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01/10/2006

Primor XII Gracia de las gentes

Poco es conquistar el entendimiento si no se gana la voluntad, y mucho rendir con la admiración la afición juntamente. Muchos, con plausibles empresas, mantienen el crédito pero no la benevolencia. 

Conseguir esta gracia universal algo tiene de estrella, lo más de diligencia propia. Discurrían otros al contrario, cuando a igualdad de méritos corresponden con desproporción los aplausos. 

Lo mismo que fue en uno imán de las voluntades es en otro conjuro. Mas yo siempre le concederé aventajado el partido al artificio. 

No basta eminencia de prendas para la gracia de las gentes, aunque se supone. Fácil es de ganar el afecto, sobornado el concepto, porque la estima muñe la afición. 

Ejecutó los medios felizmente para esta común gracia, aunque no así para la de su rey, aquel infaustamente ínclito duque de Guisa, a quien hizo grande un rey favoreciéndole y mayor otro emulándole; el tercero, digo, de los Enricos franceses. Fatal nombre para príncipes en toda monarquía, que en tan altos sujetos hasta los nombres descifran oráculos. 

Preguntó un día este rey a sus continuos: “¿Qué hace Guisa, que así hechiza las gentes?”. Respondió uno, estravagante áulico, por único en estos tiempos: “Sire, hacer bien a todas manos: al que no llegan derechamente sus benévolos influjos, alcanzan por reflexión, y cuando no obras, palabras. No hay boda que no festeje, bautismo que no apadrine, entierro que no honre; es cortés, humano, liberal, honrador de todos, murmurador de ninguno y, en suma, él es el rey en el afecto, si Vuestra Majestad en el efeto”. 

Feliz gracia si la hermanara con la de su rey, que no es de esencia el excluirse, por más que encarezca Bayaceto que la plausibilidad del ministro causa recelo al patrón. 

Y de verdad que la de Dios, del rey y de las gentes son tres gracias más bellas que las que se fingieron los antiguos. Danse la mano una a otra, enlazándose apretadamente todas tres, y si ha de faltar alguna, sea por orden. 

El más poderoso hechizo para ser amado es amar. Es arrebatado el vulgo en proseguir, si furioso en perseguir. 

El primer móvil de su séquito, después de la opinión, es la cortesía y la generosidad: con estas llegó Tito a ser llamado delicias del orbe.

Iguala la palabra favorable de un superior a la obra de un igual, y excede la cortesía de un príncipe al don de un ciudadano. 

Con solo olvidarse por breve rato de su majestad el magnánimo don Alonso, apeándose del caballo para socorrer a un villano, conquistó las guarnecidas murallas de Gaeta, que a fuerza de bombardas no mellara en muchos días. Entró primero en los corazones, y luego con triunfo en la ciudad. 

No le hallan algunos destempladamente críticos al grande de los capitanes y gigante entre héroes otros méritos para su antonomasia sino la benevolencia común. 

Diría yo que, entre la pluralidad de prendas merecedora cada una del plausible renombre, esta fue felicísima. 

Hay gracia de historiadores también, tan de codicia cuan de inmortalidad, porque son sus plumas las de la fama. Retratan, no los aciertos de la naturaleza, sino los del alma. Aquel fénix Corvino, gloria de Hungría, solía decir, y platicar mejor: que la grandeza de un héroe consistía en dos cosas; en alargar la mano a las hazañas y a las plumas, porque caracteres de oro vinculan eternidad.

Fragmento de "El héroe" de Baltasar Gracián

01/10/2006 10:30 Autor: pro-scrito. Permalink. Tema: Prosa clásicos

Ansiedad del olivo

I


Es la memoria un estallido verde
de raíces y tierra, que el agua
talló en la roca del tiempo.
Y huele a la estación reseca,
espejeada como amante en el cielo,
y los niños se enredan en el barro,
en un horizonte de trenes. Alegres
hacia abajo, siempre hacia lo hondo,
donde se filtran y decantan los huesos
del ayer, en restos arqueológicos de amor,
en la sima que es inicio,
y fin, de la cuenta.


II

Y de aquella decisión de horizontes
especulares, el brote del ansia,
no ya del agua, ni del pozo,
la altanería de la caza, la desazón
de la cetrería, queriendo tocar
el vuelo libre de la paloma torcaz,
el majestuoso aleteo de la cigüeña negra,
en los pentagramas del aire.
¡Qué sinfonía de batutas múltiples,
qué melodía redonda a la brisa,
al viento! En paz,
en equilibrio.



III


No ha sido el ábrego, ni el cierzo,
quien ha retorcido mi tronco
como si fuese la mueca de un condenado,
las patas de gallo labradas en el trabajo.
Que yo soy fuerte, y crezco lento
en los siglos de piedra. Mi cincel
no ha sido la mano externa del artista,
emotiva y fría, sino la furia del campesino
hambriento, su laboreo tenaz.
Y de mi baile contrahecho,
mi generosa contribución al viento,
agitado como apenado viudo,
desnudo para dar al necesitado.




IV


Soy la suma perfecta de las cuatro cifras,
el mundo contenido en un círculo de fuego
y agua, perfecta simetría en el espacio,
el fruto de la esperanza más reseca
y del deseo más acuoso. Una semilla
poderosa, un manantial de sueños
en una goleta verde y de perfil risueño,
la convulsa necesidad de ser,
la plenitud sin miedo en el presente.
Una humilde carga de aceite,
un espejismo de savia trepando
por el aire.



V


De la tierra y el agua,
a través de los secos manantíos,
fuego en verano y viento en el otoño,
a la frontera del oro y de la arena.
Transmutación. Una última cena,
la piel del deseo, los cuadros del genio
y sus acólitos, marea verde
para vestir los sueños del arte,
sus anhelos. El oro de los dioses.
Jesús Jiménez Reinaldo
01/10/2006 10:35 Autor: pro-scrito. Permalink. Tema: Versos actuales

Mujer y literatura

La mujer... La mujer... Siempre la mujer. Desde la prehistoria, hemos venido siendo sometidas a desempeñarnos como dueñas de casa. Pero a través del tiempo, nos hemos abierto paso en el sendero universal, caminado tan sólo por hombres, ocupando diversas labores que éste mismo suele cumplir en la sociedad. Otra bandera de antaño, que nos identifica, es el oficio de ser escritora, es aquí donde se descubre que también el sexo denominado "débil" cuenta con poder de imaginación y creación. Oficio que en muchas ocasiones se ve desplazado para continuar las labores de casa. Si al menos las mujeres contáramos con más tiempo, serían muchas más las que escribirían. Escribiríamos más novelas y/o poesía.

 

En cuanto al esfuerzo y lucha en honor a este oficio, tenemos a Sor Juana Inés de la Cruz, quien como escritora llenó un siglo, siendo toda una revolucionaria y feminista. La Iglesia la, rechazó, tratándola de hereje, censurado además sus escritos de todo orden. Muere después de esta dictaminación, cuatro años más tarde, víctima de una epidemia en el Convento de San Jerónimo, lugar donde se refugió al verse desposeída de sus libros e imposibilita de escribir.

 

Pero las escritoras de hoy en día, no tenemos tan trágico destino, podemos escribir todo cuanto a nuestra mente se asome y publicar todo lo que el presupuesto alcance.

 

Continuando por la vereda femenina, tenemos a Teresa Calderón, ganadora del "Premio Pablo Neruda", a través de sus poemas comunica lo que a ella le inquieta: el amor, la pareja y los conflictos de la sociedad.

 

En otros aspectos tenemos a Rosanna Byrne, a quien la sensibilidad tocó hondo, ya que al ver tanto desamparo en el psiquiátrico del hospital, la impulso a realizar un Taller Literario con 16 pacientes. Aquí se nutrió de diversos elementos para su creación literaria, donde existen muchos temas relacionados con la obsesión. Gracias a la poesía logró que los pacientes pudieran comunicarse, cosa que los psiquiatras no habían podido lograr. Para Rosanna la poesía es una palabra sanadora, y el ejercicio poético es un conjuro, algo así como un exorcismo, por lo que no se imagina su vida sin este arte. En su último libro "Jerónimo enloqueció otra vez", da a conocer un conjunto de microcuentos, que tienen una profunda prosa.

 

En el campo de la novela, tenemos a Ana María del Río, con su libro "Los siete días de la señora K.", la novela gira en torno a una dueña de casa sumisa, descalificada en opinión, y desmerecida en el aspecto sexual. Con una narración erótica, se va descubriendo una metamorfosis de esta mujer, que tiene a los hijos de vacaciones y al esposo en un viaje de negocios. Todos se encuentran fuera de la ciudad, pero ella, ella está dentro de su gris existencia. En esta soledad, la Sra. K. alcanza a despertar una aguda sensibilidad, sobre todo cuando esta mujer logra el clímax en la autosatisfacción sexual, aquí el relato lleva una descripción erótica. Después ocurren hechos sucesivos, que la trasladan a fronteras desconocidas, a ese relieve peligroso y lleno de misterios que es el adulterio. Lo hace con un adolescente, rompiendo los esquemas de lo permitido para realizar su culminación sexual. Todo está centrado en la liberación del feminismo, existiendo un enfrentamiento de hombre y de mujer, de lo bueno y lo malo, de lo permitido y lo prohibido.

 Así como estas mujeres tienen en su currículum existencial, el oficio de ser escritora, existen muchas más, quienes son merecedoras de una lectura y crítica sin discriminación de sexo, ya que hemos demostrado una vez más, contar con aptitudes y condiciones suficientes para desarrollar en forma paralela diversas funciones, aunque ello implique reorganizar el esquema costumbrista de ser el núcleo de la familia. Quizás sea este el gran temor, el miedo de ver y saber que la mayoría de las mujeres podemos optar por la autonomía y sean otros quienes tengan que hacerse cargo de las responsabilidades que nosotras hemos dejado de asumir.

Silvia Rodríguez

01/10/2006 10:41 Autor: pro-scrito. Permalink. Tema: Artículos

El mundo agobiante de Franz Kafka

Franz Kafka, sin duda alguna, es uno de los escritores más trascendentales de nuestro siglo. Nació en un suburbio de Praga, el 3 de julio de 1883, asediado por tres grupos humanos que eran incompatibles entre sí: los judíos y su ghetto medieval, los checos y su situación trágica, y la aristocracia austro-alemana con dominio político-cultural. De modo que Kafka, hasta los 18 años de edad, vivió -sobrevivió- con una duda de identidad. ¿Era alemán, checoslovaco o judío? ¿Escribiría sus libros en checo o en alemán, en una época en la que no era frecuente la traducción de libros en lenguas opuestas? Él mismo, refiriéndose a esta realidad caótica, escribió: "Viví entre tres imposibilidades: la imposibilidad de no escribir, la de escribir en alemán, la de escribir en otro idioma, la de escribir. Era pues una literatura imposible por todos sus costados". Sin embargo, con la mirada puesta en el cosmopolitismo berlinés y lejos del provincianismo barroco de Praga, decidió escribir en alemán y en un ámbito mayoritariamente checo.  

Kafka se valió de la literatura para liberarse del laberinto de su "ciudad maldita" y del ambiente familiar que lo asfixiaba. En el arte de la palabra escrita volcó su personalidad y talento. Por ejemplo, cuando aún era estudiante de leyes, escribió clandestinamente relatos que, a través de símbolos e imágenes, canalizaban su fuero interno; quizás por eso, "la ficción de Kafka es tan cruda que es demasiado fiel para ser real y demasiado real para ser verídica".  

El tema central de su narrativa refleja su mundo onírico y la quiebra de la figura humana, muchas veces, arrastrada al límite de las pesadillas y el fatalismo inexorable. Es decir, Kafka es el protagonista de sus novelas y relatos. Nadie como él se adelantó tanto a la filosofía existencialista de Sartre, y a descubrir la angustia del hombre moderno ante el poder omnipotente, ni siquiera George Orwell en su maravilloso libro "1984". 

En "La Metamorfosis", que marca el punto de arranque de su vocación literaria, nos relata la inquietante historia de Gregorio Samsa, quien, convertido en un monstruoso insecto, camina por las paredes y el techo, hasta que se convence que está por demás entre los suyos y decide autoeliminarse; en "América", su héroe es un adolescente pobre y raquítico, que discurre por un mundo atestado de millonarios y marineros; en "El proceso", otra obra esencial del autor, cuestiona la sociedad burguesa y la sumisión de las clases bajas a la burocracia sobornable del Estado capitalista;  y en "El castillo" erige un monumento literario a una ciudad imaginaria de mujeres, en la cual, empero, no revela sus visitas a las prostitutas de Praga y sus relaciones íntimas con una camarera, "por cuyo cuerpo cabalgaron cientos de hombres". Además, entre su vasta producción literaria, huelga mencionar su famosa "Carta al padre", redactada un lustro antes de su muerte. 

Kafka vivió desde siempre en el mundo de los adultos, acogido en el miedo, la melancolía y el silencio. Nunca hubo armonía entre él y su universo familiar, presidido por su padre jupiteriano, cuyo autoritarismo le hacía sentir ganas de diluirse o esfumarse. En la "Carta al padre" se puede leer: "... me sentía anonadado ante la simple presencia de tu cuerpo... El mío es escuálido, canijo, enclenque; el tuyo, vigoroso, corpulento, bien formado...". Su padre representaba a la ley, sentado en una suerte de trono inamovible, mientras él representaba al espíritu sensible. "...Soy persona retraída, callada, insociable y descontenta...", se puede leer en otro de sus párrafos.

Detestó la escuela con tanta fuerza como detestó la tiranía de su padre, puesto que ambos intentaron transformarlo violentamente en otro individuo diferente al que era. No obstante, Kafka se educó en los centros docentes más prestigiosos de Praga. En 1906 obtuvo el título de Doctor en Derecho y en octubre de 1907 ingresó a trabajar en la compañía de seguros Assicurazioni Generali, y, unos meses más tarde, en la Compañía de Seguros de Accidentes de Trabajo, en la que permaneció hasta su jubilación anticipada y voluntaria, ocurrida en julio de 1922, dos años antes de su muerte. De ahí que la vida de Kafka fue similar a la de cualquier otro funcionario público, sometido a la irracionalidad de los horarios y a las sofocantes sinuosidades de la burocracia austro-húngara. 

Este escritor taciturno y humano, conmovido por los desastres de la Primera Guerra Mundial, es considerado el padre de la novela moderna, no sólo porque influyó en los escritores de los últimos cincuenta años, sino también porque tuvo la capacidad de fundir lo real con lo irreal. "La imaginación adormecida de la novela del siglo XIX fue despertada súbitamente por Franz kafka -escribió Milan Kundera-, que consiguió que los superrealistas le reclamaran sin éxito. La fusión del sueño y de lo real. En efecto, ésta es una antigua ambición estética de la novela, representada ya por Novalis, pero que exige el arte de una alquimia que sólo Kafka ha descubierto". 

Kafka nunca llegó a ser sionista. Se convirtió al socialismo cuando aún era joven. Simpatizó con la revolución rusa y participó activamente en los aniversarios y mítines de los anarquistas. Conoció a varios dirigentes del entonces Partido Comunista, entre ellos a Stanislav Neumann, director de la revista "Kmen", quien publicó su primer relato traducido al checo.  

Por otro lado, la vida de este genio de Praga tenía un extraño paralelismo con la de Carlos Marx: los dos eran judíos y estudiaron Derecho, los dos se educaron en la tónica de la escuela alemana y manifestaron su intelecto a través de la literatura, los dos tuvieron conflictos con sus padres y escribieron epístolas que, con el transcurso del tiempo, se trocaron en indiscutibles documentos para la reconstrucción de sus vidas. 

Tras la Segunda Guerra Mundial y el surgimiento de "democracias populares" en Europa Central, la ex Unión Soviética introdujo en Checoslovaquia, de manera rígida y dogmática, los principios del "realismo social", que transformó la literatura en una especie de cámara fotográfica. Y, como era de suponer, el establecimiento de estas nuevas normas de creación artística, por medio de censuras y decretos, condenó al olvido a varios escritores, entre ellos a Franz Kafka, cuyas obras fueron tildadas de "pesimistas y antirrealistas", y él de escritor "decadente y burgués". Por lo tanto, su nombre se mantuvo en silencio hasta la desaparición de la Era estalinista y el posterior proceso de democratización iniciado por la "perestroika". Mas estos cambios no fueron suficientes para reivindicarlo plenamente, puesto que en Eslovaquia se lo sigue ignorando so pretexto de que escribió en alemán y que, por lo tanto, su literatura, al no ser checa ni eslovaca, no merece sino sólo unas cuantas líneas en los libros de texto. 

Kafka permaneció en Praga hasta 1917. Cuando viajó al exterior se sintió como un gorrión liberado de una jaula, porque antes no había disfrutado de otros aires y paisajes diferentes a los de su ciudad natal. Tiempo después, la tuberculosis, cuyos primeros síntomas se manifestaron en el vértice de ambos pulmones, se le apoderó de la laringe y, tras una sobresaltada agonía de la que no le salvó ni la morfina, le provocó la muerte en un sanatorio de Kierling, próximo a Viena, el 3 de junio de 1924. En síntesis, en Franz kafka se cumplió el conocido proverbio que dice: "Nadie es profeta en su propia tierra"...

Víctor Montoya

01/10/2006 10:47 Autor: pro-scrito. Permalink. Tema: Ensayos

Abismos

Dios puso en los abismos del espacio
esos vapores tenues,
que, en nube convertidos, se coloran
con tinta suave cuando el alba viene.

La nube engendra el rayo
que esparce por doquier estrago y muerte:
culpan a Dios, que derramo en la altura
del huracán el germen.

Dios puso en le cerebro esas ideas
que poderosas crecen
y, comprimidas sin piedad, estallan
soberbias, indomables y rebeldes.

La rebelión engendra
brisas de fuego y ráfagas de muerte:
culpan a Dios que puso en el cerebro
del huracán el germen.

Luis Muñoz Rivera

01/10/2006 10:54 Autor: pro-scrito. Permalink. Tema: Versos clásicos

Carlo y la muerte

A las cinco en punto de la tarde, Carlo subía al asiento de conductor de "la máquina".  Un intenso aroma a tapicería de cuero le envolvió de inmediato. 

Fue como si se sumergiera en otra dimensión. Todavía resonaban en su mente las palabras de Sara: 

-Ve con prudencia, Carlo. Esa máquina es como un cohete con ruedas... -No exageres. Lo probaré por la carretera secundaria. A estas horas no hay tráfico. 

-No dediques mucho tiempo a esto, Carlo. 

-¿Y por qué no vienes? El coche admite dos plazas... 

-No me apetece, de veras. 

-Vale. No le des más vueltas, cariño. Estaré de regreso antes de las seis. 

Él la besó en los labios, un gesto que martillearía la memoria de ella durante mucho tiempo. 

El último beso. Durante años, Sara se repetiría multitud de veces las mismas preguntas ¿Por qué no le retuvo más tiempo? Habrían podido hacer el amor durante horas, en la intimidad del dormitorio que desde ese día ya no volverían a compartir. Si ella hubiese insistido un poco más. Lo suficiente para que él abandonara la idea de subirse a esa máquina. 

-Dios, ¿por qué no le quitaste de la cabeza esa locura? -se torturaba interiormente. 

-"Ve con prudencia, cariño..."-. Las palabras se desvanecieron en sus pensamientos cuando Carlo giró la llave de contacto. 

El bólido rugió anunciando su afán de conquista del asfalto. Quinientos cincuenta caballos de potencia ofrecen bastantes posibilidades al afortunado conductor que quiera experimentar nuevas sensaciones. 

Con tacto muy suave, Carlo introdujo la primera marcha y posó el pie sobre el acelerador. El Ferrari F60 se revolucionó hasta 6500 vueltas y salió disparado hacia la Avenida de América. Al principio le costó trabajo dominar los envites de la "macchina" a cada presión sobre el pedal. Después comenzó a sacarle sustancia a la experiencia. Aprendió que debía soltar enseguida el embrague y solo dejar caer el peso del pie. Así consiguió una respuesta dócil del vehículo. 

Únicamente cada vez que había de parar ante un semáforo y aminoraba la marcha, le parecía que al accionar el freno debía apretar el pedal más de la cuenta. Le sorprendió un poco que la frenada no fuera tan precisa como el resto de los controles.  

Tomó el desvío hacia la Nacional Uno, dirección Burgos. Sensaciones nunca antes vividas pasaban por su mente. La excitación de la velocidad. La brutal aceleración al cambiar de marcha.  

Un gozo indefinible le mantenía eufórico.  

A su cabeza acudían fugaces recuerdos de su infancia, cuando se escapaba con la moto de su padre para recorrer la adoquinada Vía San Giovanni, de su querido San Gimignano. A pesar del traqueteo producido al rodar por la irregular superficie, aquel niño disfrutaba como nadie de la experiencia. El cosquilleo que le subía por los brazos a sus doce años, con la Benelli a sesenta kilómetros por hora, llegaba a erizarle el cabello. 

Una excitación similar embargaba sus sentidos al volante de la máquina. Pero esta vez se desplazaba por una autovía recién asfaltada, a ciento noventa kilómetros por hora, con visos claros de alcanzar mucho más merced a la formidable aceleración brindada por el propulsor de inyección multipunto. 

Carlo dejó pasar el desvío hacia la carretera de Colmenar, donde pensaba visitar las obras del Polideportivo que dos meses antes comenzó a construir Fakirsa.  Le pareció mejor idea continuar unos pocos kilómetros más. 

El color rojo fuego de la carrocería relucía bajo el sol de la tarde como un diamante. Carlo deseaba sacarle jugo a aquel proyectil con ruedas. En su muñeca, las manecillas del reloj Swiss Army marcaban las cinco y veinticinco. Necesitaba más tiempo para hacerse con el control de la máquina. Habituado al sencillo manejo de su viejo Alfa Romeo 95, le llevaría un buen rato domar a este pura sangre.  

Carlo no tuvo que hacer uso del freno desde que dejó atrás el casco urbano. La retención del motor al levantar el pie del acelerador resultaba más que suficiente para adaptar la velocidad al fluido ritmo con que discurría el tráfico a esas horas. 

La ruta le llevaba hacia la zona de la Sierra. Aunque sus picos más altos no se elevaban mucho más allá de los dos mil metros, los barrancos y despeñaderos que jalonaban la carretera imponían respeto a cualquier viajero. 

A la altura de la cuesta de El Molar, Carlo empezó a comprobar, maravillado, la fuerza con la que el propulsor del Ferrari F 60 era capaz de impulsar aquel ingenio mecánico, fruto de la más avanzada tecnología. 

El velocímetro marcaba doscientos diez kilómetros por hora. 

¿Qué pudo inducir a aquel hombre tranquilo, equilibrado y poco amigo de asumir riesgos inútiles, a correr disparado a los mandos de un bólido?  

Sensaciones, quizá. Sensaciones de una intensidad que nunca antes (si acaso en la niñez, conduciendo la Benelli verde y plata) había llegado a experimentar. 

-Es inevitable sucumbir, ¿eh, Carlo? -preguntaba su conciencia. -Total, por una vez que juegues a ser chico malo no has de sentirte culpable-. ¿Quien no ha sido atraído por lo prohibido, por traspasar la línea de lo correcto? ¿Incumplir una norma de tráfico? ¡Bah! Su buen amigo el concejal le resolvería la papeleta. Cuantos favores intercambiados. Una sólida amistad. Buen elemento ese Pablo. 

Las curvas iban haciéndose más cerradas a medida que Carlo avanzaba por la pista hacia la cadena montañosa. 

Pisó el freno varias veces. Al igual que cuando circulaba  por Madrid, notó que debía apretar a fondo el pedal. Pero ahora apenas podía percibirse el efecto de la frenada. Cambió a una marcha más corta. No fue suficiente. El vehículo escapaba por momentos a su control. Un sudor frío humedeció su frente y sus manos. Los nervios empezaron a dominarle y dieron paso a una rigidez que le atenazaba los brazos y las piernas. Un letrero indicaba en negro sobre blanco la leyenda " Robregordo, 10 Km". La siguiente curva hizo que el Ferrari sobregirara de la parte trasera. Casi fuera del arcén, el conductor consiguió enderezar la trayectoria. El rugido del motor fue una clara protesta ante la subida de revoluciones provocada por la reducción de marcha. Dominado por la desesperación del momento, a Carlo le importaba poco forzar el motor, pasarlo de vueltas o que saliera ardiendo. Pugnaba por salvar la vida y para ello había de frenar. Frenar como fuera. Durante un instante que le pareció una eternidad, Carlo decidió arrimarse a la pared rocosa de la montaña, cortada por la carretera en varias zonas. 

Se hallaba en las estribaciones de la sierra madrileña, hendida por la Nacional-I como si un hacha descomunal hubiera asestado un tajo formidable. 

-¡Dios, ayúdame! ¡Dios, ayúdame! -repetía para sí. 

Pretendía rozar el lateral rocoso en un loco intento de reducir la velocidad. Entró en una curva pronunciada, en forma de horquilla. Salir de ella a ciento ochenta kilómetros por hora, resultó ser una empresa imposible. La angustia de Carlo le llevó a la memoria la imagen de Sara. 

-"Cariño, estoy perdido. Recuérdame siempre".  Esas palabras cruzaron su mente tres segundos antes de romper el pretil. El coche rebotó contra la roca y salió despedido hacia el lado opuesto de la calzada, girando sobre sí mismo. Rebasó el borde del precipicio llamado Barranca del Toro, a trescientos metros sobre el suelo. Seguía girando mientras surcaba el aire en un recorrido que terminó aplastándolo contra las grandes rocas del fondo. 

Marcos Manuel Sánchez

01/10/2006 10:59 Autor: pro-scrito. Permalink. Tema: Prosa actual




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