sube a la montura rápidamente!
Los invitados a la boda están listos,
y la puerta de la cámara está abierta".

Aquí a la derecha y allá a la izquierda,
pasaban los sembrados de maíz y tréboles,
y los puentes apenas vistos por los ojos asombrados,
mientras los sobrevolaban traqueteando.
"¿Qué pretende mi amado? La luna brilla,
Los muertos viajan rápido a través de la noche.
¿Acaso mi amado teme a los tranquilos muertos?"
"¡Oh, no, déjalos dormir en su lecho polvoriento!"

En la fresca y suave brisa que flotaba alrededor
mientras los cuervos volaban sobre sus cabezas,
¡Din don! ¡Din don! Es el sonido, es la canción,
"Lugar, hagan lugar para los muertos que pasan!"
Lentamente el tren funerario se acerca,
llevando el ataúd, llevando el féretro;
y el lamento de su canto era crudo y sibilante,
como el croar de las ranas en las marismas.

"Desenterraste tu cadáver en la medianoche oscura,
con himnos y tañidos y gemidos,
Pero yo te devuelvo al hogar, mi joven esposa,
para una fiesta nupcial más hermosa.
Ven, corista, ven con tu gentío coral,
y canten solemnemente una canción de bodas,
Ven, hermano, ven - deja escapar la bendición
que no se interrumpa el descanso del novio y la novia".

¡Pasan a la derecha, pasan a la izquierda,
los árboles y montañas en la carrera!
¡A la izquierda, y a la derecha y la izquierda,
vuelan sobre el pueblo y el mercado!
"¿Qué pretende mi amado? La luna brilla,
Los muertos viajan rápido a través de la noche.
¿Acaso mi amado teme a los tranquilos muertos?"
"¡Oh! déjalos solos en su lecho polvoriento!"

¡Mira, mira, mira! en el árbol del patíbulo, mientras bailan rodando alocadamente, arriba y abajo, al resplandor lunar, un grupo volátil, semiperdidos: "¡Jo, jo! loca multitud, vengan aquí, y únanse al comienzo de mi veloz carrera; Vengan, báilenme una danza, oh bailarines, mientras nos encerramos en los tablones del lecho nupcial".

¡Cómo corre la luna allá en lo alto,
en la salvaje carrera alocada!
¡Afuera y adentro, moviéndose como las estrellas
y giran sobre el cielo resplandeciente!
"¿Qué pretende mi amado? La luna brilla,
Rápidamente los muertos cabalgan a través de la noche.
¿Acaso mi amado teme a los tranquilos muertos?"
"¡Ay! Déjalos solos en su lecho polvoriento!"

"¡Corcel, corcel! apura la marcha,
que la arena del tiempo está bien gastada;
¡Corcel, corcel, rápido! comienza el día,
El aroma matutino se siente.
Termina nuestra cabalgata, termina:
¡Hagan lugar, espacio para el novio y la novia!
¡Finalmente, al fin hemos llegado al sitio,
porque la velocidad del muerto no ha aminorado!

Y rápidamente hacia una puerta de hierro,
llegaron con las riendas sueltas;
Al toque del jinete los cerrojos cedieron,
y las trabas se quebraron y cayeron;
las puertas se abrieron ante el toque de difuntos,
y sobre las blancas tumbas se lanzaron sin orden ni concierto:
las tumbas parecían arbustos sombríos,
mientras brillaban por la débil luz de la luna.

¡Pero mira, mira! en un parpadear,
una maravilla fantasmal,
la chaqueta del jinete, pedazo a pedazo,
se cae como ceniza brillante,
Sin sangre y sin pelo, una calavera desnuda,
la visión de esa macabra cabeza fue horrible,
ya no estaba allí la máscara de la vida,
y el esqueleto llevaba un reloj de arena y una guadaña.

Fuerte relinchó el caballo mientras se hundía,
y las chispas caían desparramadas:
¿Qué hombre podría decir si hubiera huido,
o se hubiera desmayado en terreno abierto?
¡Lamentos desde la tierra y aullidos en el aire!
¡Gritos y gemidos por todas partes!
Semimuerta, medio viva, el alma de Lenore
luchó como nunca antes había luchado.

La tropa del cementerio -un grupo fantasmagórico-
rodeó a la mujer agonizante;
Adentro y afuera en sus volteretas
a través del giro de los danzarines:
"Paciencia, paciencia, cuando el corazón se está quebrando;
A tu Dios no se le hacen preguntas:
¡Fuera de tu cuerpo y liberada:
El Cielo conservará tu alma eternamente!"

Gottfried August Bürger

01/05/2006 09:14 Autor: pro-scrito. Permalink. Tema: Versos clásicos

Diane, corazón de tuna

¿Dónde estarás, Diane? ¿Qué será de tu vida, pajarito?

Pajarito hermoso, de ojitos achinados, manecillas largas, nariz respingada, globitos en los cachetes, frente ancha, pelito suave. Sabes, anoche soñé contigo. Soñé que cumplías ocho años de nuevo, que casi llorabas apagando las velitas, que metías los dedos en la torta y se encendía tu cara con tu típica sonrisa pilla, sin temor de mostrar tus dientes cariados, las paletas que faltaban arriba, los incisos ausentes abajo. Que reventabas los globos a  propósito, que te burlabas de mi acento en inglés, de la nariz recién operada de Willy.

Pequeño tulipán, ya ves, no me es fácil olvidarte, los fantasmas nocturnos nos juegan malas pasadas; mira que acordarse de ti así no más, de sopetón, sin advertencia previa, después de tantos años.

No me acuerdo como llegaste la primera vez, como entraron las dos a nuestro  departamento, pero sí recuerdo las caras sonrientes, apenas temerosas, de tu hermana Debbie y tú, mirándolo todo con evidente curiosidad.

"¿Quieren una galleta?", pregunté.

"Eh, bueno, sí".

"¿Tal vez un pan con queso?"

"Eh, bueno, claro".

Juan las miraba con ironía. "¿Tal vez un pollo entero con papas?" Les dijo, muerto de la risa.

"Este... sí, por qué no, ¡sí sí!" Contestaron las dos a coro, saltando de alegría. Juan y yo nos miramos. "Bueno, por mí, si quieren cenar, les servimos, ¿no te parece?" Le dije, en castellano. "¿Se enojarán los padres?" "Qué sé yo; por último, que se enojen".

Las dos se miran, y a nosotros con temor.

"No se asusten, es sólo otro idioma".

"Un poco raro, ¿no?"

"Bah, eso no es nada", contesté, "también podemos hablar como los perros", y ladro; "y como las vacas", dijo Juan, dando un mugido; "y las gallinas", insistí yo, cacareando. Por fin soltaron la risa.

Willy, te acuerdas, entró cansado ese día, de regreso del trabajo. Se paseó del baño a su cuarto en silencio, con su introversión de siempre. Entró al comedor frunciendo el ceño.

"¿Y estos niños?" dijo, con una seriedad capaz de asustar a un adulto. Tú lo miraste con tu sonrisa ancha, mágica, esplendorosamente inocente, iluminándolo como un lucero gigante ilumina una noche oscura, ganándote para siempre su corazón.

La Nicki llegó con algunas compras, también cansada, cuando ustedes ya estaban terminando y se repetían por tercera vez el vaso de jugo de manzanas. "¡Hola!" las saludó.

Luego a nosotros, "las niñas del vecino". "¿De cuál?" "El segundo piso, aquí al lado" (apuntando a la derecha, hacia el norte). "No, no me digas.." "Sí, del mismo. Del borracho.

Y tiene más, he visto por lo menos dos niños más entrar a esa casa".

II

Pasaron unos días. Volvieron una tarde. Pasaron más días. Siguieron regresando. Primero distanciadas, uno o dos días a la semana, tímidamente. Pronto día por medio. Finalmente todos los días. Tarde tras tarde, a la salida de la escuela. Casi todos los fines de semana. De ser una curiosidad, poco a poco pasaron a ser parte de nuestra vida diaria. Una vez tú, pillaza, llegaste un lunes por la mañana.

"Diane, ¿qué haces por aquí, no tienes clases?" Silencio. "¿Dónde está Debbie?"

"En la escuela".

"No es bueno faltar a clases. Tú lo sabes".

"¿Y tú, tú estás aquí, no?"

"Mis clases comienzan más tarde los lunes. En la universidad es distinto, las clases comienzan más tarde a veces, otras veces más temprano. Algunos días hay clases en la mañana, algunos en la tarde, otros hasta en la noche".

"¿Puedo ir a la universidad contigo? "George, please".

Caminamos a tu escuela, tú feliz con tu cimarra, muerta de la risa, yo tratando de explicarte.

"Diane es muy inteligente y sabe hacer sus cosas", anotaba tu profesora en un boletín (que aún guardo), "mas suele ser muy agresiva a veces".

Agresiva, mi palomita agresiva. Palomita que abría los ojos con admiración cuando la Nicki colocaba las cortinas en la sala. Que se burlaba descaradamente de Juan cuando intentaba hablar inglés, y lo imitaba con picardía cuando hablaba castellano. Que nos dejó sin habla una tarde en el baño, chapoteando en el agua: "En mi casa no nos bañamos nunca, porque la tina está siempre llena de vómitos".

Un Sábado que no llegabas, paloma, le preguntamos a tu madre, que nos respondió brevemente, con una cerveza en la mano. "Están durmiendo", nos explicó. "Quiero dejarlas dormir hasta tarde, así no necesitan desayuno".

De cuántas cosas me acuerdo, qué atolladero de rabias, penas y alegría se apretuja en mi memoria. Si no sé ni siquiera como expresarlas, como darles un orden. De tu hermana Debbie, por ejemplo, queriendo adoptar a Juan como papá, con el cariño de una enamorada de nueve años. "Juan, quiero vivir contigo.. ¿Me dejas?" Él, con una sonrisa en la boca y un nudo en la garganta, trataba de disuadirla: "Pero yo no estoy casi nunca en la casa, porque tengo que irme a trabajar. Estarías casi siempre sola". Debbie sonreía también, encontrando la solución: "No importa, yo podría tenerte listo un emparedado para cuando volvieras del trabajo".

De todos preocupados, y Willy casi llorando de rabia, una noche como a las once en que tú no llegabas, ni a tu casa ni a la nuestra. La policía impaciente trataba de sacarle algún párrafo coherente a tu madre, que hasta hacía poco ni se había percatado de tu ausencia.

Final feliz esa noche, estabas en casa de una amiga. Los padres de tu amiga habían intentado infructuosamente de contactar a los tuyos. Sonaba y sonaba el teléfono... nadie contestaba.

De vuestra contagiosa alegría cuando las dejábamos ayudar en la cocina. "¿Te toca cocinar a ti?" ¡Qué bueno, yo pongo la mesa!" Procedían con entusiasmo y cuidado, ordenándolo todo con la meticulosidad de dos expertas.

De la noche en que el alojado en tu casa, probablemente un tío o quizás un amigo de tus padres, impartía órdenes a la esclava de la casa, tu hermana Wanda, de doce años, que diariamente del colegio pasaba a la cocina. Wanda, su paciencia de niña ya agotada, se resistía. Yo miraba por la ventana. Cuando comenzaron las bofetadas no aguanté más y llamé a la policía. Llegaron cinco patrulleros. Todos ustedes se asustaron. Qué iba a hacer yo, pajarito.

De tu hermano Eddie, de diez años, robando en la vecindad. ¡Qué feliz estaba el día que lo inscribí en la YMCA! (Con qué poco se conforman los niños a veces). De tu hermano chico, de cinco, tirando piedras en la calle. De las incontables ocasiones en que se detuvo la ambulancia frente a la puerta de tu casa, para llevarse a tu padre, cuyo hígado imploraba.

(Y aparecían Debbie y tú, como dos pajaritos temerosos, en nuestra puerta, con sus caritas de susto).

De las dos en nuestro auto, en aquellos paseos al hermoso campo canadiense, cantando a toda voz "La Gatita Carlota", en español, idioma que les era totalmente ajeno, disputándose las estrofas, arrebatándose los finales: "Dime miau, miau miaaaau, mi gatito micifuz, ¡fufú!"

Gatita Carlota, cabecita en punta, mostrando tu lengua al que osara contradecirte, ¿te acordarás (cómo puedes olvidarte) del viaje a Washington, D.C., a ver un tío de la Nicki? Tú, que no habías salido nunca de Montreal, que alguna vez excepcional habrías cruzado Park Avenue, que vaciabas tus dolores y esperanzas en dos o tres calles de tu barrio. Qué importancia podían tener los viajes de los astronautas a la luna comparado con el tuyo, viaje a los confines del mundo, en tren y todo, con parques, museos, gatitas Carlotas y pijama de pollito, de duendecito amarillo, abrazada a la Nicki. Entre mis más rabiosos tesoros guardo el pedazo de papel lleno de faltas de ortografía donde tu madre, con lápiz a mina, da la autorización correspondiente.

Palomita, corazón de tuna, ¡cómo te conquistaste a Willy! Willy el serio, el meticuloso, el que aparentemente no se inmutaba con nada. El que a menudo establecía el orden en las tareas caseras de cuatro inmigrantes adultos compartiendo techo. Tú, gorrión, le saltabas, lo besabas, le hacías cosquillas, le sacabas la lengua desafiante, le fingías profunda seriedad cuando él se enojaba. Él, claro, se moría por ti. ¿Qué impresión, verdad, cuando lo operaron de la nariz? Esas vendas horribles (¿tendrá todavía nariz detrás de esas gasas?). A los pocos días, qué alegría, "¡Willy, te quedó tan bonita!"

(Verano del setenta y ocho. Por fin graduado, por fin un buen trabajo. Verano caluroso como habrá pocos. Después de una hora en la carretera, llegar a casa. Mientras estacionaba, mi palomita me miraba del balcón, me mostraba sus dientes, se le achinaban sus ojos, se le inflaban sus globitos. Corría a buscarme los shorts, las pantuflas, un vaso de agua. Su cartón redondo, donde le enseñé a ver la hora).

Diane, ¿a qué no sabes que eres estrella de cine? Sí, sí, te juro, yo te vi, y en una linda película. Mostraba, la película, los niños de Montreal. En una escena, en la calle Jeanne Mance, tu calle, jugaban los niños afuera, alegremente. De pronto la cámara sube, lentamente, y se detiene unos segundos frente a una ventana. Allí, mirando a los otros niños con una gran sonrisa, apareces tú. Qué aparición mágica, cómo dio de saltos mi corazón al verte. No es broma, la Nicki también te vio. Te vieron miles de espectadores. Habrán pensado, "qué chica tan bonita, qué lindos los niños, qué ganas de volver a esa edad. En la niñez ha de estar la felicidad..."

III

Qué más te cuento. ¿Secretos, tal vez?

De la Nicki llamando a la Asistencia Social, y tus padres, sospechando, tratando de limitar tus visitas a nuestra casa. De Willy, averiguando trámites de adopción, y yo en la mismas, celoso. De los papeles, las exigencias, los formularios, la circunspección con que se mira a los inmigrantes, los trámites de nunca acabar.

Que una semana en que la ambulancia se había llevado a tu padre al hospital, pasaban los días y él no regresaba. Que se rumoreaba en el barrio que tu padre había muerto.

Que cuando los repartieron, de un día para otro, a ti y a tus hermanos entre familiares ubicados probablemente en partes remotas de la ciudad, Willy y yo pasamos varios días indagando como detectives, tratando de averiguar que había pasado, donde estabas, en que barrio, con quien, algún teléfono. Manejamos toda la isla tratando de encontrarte, con la esperanza de verte otra vez, de celebrarte otro cumpleaños, de invitarte una vez más al campo. Te llevaron así no más, después de casi dos años de iluminarnos con tu sonrisa.

Diane, zapallito, ¿me perdonas por no haberte enviado un regalo de cumpleaños cuando cumpliste nueve (y diez, y once...)? ¿Podrás un día perdonarnos a todos por nuestra pasividad e indiferencia, por nuestro fracaso en resolver las situaciones que envenenan el alma infantil, por creer que nuestra responsabilidad hacia los niños se resume a aquellos que concebimos o parimos nosotros mismos?

Quiero soñar de nuevo contigo. Soñar que algún día te encuentro, que caminando doy vuelta una esquina y estás ahí. Que has estudiado en alguna universidad, que no has quedado embarazada a los quince, que no eres prostituta ni alcohólica, que tu hermano no está en la cárcel por robo o asalto. Que por arte de alguna hada bienhechora conservas la misma sonrisa, mezcla de ironía e inocencia, que inflaba tus pómulos y achinaba tus ojitos.

Que me reconoces, y a pesar de todo, me abrazas.

Jorge Braña

01/05/2006 09:15 Autor: pro-scrito. Permalink. Tema: Prosa clásicos

Cornudos

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Narciso Serra, escritor madrileño del siglo XIX, mientras paseaba con un amigo, le preguntó:

-¿Cuántos cornudos te parece que viven en esta calle sin contarte a ti?

-¿Cómo sin contarme a mí? Esto es un insulto...

-Bueno, no te enfades. Vamos, contándote a ti, ¿cuántos te parece que hay?

01/05/2006 09:04 Autor: pro-scrito. Permalink. Tema: Anecdotario

Stevenson

20060423120553-icono-8.gifEn seis días y bajo los efectos de la cocaína, Robert Louis Stevenson escribió El extraño caso del Doctor Jekyll y Mister Hyde.

 

01/05/2006 09:05 Autor: pro-scrito. Permalink. Tema: Anecdotario

Poe en West Point

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Se dice que en 1831, cuando Edgar Allan Poe estaba en West Point, las instrucciones de vestimenta para el desfile pedían "cintos blancos y guantes, con armas." Apareció en el desfile desnudo, vistiendo nada más que cinto blanco y guantes. Fue expulsado.

 

01/05/2006 09:06 Autor: pro-scrito. Permalink. Tema: Anecdotario

Origen de algunas palabras

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La palabra “cementerio” proviene del término griego koimetirion que significa dormitorio.

El nombre “chocolate” es una derivación fonética por parte de los españoles de la lengua azteca y maya, en la cual ’xoco’ significaba caliente y ’attl’ o ’atte’ significaba agua. Este concepto de agua caliente que conlleva la palabra ’xocoattl’, estaba ligado necesariamente a la preparación de la bebida.

La palabra árabe que se usaba para representar una cantidad desconocida era ’shei’. Se transcribió al griego como ’xei’. Se fue acortando y quedó como ’x’. Por eso representamos con X un número cualquiera.

La palabra “turismo”, en inglés ’tourist’, proviene de las primeras personas que viajaron en grupo por placer; ciudadanos británicos que visitaron el Chateaux de la Loire en Francia, de donde es capital Tours.

La palabra “testificar” procede de una costumbre romana en la que a falta de Biblia, los romanos juraban decir la verdad apretándose los testículos con la mano derecha.

01/05/2006 09:06 Autor: pro-scrito. Permalink. Tema: Anecdotario

Mark Twain

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Mark Twain fue el primer autor que usó la máquina de escribir para una de sus obras: Life on the Mississippi. Aunque se dice que no la escribió directamente sino que otra persona fue la que la pasó a máquina.

 

01/05/2006 09:07 Autor: pro-scrito. Permalink. Tema: Anecdotario

Hogar, dulce hogar

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Hogar, dulce hogar (home, sweet home). La famosa frase traducida del inglés, fue tomada del estribillo de la canción compuesta por el dramaturgo neoyorquino Howard Payne, incluida en el musical La doncella de Milán. John Howard Payne, nunca tuvo una residencia permanente.

 

01/05/2006 09:07 Autor: pro-scrito. Permalink. Tema: Anecdotario

Libro marcado

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Libros como El amante de Lady Chatterley, se han visto marcados desde su concepción. David Herbert Lawrence padecía de tuberculosis cuando se le ocurrió escribir la novela en la cual una bella aristócrata traiciona a su esposo paralítico con un guardabosques. Lawrence escribía a ratos, y muchas páginas del manuscrito quedaron manchadas por la sangre que escupía. Años después, una mecanógrafa rehusó seguir copiando un manuscrito con "semejantes porquerías". A la hora de publicar la obra, ningún editor quiso hacerlo, hasta que en Italia consiguió que un impresor se atreviera.

 

01/05/2006 09:07 Autor: pro-scrito. Permalink. Tema: Anecdotario

Edgar Allan Poe

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Cuando contaba veintisiete años, el escritor Edgar Allan Poe contrajo matrimonio con su prima Virginia Clemm, de tan solo trece años. Vivieron en casa de su tía y suegra María Clemm, que fue casi como una madre para el escritor. Cuando Poe escribía, exigía que se quedase a su lado sirviéndole café hasta la madrugada. En 1847 muere Virginia de tuberculosis. Poe falleció el 7 de octubre de 1849 padeciendo delirium tremens. Sus últimas palabras fueron: "Que Dios ayude a mi pobre alma".

 

01/05/2006 09:08 Autor: pro-scrito. Permalink. Tema: Anecdotario

California

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California tiene ese nombre porque en el año 1535 a Hernán Cortés la vista de lo que hoy es Baja California en México, le trajo el recuerdo de Calafia, de una narración popular española. La reina Calafia gobernaba una isla llamada California, situada cerca del Paraíso Terrenal. Sus ejércitos eran sólo de mujeres. Sus armas eran de oro y, montadas en alimañas, capturaban a los hombres con el fin de mantener la especie.

 

01/05/2006 09:08 Autor: pro-scrito. Permalink. Tema: Anecdotario




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